Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

miércoles, 17 de enero de 2018

Un mes de enero, pero de 1942

La apacible vida de los habitantes del poblado de Santo Domingo, localizado en el extremo norte del Valle de Santo Domingo, se vio interrumpida por el arribo de trece camiones de redilas que transportaban 218 personas, entre hombres mujeres y niños procedentes de la ciudad de La Paz. Era el dos de enero de 1942 y el contingente era una parte de los campesinos sinarquistas llegados del interior de la república, con el fin de establecer una colonia agrícola en esa región.

Nueve días después llegó el segundo grupo —eran 400 personas en total— acompañado de su dirigente Salvador Abascal. En un principio trataron de buscar acomodo en un lugar al oeste del poblado conocido como Santo Domingo el viejo, a un kilómetro de distancia. Allí levantaron sus viviendas rústicas y una pequeña iglesias provisional. Construyeron un horno para cocer ladrillos pues tenían la intención de quedarse en ese lugar, nomás que el agua del pozo que abrieron resultó salada y no tuvieron otra opción que cambiarse de lugar.

Fue por eso que en el mes de mayo se trasladaron a un sitio conocido como Plan de Caballos, unos diez kilómetros al sur de Santo Domingo y ahí han permanecido hasta la fecha. Pero en esos primeros años, entre 1942 y 1949, muchas familias dejaron la colonia porque no soportaron las carencias en que vivían dado que no recibían suficiente ayuda para su subsistencia.

Y el recuerdo viene al caso por un libro que escribió la maestra Elizabeth Acosta Mendía titulado “Paisajes y personajes de María Auxiliadora, un proyecto colonizador en el Territorio Sur de la Baja California,(1940-1944)”. Para ella, con mi felicitación, inserto un fragmento de la reseña que escribió el licenciado Ramón Beteta, quien acompañó al presidente Miguel Alemán en su visita al Valle de Santo Domingo en el mes de abril de 1951.

EN EL VALLE DE SANTO DOMINGO.- “Aterrizamos en la pista apenas terminada en la colonia María Auxiliadora, después de volar desde La Paz una hora por regiones desérticas. Al bajar del avión contemplamos un espectáculo impresionante: ante nosotros, inmóviles, como en una vieja estampa, alineados como niños de escuela, cubiertos completamente de polvo, están hasta cuarenta hombres, mujeres y niños. En el centro ondean tres banderas nacionales desteñidas hasta el grado de que sus colores no son ya reconocibles y sus antiguas águilas ya en desuso sugieren la de las banderas veteranas de pasadas batallas. Los hombres visten en forma semejante a los de la frontera, pero con ropas mil veces remendadas. Las mujeres tienen ese aspecto gris que dan la resignación y la miseria. Los niños se cubren sus vestidos que niegan haber salido de una casa de comercio, porque carecen de toda pretensión de forma y estilo, pues más bien se asemejan a las batas desteñidas con que se visten los santos en ciertas iglesias de nuestros pueblos. Todos están en expectación. Cuando se acercan al señor presidente y su comitiva prorrumpen inesperadamente cantando el Himno Nacional. Sus voces salen rasgadas, fuertes, decididas, más de quien canta son de quien afirma o de quien reta. Su emoción es demasiada profunda para expresarse en discurso o en aplauso. Han necesitado de las palabras de nuestro himno para dar la bienvenida al Primer Magistrado de la Nación. ¡Patria. Patria, tus hijos te juran…”. El aire se ha electrizado; las voces tienen un sentido religioso. Se ha creado una comunión entre los recién llegados y los que esperaban. No podemos mirarnos los unos a los otros…”.

Y el exsecretario de Hacienda, termina así: “Yo he visto muchas recepciones: algunas fueron impresionantes por el número de personas que concurrieron; otras, por la alegrías de los manifestantes; otras, por el adorno de las calles. Las hubo bien organizadas, las he contemplado también tumultuosas, espontáneas, incontenibles, pero la de Santo Domingo es la única que no olvidaré jamás…”.

Enero 17 de 2018.

viernes, 12 de enero de 2018

Los regalos de dos amigos

Los últimos días del año pasado los pasé disfrutando de la lectura de dos interesantes libros, obsequios de la maestra Elizabeth Acosta Mendía y de mi compadre el profesor Ricardo Fiol Manríquez. El primero lleva por título “Paisajes y personajes de María Auxiliadora” de su autoría, y el segundo “México en la frontera del caos” del escritor y periodista Andrés Openheimer.

