Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

martes, 14 de marzo de 2017

La belleza de los murales

El día domingo por la tarde, acompañé al grupo de jóvenes artistas que llegaron a nuestra ciudad en un recorrido por las calles del centro histórico, en las que pintaron en las bardas una serie de murales relacionados con la historia, las costumbres y la vida cotidiana de los habitantes de La Paz.

Fue un recorrido que se inició en la esquina de las calles 5 de Mayo y Altamirano —ahí se encuentra un mural— hasta llegar a la pequeña calle que va a dar al muelle fiscal. Niños, jóvenes y adultos acompañaron en todo el recorrido a los pintores, escuchando las explicaciones referentes a cada mural  por los autores de los mismos.

Gracias a los murales el centro histórico presenta una mejor fisonomía. Y aunque siempre ha existido el compromiso de las autoridades y de la iniciativa privada de remodelar esa parte importante de la ciudad, lo cierto es que los años pasan y el deterioro de los edificios vacíos ofrecen un panorama desalentador para los propios y extraños que visitan esa zona.

Existe un proyecto para remodelar el malecón y parece que dentro de poco tiempo se llevará a cabo. Pero, al mismo tiempo deberá pensarse como reactivar los negocios de las partes aledañas que están cerrando por no tener clientela. Y la remodelación de calles y fachadas no bastan. Es necesario reinventar otra clase de actividades  que les permitan sobrevivir.

Cuando estaba en auge la zona libre en esta región del país, muchas personas venían de otros estados a proveerse de mercancías extranjeras, para revenderlas. Después, cuando desapareció y era más fácil adquirirla en sus propios lugares, dejaron de venir. Y por eso los comercios que se dedicaban a la venta de esos productos bajaron sus ventas o cerraron. Y solo quedaron los grandes centros comerciales, como Sears, Ley, Chedraui, Walmart, Sam y Liverpool, que acapararon el 90 % del comercio. Y si no es el comercio, ¿cuáles son las otras opciones?

En varios centros históricos de otros estados, están ocupados por oficinas de dependencias oficiales y civiles. En otros se encuentran casas particulares antiguas o instituciones culturales y educativas. En el centro del país los centros se engalanan con edificios coloniales.

En La Paz de los cincuenta del siglo pasado, las principales calles del centro histórico estaban ocupadas por casas habitación. En ellas vivían las familias más antiguas, cuyos antepasados fueron los primeros en llegar a la ciudad a mediados del siglo XIX. Algunos de ellos, convertidos en comerciantes fundaron La Perla de La Paz, La Torre Eiffel y las compañías que llevaron los nombres de Cabezud e Hidalgo. Otros como Gastón J. Vives se dedicaron al comercio de perlas.

Las calles donde vivieron estas familias fueron la calzada del malecón y las que se conocían como Comercio, Puerto, Mijares y La Central hoy conocida como 16  de Septiembre. Pero con la bonanza que originó la zona libre la mayor parte de esas casas se vendieron y las convirtieron en tiendas de ropa, perfumería extranjera y curiosidades orientales.

Así es que la disyuntiva para esos comercios actuales es cerrar o vender las propiedades para convertirlas de nuevo en casas habitación. Pero que no vaya ser como en el caso del pueblo de Todos Santos donde muchas casas del centro han sido compradas por extranjeros. Aunque ahora, con las intenciones de convertir a nuestra ciudad en un polo turístico, el capital que viene de afuera, nacional o extranjero, es capaz de ayudar a que nuestro centro histórico y los espacios que ocupa sirvan para dar seguridad a las familias que vivan en él.

Desde luego debe haber otras opciones. Pero urge encontrarlas.


Marzo 14 de 2017.

jueves, 9 de marzo de 2017

La república de California


El martes pasado, el periódico El País publicó un artículo de Porfirio Muñoz Ledo en el que anuncia el propósito del estado de California de los Estados Unidos, para convertirse en un país independiente, soberano y libre.

Después de las elecciones presidenciales, California propone la organización de un referéndum el cual tendrá que reunir 600,000 electores a fin de llevar a buen término su decisión y con ello cambiar la actual democracia representativa y volver al concepto original de soberanía.

El estado de California es la primera economía de Estados Unidos y si fuera un país sería el sexto a nivel internacional. Es la capital mundial de la innovación tecnológica; tiene el primer lugar en la generación de empleos y se enorgullece de su combate permanente contra el racismo. Además, durante muchas décadas ha sido defensora de los derechos laborales de los mexicanos que viven y trabajan en ese estado.

Los promotores de esta iniciativa dicen que no es posible de que a pesar de contribuir con el 15% al producto de los Estados Unidos, sólo tienen un 2 % del voto en las elecciones. California fue la que más votos ciudadanos le entregó a la candidata demócrata Hillary Clinton.