La maestra Acosta Mendía describe en su libro el proyecto colonizador en el territorio sur de la Baja California en los años de 1940 a 1944 por los sinarquistas y de la figura de Salvador Abascal, dirigente de ese grupo de campesinos que llegó al valle de Santo Domingo. Es un texto novedoso que está acompañado de numerosas fotografías de la estancia de estas familias en esa región de nuestra entidad.

A reserva de escribir un poco más sobre este tema, voy a explayarme con el contenido del libro de Openheimer, sobre todo porque hace referencia a la sublevación de los grupos indígenas en el estado de Chiapas conocido como Movimiento zapatista de liberación nacional, hecho que se inició el primero de enero de 1944, en la madrugada.

Liderados por el subcomandante Marcos, se apoderaron de San Cristóbal las Casas y otras poblaciones causando la muerte de policías y civiles que se enfrentaron a ellos. Justificaron su alzamiento debido a las condiciones de pobreza y marginación originadas por la falta de atención de las autoridades federales y estatales. Y los abusos de terratenientes y funcionarios que constantemente los despojaban de sus tierras.
El gobierno central —en esos años el presidente de la república era Carlos Salinas— enviaba recursos pero eran aprovechados por las autoridades locales bien para su beneficio o en obras de relumbrón. Se dio el caso de un Gobernador aficionado al basquetbol que mandó construir 1,700 campos de baloncesto en otras tantas comunidades indígenas. O la construcción de un hospital en la región de la selva lacandona que costó casi seis millones de dólares, institución que casi no funcionó por la falta de personal y equipo médico.

El levantamiento indígena tomó por sorpresa al presidente Salinas. Ocupado en divulgar la inmejorable situación de nuestro país, en especial por la firma del tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y Canadá, no puso atención a los graves problemas que se vivían en el sureste, a pesar de que funcionarios de alto nivel le habían advertido del peligro de una insurrección en esa región de Chiapas. Por eso, cuando sucedió, el mundo se le vino encima y no hallaba la manera de resolver ese movimiento armado que dio al traste con su afán de hacer ver a México como un país del primer mundo.

En un principio ordenó que las fuerzas federales acabaran con la rebelión, y lo hubieran logrado. Pero ello motivaría la repulsa de la mayoría de las naciones y afectaría el tratado de libre comercio. Por eso, escuchando los consejos de sus funcionarios, entre ellos Manuel Camacho Solís, secretario de Relaciones Exteriores, optó por la vía de la paz y la amnistía. Para ello nombró al mismo Camacho Solís como comisionado de la paz entre el gobierno y el EZLN.

Openheimer aprovecha el momento, para comentar la situación política del país dado que en ese año de 1994 se llevarían a cabo las elecciones para presidente de la república. Hace mención del candidato del PRI, Luis Donaldo Colosio, de su asesinato en Tijuana por Aburto y de Ernesto Zedillo que lo sustituyó y se convirtió en el primer mandatario del país.

En el último capítulo titulado Caída y Resurrección, el autor hace mención de la inestabilidad política y económica de México motivada por la devaluación de diciembre de 1994. Una crisis que obligó a la clase gobernante a abrir los caminos de una mayor intervención de los partidos  que permitieran encauzar al país en sus vías de crecimiento.

Enero 11 de 2018.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Los ruegos de fin de año

Como se ha acostumbrado desde muchos años atrás, los deseos de un fin de año se condensan en la frase “Feliz Navidad y próspero Año Nuevo”, aunque en este 2017 que termina han sido limitados por una realidad negativa que afectó a la sociedad mexicana y que, de no encontrar las soluciones adecuadas, repercutirá en el año de 2018.

En este año han sido muchos las situaciones anómalas que han impedido no solo el progreso de nuestro país sino también la tranquilidad de las familias y del pueblo en general. La violencia de los grupos ligados al narcotráfico, el robo, los secuestros, los feminicidios, los asesinatos, permean la seguridad y la paz y han creados un ambiente de miedo y zozobra que hace tiempo no se tenían.

Y lo que pasa en varios estados de nuestro país pasa también en Baja California Sur. En los últimos años por causas que todos conocemos, entre ellas el auge del turismo y el aumento de población sobre todo en la región de Los Cabos, los grupos delictivos se han aprovechado para introducir toda clase de drogas que se distribuyen en los centros de población de nuestra entidad, valiéndose de jóvenes y adultos conocidos como narcomenudistas los que, a riesgo de su vida, van tras el dinero fácil sin importarles el daño que ocasionan a la sociedad.