La noticia de la probable separación del estado de California nos hace recordar la historia de esa región cuando todavía era parte de nuestro país y fue descubierta y colonizada cuando México era una colonia de España. Es una historia que se remonta al siglo XVI, cuando después de descubierta la península de California en 1533 por Fortún Jiménez, se iniciaron una serie de expediciones marítimas por las costas del Golfo de California y el océano Pacífico.

Los que lo hicieron por el Pacífico, Juan Rodríguez Cabrillo, Bartolomé Ferrer, Juan Pérez y Juan Francisco de la Bodega y Quadra, llegaron más allá de lo que hoy es la ciudad de San Francisco, levantando planos de las bahías y de las islas, poniéndole nombres y haciendo contacto con los indios de esa región.

Pero esos descubrimientos le permitieron al visitador José de Gálvez organizar una expedición terrestre a esa región con el fin de iniciar su colonización. Fue en los años de 1769 y 1770 cuando dos barcos, el San Carlos y el San Antonio llegaron a ocupar los puertos de San Diego y Monterrey.

Y por tierra, atravesando toda la península, dos expediciones al mando del gobernador Gaspar de Portolá acompañado del fraile franciscano Junípero Serra. Con el paso de los años, las autoridades civiles y las religiosas fundaron presidios, pueblos y misiones a lo largo y ancho de esa región. Así se fundaron poblaciones como San Diego, Los Ángeles, Sacramento, Santa Clara, Monterrey y San Francisco.

En toda esa época las Californias —la alta y la baja— estuvieron bajo el control de gobernadores, pero en la alta el último que fungió como tal hasta el año de 1846 fue Pío de Jesús Pico. Después, con motivo de la intervención norteamericana a nuestro país en los años de 1846 a 1848, la Alta California quedó en poder de los Estados Unidos y ahí comienza su propia historia.

Y ahora desea convertirse en un país independiente. Al menos es una amenaza que enfrenta al nuevo gobierno, agobiado de por sí por otros problemas como son los casos de los inmigrantes y las relaciones económicas con nuestro país.

Marzo 09 de 2017.

jueves, 23 de febrero de 2017

El museo de la maestra Rosaura Zapata



Va para tres semanas que Erika Zapata, descendiente de la maestra Rosaura Zapata visitó nuestra ciudad, con el fin de reunir toda la información posible de esta insigne educadora, para estar en disponibilidad de hacer un documental sobre su vida y su obra.

Invitados por el profesor Ricardo Fiol acudimos a saludarla Francisco López Gutiérrez, Martín Avilés Ortega y yo, a fin de escuchar sus propósitos y ofrecerle nuestra ayuda. Ella es hija de Claudio Maximiliano Zapata y Buttner. Sus abuelos paternos fueron Enrique Zapata y Lily Buttner.  Sus bisabuelos fueron Claudio Zapata y Helena Cano, padres de la maestra María Rosaura Zapata Cano.

Como bisnieta tiene todo el derecho de buscar  la información posible sobre su bisabuela, desde los documentos existentes hasta el museo que se instaló en la que fuera su casa sobre las calles Madero y Morelos, de esta ciudad de La Paz. Y de cómo el Congreso del Estado decretó que sus restos mortales descansaran en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres.

Fue durante el gobierno del licenciado Ángel César Mendoza Arámburo cuando se le hizo un emotivo homenaje a su memoria y el senador Alberto Alvarado hizo entrega de un cheque por valor de 50 mil pesos a nombre del senado de la república, para la adquisición de la casa donde vivió la maestra y convertirla en un museo a su memoria.

En efecto el museo se organizó y permaneció así durante dos décadas. Después,  con la autorización de las autoridades educativas allí funcionó el Centro de Artes Populares para Niños Preescolares, institución que fue clausurada en el año 2014 y la casa cerró sus puertas al  público.

Ignoramos quien es el propietario de la que fuera el hogar de la familia Zapata Cano. Pero deberá investigarse a fin de que vuelva a su calidad de museo. Ojalá y se conserven todos los testimonios de la vida y la obra de la maestra, entre ellos el busto que adornaba una de las salas. La restauración de la casa y su costo no debe ser pretexto para mantenerla cerrada, pues siempre habrá—así lo creo—la buena disposición de los gobiernos estatal y municipal y en último caso de la sociedad civil, ya que se trata de una acción que conlleva  el recuerdo de la insigne educadora sudcaliforniana.

Una de las primeras acciones sería colocar una placa indicando que fue la casa donde nació la maestra Zapata y que por disposición del gobierno del estado se convirtió en museo. Y que retiren la placa que dice “Centro de Artes populares para preescolares” ya que dejó de funcionar hace tres años.