Paralelamente el robo a casa habitación, el robo de vehículos, el asalto y los asesinatos —van más de 400 en este año— son los distintivos de un año que está por terminar. Para una entidad que se jactaba hace dos décadas de vivir en un paraíso por la tranquilidad y la seguridad en sus formas de vida, enfrentar ahora este clima de temor y desconfianza se traduce en miedo: miedo de salir a las calles, de asistir a reuniones, de conducir sus vehículos y que los confundan y los ametrallen, de morir siendo inocentes, de ser objeto de venganzas por lo que otros hicieron. En fin…

Muchos siglos atrás —(50 DC) Epicteto, un sabio griego, sentenció: “No hay que tener miedo de la pobreza ni del destierro, ni de la cárcel ni de la muerte; de lo que hay que tener miedo es del propio miedo”. Y si, los sudcalifornianos tememos a nuestro miedo que poco a poco va penetrando en los niños, los jóvenes, en los adultos. Por eso, alguien tiene que poner remedio y si para ello es necesaria nuestra participación con gusto la daremos, todo con tal de desaparecer el miedo que lacera nuestros corazones.

Pero, primero que todo, rogar porque esta época de inseguridad termine y pedir a Dios y a las mujeres y los hombres de esta tierra que juntos elevemos un ruego para que vuelva la paz a nuestro querido país. Una petición en estos términos:

Rogamos para que las autoridades civiles y militares dupliquen sus esfuerzos para acabar con la delincuencia del narcotráfico.

Rogamos para que los funcionarios de la presente y nueva administración de gobierno apliquen políticas constructivas y luchen por desterrar de la vida pública la corrupción y la impunidad que tanto daño han hecho al país.

Rogamos porque la maledicencia, las calumnias, las intrigas y las falsas promesas no tengan cabida en los partidos políticos y mucho menos en los candidatos a puestos de elección popular.

Rogamos por los sufrimientos de las familias que han perdido a sus seres queridos por culpa de la drogadicción y el narcotráfico.

Rogamos por nuestros conciudadanos que sufren las incomprensiones de gobiernos capitalistas que con sinrazones se oponen al progreso de nuestro país.

Rogamos para que el pueblo de Sudcalifornia no pierda la esperanza de un futuro mejor y unidos todos, mujeres y hombres, luchen para hacerlo realidad.

Y rogamos para que el año de 2018 todos podamos disfrutar de la vida sin temores, en un marco de bienestar y felicidad.

23 de diciembre de 2017.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Rumor de locos

La maestra Elizabeth Acosta Mendía directora del Archivo Histórico Pablo L. Martínez, tuvo la gentileza de obsequiarme un libro que lleva un título sugerente, se llama “Rumor de locos, el Hospital de la Rumorosa, (1931-1958)”. El autor es Víctor Manuel Gruel Sández oriundo de la ciudad de Mexicali y doctor en historia por el Colegio de México.

Dice el autor en la presentación, que independientemente de la historia del hospital, hace referencia a la vida política de Baja California durante el tiempo que funcionó ese centro hospitalario. Y es por eso que habla de los gobernadores de ese período, comenzando con José María Tapia y después con Arturo Bernal, Carlos Trejo Lerdo de Tejada, Agustín Olachea Avilés y otros más hasta el año de 1958, cuando se clausuró el hospital de la Rumorosa.

Cuando se refiere a la gestión administrativa del general Olachea, quien gobernó a esa entidad del 7 de noviembre de 1931 al 6 de septiembre de 1935, afirma que fue él quien logró que la Cámara de Diputados aprobara una partida presupuestal para el hospital que atendería a  “dementes, leprosos y tuberculosos”. Pero, además, describe de manera general las acciones de gobierno de Olachea durante el tiempo que estuvo al frente de la entidad.

A Olachea le tocó atender a los miles de repatriados que llegaban de los Estados Unidos apoyándolos para que pudieran regresar a sus lugares de origen y los que decidieran quedarse a vivir en la Baja California. Para resolver el problema de estos últimos, creó “los campos agrícolas” que aunque benéficos a largo plazo fueron criticados en un principio. En esos campos, dice el autor, fueron beneficiados más de cuatro mil personas que tuvieron vivienda y trabajo.  San Quintín fue uno de los primeros campos que se creó en ese entonces.

No fueron muchos los que se interesaron en los trabajos agrícolas y por ello se tomó la determinación de llevar contra su voluntad a personas sin oficio ni beneficio, los que durante varias semanas los ponían a trabajar en esos campos. Ese procedimiento dio lugar a confusiones, como lo sucedido a un diputado de San Luis Potosí quien de regreso de la ciudad de Los Ángeles se le antojó tomarse unas cervezas en una de las cantinas de Mexicali, con tan mala suerte que fue presa de una redada y lo condujeron a uno de los llamados campos agrícolas. Allí estuvo varios días hasta que se aclaró su calidad de legislador.

La información anterior es importante porque demuestra la inclinación que tenía el general Olachea en el desarrollo de la agricultura. Años después, cuando fue por segunda ocasión gobernador de Baja California Sur, en los años de 1946 a 1956, una de sus principales acciones de gobierno fue la apertura de los valles agrícolas de Santo Domingo y Los Planes.

Gracias al libro de Gruel Sández nos enteramos de aspectos interesantes del gobierno de Olachea en Baja California norte. Como su campaña antialcohólica que tuvo muy buenos resultados en toda la entidad. Cuando se iniciaron los trabajos agrícolas en nuestro territorio en 1949, lo primero que prohibió fueron las bebidas alcohólicas y como medida de control nombró delegados y subdelegados de gobierno a militares, entre estos a Enrique Aguilar Morales, Aurelio Montufas y Pascual Villegas Ferrel.

Pero volviendo al tema del hospital de la Rumorosa, durante el paso de varios gobernadores y los problemas que se tuvieron para su atención, al último en 1958, el licenciado Braulio Maldonado Sández lo clausuró dado que en Tecate había instalado un gran centro antituberculoso y la construcción de clínicas tipo granjas donde se refugiaban los enfermos.

El general Olachea que conoció y atendió en lo posible el hospital de la Rumorosa, tomó ese antecedente para terminar de construir el hospital para tuberculosos de El Carrizalito, allá por el rumbo del pueblo de Santiago, Institución que por cierto nunca funcionó.


Diciembre 15 de 2017.

viernes, 8 de diciembre de 2017

El patrimonio cultural sudcaliforniano

Los días 4 al 6 del presente mes se llevó a cabo la 1ª Reunión de Patrimonio Cultural en Sudcalifornia, organizado por el Museo Regional de Antropología e Historia de esta ciudad. Me llamó la atención el cartel-invitación —incluyó una fotografía antigua de La Paz— porque sugería que en ese evento se intercambiarían experiencias, vivencias y prácticas en torno al patrimonio cultural regional. Y que además se contaría con especialistas del INAH quienes impartirían conferencias sobre este importante tema.
Asistí atendiendo a una amable invitación de los organizadores y aunque no tuve la oportunidad de intervenir, si escuché atinados comentarios de los asistentes, muchos de ellos jóvenes interesados en las cuestiones que se iban a tratar. Y es que las preguntas incluidas en el cartel daban margen para analizar lo referente al patrimonio cultural en nuestro estado.
Preguntas como ¿en qué consiste el patrimonio cultural de Sudcalifornia?, ¿cómo compartimos, nos apropiamos y vivimos nuestro patrimonio cultural?, ¿están vigentes los procesos de transmisión a las nuevas generaciones?, ¿ qué papel juegan actualmente las instituciones para su salvaguarda, promoción y difusión?
Por supuesto los conferencistas explicaron cuál es el significado del patrimonio cultural y sus características a nivel nacional. Y de cómo este influye en la sociedad mexicana creando valores y actitudes que tienen que ver con la identidad popular. Y es que el patrimonio cultural se define como el conjunto de bienes y prácticas tradicionales que nos identifican como nación o como pueblo. Es apreciado como un don, algo que recibimos del pasado con tal prestigio simbólico que no debe discutirse. Las únicas operaciones posibles, preservarlos, restaurarlos o difundirlos, es lo que nos mantienen unidos.
Baja California Sur tiene su patrimonio cultural en el arte, en la historia, en la industria, en la naturaleza y, de manera relevante en el patrimonio inmaterial. Respecto a este último algunos estudiosos explican que es una cuestión un tanto olvidada, a pesar de su importancia para afirmar los lazos entre el pasado y el presente.
El patrimonio inmaterial, conocido también como intangible, según la UNESCO, son los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y en algunos casos los individuos reconocen como parte integrante de su patrimonio cultural. Este patrimonio cultural inmaterial que se transmite de generación en generación, es recreado constantemente por las comunidades y grupos en función de su entorno, su interacción con la naturaleza y su historia, infundiéndoles un sentimiento de identidad.
En el caso específico de Baja California Sur la transmisión de ese patrimonio se realiza o debe realizarse a través de  las artes como la danza, la literatura, la música y, sobre todo, en la conservación y difusión de los usos y costumbres de nuestro pueblo que conforman como fin último nuestra tradición. Pero, además, dedicar especial atención al habla, los mitos, las leyendas, los valores, las manifestaciones religiosas, las técnicas artesanales y alimenticias y el vestuario, entre otras.
Poner ejemplos excedería el propósito de este artículo, aunque si podemos afirmar que las instituciones oficiales y privadas están dedicadas a la transmisión de este patrimonio a las generaciones actuales. Sin embargo, y ante la intromisión latente de otras culturas originada por la influencia del turismo extranjero —ya hemos hablado en otras ocasiones del peligro de la transculturación— se deben redoblar esfuerzos para mantener vigentes todo aquello que nos distingue como pueblo que es la base de nuestra identidad.
Por lo demás, debo felicitar al INAH en nuestro estado por su interés en el rescate, conservación y difusión de nuestro patrimonio cultural.

Diciembre 08 de 2017.

martes, 5 de diciembre de 2017

Un taller de lectura y escritura

Ayer por la tarde acudí a la escuela secundaria 17 donde se lleva a cabo la Semana del Libro, evento organizado por las maestras María Guadalupe Lázaro Martínez y Karla Liliana Castro Camacho, responsables del Taller de Lectura y Escritura de esa institución educativa.
Con la presencia de padres de familia y los escritores invitados—Francisco López Gutiérrez, Ernesto Adams Ruiz, Omar Castro Cota y el que escribe y, por supuesto, los alumnos y maestros de la escuela, se inauguró la semana del libro —se cortó el listón simbólico— y se escuchó el mensaje del profesor Francisco Romero Martínez, director del plantel, quien con palabras emotivas explicó los fines educativos de ese evento.
Una semana donde habrá diversas actividades entre ellas danza contemporánea, conciertos, círculo de lectura, cine de arte y conferencias. En este primer día escuchamos la participación de la banda del gobierno del estado con interpretaciones de música clásica y la de una alumna que con excelente maestría ejecutó una danza moderna.
Cuando recibí la invitación la acepté con gusto, pues siempre guardo un buen recuerdo de mis tiempos de maestro en la escuela técnica 1, donde era director el bien recordado maestro Evodio Balderas. Después, a invitación suya, me fui a laborar al CECYT 62, de nueva creación, en el que impartí la materia de Taller de Lectura y Redacción durante siete años.
Con esa idea me presente a la inauguración de la semana del libro. Pero jamás me imaginé que a los escritores invitados les iban a rendir un homenaje con el otorgamiento de un diploma de reconocimiento y un regalo. En efecto, cuatro alumnas leyeron breves semblanzas de los cuatro escritores presentes, quienes a su vez agradecieron esa distinción y felicitaron a los organizadores de esa actividad cultural.
No conozco el programa del Taller de Lectura y Escritura que se lleva en esa escuela, pero me imagino que contiene actividades que tienen que ver con la adquisición del hábito de la lectura y la comprensión de ellas. Parece fácil lo anterior, pero en realidad requiere mucha dedicación de los maestros responsables dada la carencia de aptitudes e indiferencia de los alumnos.
Y esto lo digo por experiencia. Cuando fui maestro de esa materia en la preparatoria fue notable la deficiencia en el hábito de la lectura de los alumnos que tenía a mi cargo en las carreras de contabilidad, turismo y ventas. Y es que por la falta de programas adecuados en la enseñanza primaria y secundaria, la atención de formar el hábito de la lectura pasaba ignorado. Así, los estudiantes llegaban al nivel superior incluso a las universidades, sin llevar en su equipaje personal el gusto por la lectura y, desde luego, la ausencia de conocimientos que esta les proporciona.
Ahora, con la reforma educativa que se lleva a cabo a nivel nacional, creemos que este aspecto de la formación académica de los niños y jóvenes se iniciará —a los mejor ya— desde los primeros años de la escuela primaria y así, cuando accedan a instituciones de más alto nivel llevarán, como herramienta indispensable el hábito de la lectura y escritura que les facilitará, ni duda cabe, el paso exitoso en su preparación profesional.
Por lo demás, debo agradecer a los organizadores del Taller el reconocimiento que me otorgaron que dice: “Al escritor sudcaliforniano Leonardo Reyes Silva, por su destacada trayectoria en el arte de las letras y valiosa aportación a la cultura de Baja California Sur”. Y firman el profesor Francisco Romero Martínez, director del plantel y las maestras María Guadalupe Lázaro Martínez y Karla Liliana Castro Camacho, del Taller de Lectura y Escritura.
Lo que han hecho en la escuela secundaria técnica 17 es un buen ejemplo que debe repetirse en todas las instituciones educativas de ese nivel.
Ojalá y pronto recibamos la invitación de otra escuela, a la que acudiremos con mucho gusto. Su esfuerzo lo merece.

Diciembre 05 de 2017

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Los viejos recuerdos

Ayer, en las afueras de un banco de nuestra ciudad, saludé al buen amigo Ramón Silva López, más conocido como el “negro Silva”, y como siempre, me obsequió unas cuartillas impresas dedicadas a La Paz de los años cincuenta del siglo pasado. Le di las gracias y me retiré pensando en lo feliz que fue en su niñez y juventud de esa época, lo suficiente para recordarla.

En una ocasión anterior, cuando se presentaron los libros de Braulio Maldonado en el Instituto Tecnológico de San José del Cabo, una estudiante refiriéndose al titulado “Qué bonito era mi pueblo” le preguntó a la presentadora: “¿Cuál es la importancia de recordar cosas del pasado, sobre todo para nosotros que estamos viviendo el presente?”

Al escuchar la pregunta de pronto recordé a otros autores que han escrito libros sobre el pasado de nuestros pueblos entre ellos Lorella Castorena Davis, Rosa María Mendoza, Amelia Wilkes, Estela Davis, Edith González Cruz, Ignacio Rivas Hernández y Francisco Altable. Algunos de ellos, los autores, como testigos de ese pasado o como admiradores de esos tiempos, han recreado las costumbres y tradiciones de esas épocas con el solo propósito de evitar el olvido y cimentar de esa manera el recuerdo de lo que antaño fue la vida de esas comunidades.

En el caso de Ramón, periodista, compositor de canciones y una actitud de rebeldía que lo ha acompañado la mayor parte de su vida, tiene el don de recordar como si fuera ayer, los acontecimientos del pasado de nuestra ciudad de La Paz y de las personas que de una u otra manera han participado en su desarrollo. Pero también ha tenido el cuidado de registrar esos recuerdos a través de artículos periodísticos, de cuartillas impresas y la grabación de casetes que amigos de él guardan como un tesoro invaluable.

Y respecto al libro “Qué bonito era mi pueblo” refiriéndose a San José del Cabo, describe una época de mediados del siglo pasado con aire de nostalgia, como deseando que el tiempo se hubiera detenido y no hubiera sufrido los cambios naturales de su progreso. Pero al recordar esa época la intención es transmitir esos conocimientos a las generaciones actuales como un antecedente de cómo se transforman los pueblos conforme a las necesidades que se van presentando. Y de una evolución constante generada por los habitantes que da por resultado mejores condiciones de vida.

Así ha sucedido con todas las comunidades sudcalifornianas y la historia regional nos habla de ello. De la fundación de misiones jesuitas se formaron pueblos como Loreto, Mulegé, San Ignacio, Comondú, La Purísima y San José del Cabo. Y poco a poco fueron transformándose por iniciativa de sus habitantes. O de otros, como Cabo San Lucas y Ciudad Constitución que gracias al turismo y a la agricultura han formado pueblos de pujante progreso. Pero todos tienen su pasado. Un pasado que como sustento de la identidad y del orgullo debe conocerse.

Es por eso de la importancia de recrear las épocas de antaño. No con el afán de envidiarlas o volverlas a vivir, sino como parte de un proceso social que conociéndolo permite seguir avanzando en el presente. Creo que esas son las intenciones de todos los que se han referido a los pueblos de Baja California Sur.

Los autores de la obra “Historia cultural e imágenes de San José del Cabo”, aparecida en el 2013, nos dan la justificación: “La historia que se avecina, en apariencia avasallada por el mega-desarrollo turístico y el tráfico inmobiliario, tiene en la memoria del horizonte josefino una nítida apelación de futuro: la elemental enseñanza de que mientras el sentido de la comunidad permanezca como cultura viva, como palabra legada y recibida, la tradición prevalecerá como el espacio tras el que se orientan las dignidades del pasado y el porvenir”.

Noviembre 01 de 2017.