Por lo demás, debemos reconocer el interés de los familiares que radican en la ciudad de México, sobre todo de los hermanos Erika y Sergio Zapata Lozano, este último un alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Preocupados por la falta de interés por la Casa—Museo de su ilustre bisabuela, han iniciado gestiones y solicitado información del estado que guarda el inmueble y, en caso necesario, buscar las soluciones más adecuadas para su restauración y funcionamiento.

Desde luego, ese interés debe compartirse con las instituciones educativas y culturales de nuestra ciudad, las cuales tienen el compromiso de conservar y fomentar el recuerdo de todos aquellos sudcalifornianos que han entregado parte de su vida a la educación nacional,  como es el caso de la maestra educadora María Rosaura Zapata Cano.

23 de febrero de 2017.

domingo, 12 de febrero de 2017

Los apellidos como identidad



El diario “El País” de Madrid, España, publicó hace días un mapa de la república mexicana con los apellidos más frecuentes de cada estado. No dice de donde sacó la información, pero por lo que respecta a Baja California Sur no deja de ser interesante.

De forma estadística los apellidos que más se repiten son García, con 23,782 menciones; González, con 20,574; Martínez, con 20,158; López, con 19,448; y así en orden descendente con Hernández, Castro, Sánchez, Rodríguez, Romero y Ramírez, este último con 11,746 menciones.

La lista hace pensar que los apellidos que más se repiten corresponden a personas que han llegado a la entidad en los últimos 65 años cuando el despegue de la agricultura en los valles de Los Planes y de Santo Domingo. Y después, con motivo de la conversión de territorio a estado de la federación, sumado al desarrollo intensivo del turismo como fuente de desarrollo económico.

Y los censos de población dan razón de ello. En 1950 contábamos con 60,864 habitantes y ya en 1980 habíamos alcanzado los 215,139. Y 35 años después, en el 2010, fueron 637,026 los censados. Ahora en el 2017 de seguro la cantidad será mayor.

Es por eso la profusión de apellidos que antes de 1950 no figuraban en el registro local. Desde que se inició la colonización de nuestra península por los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos hace un poco más de trescientos años, los primeros apellidos que se conocieron correspondieron a los soldados, marinos y trabajadores que fueron llegando conforme se creaban los centros de población como Loreto, Mulegé, Comondú, La Paz, Todos Santos y San José del Cabo.

En su libro “Historia de la Baja California”, don Pablo L. Martínez anota los nombres y los apellidos de esa época. Ahí aparecen las familias de los Rodríguez, Márquez, Arce, Romero, Carrillo, Verdugo, Castro, Ceseña, Murillo, Salgado, Avilés, Meza y Angulo, entre otros. Posteriormente, debido al cruzamiento con extranjeros, perduraron los apellidos Pedrín, Gibert, Fiol, Green, Collins, Maclis, Davis, sobre todo en la parte sur de nuestra entidad.

Por supuesto, existen en la actualidad muchas familias con estos apellidos aquí y en diferentes estados de nuestro país y es notable el hecho de que, cuando uno de esos apellidos se nombra, de inmediato se relaciona con la Baja California. Así sucede en el estado de California, Estados Unidos, debido a la migración de familias bajacalifornianas al finalizar la guerra de 1846 a 1848 contra ese país vecino.

En La Paz y en Todos Santos se ha hecho costumbre la reunión de familias que llevan los apellidos de Verdugo y Salgado. De diferentes partes de la república y más del estado de Baja California asisten grupos familiares los que, además de la convivencia, buscan por medio de la identidad, que sus nombres perduren como parte de la historia de esta región del país.

Y no es poca cosa que después de más de tres siglos, todavía los Márquez, los Romero, los Murillo o los Castro mantengan su descendencia con el orgullo legítimo que les da su prosapia. Y claro, mientras existan, perdurará el recuerdo de aquellas mujeres y hombres que con la audacia y la esperanza al frente, no dudaron en venir a esta tierra en busca de mejores oportunidades de vida.

Para los que buscamos, hurgando en el pasado, las justificaciones de nuestras raíces identitarias, debemos tener presente que los antiguos apellidos bajacalifornianos son los mejores escudos contra el olvido. Y que mientras existan, serán motivo de orgullo para todos los que lleven esos distintivos, que les da derecho a ser considerados sudcalifornianos legítimos. Y es así porque la historia lo justifica.

Febrero 01 de 2107.

martes, 31 de enero de 2017

Los viejos amigos

El lunes pasado no fue un día cualquiera. No lo fue porque cinco amigos estuvimos compartiendo recuerdos de la época en que fuimos estudiantes de la Escuela Normal Urbana, y después cuando ejercimos el magisterio en diferentes lugares de nuestra entidad.

María Luisa Salcedo Morales, Estela Lizardi Agramont, Dolores Siqueiros, Ricardo Fiol Manríquez y el que escribe, nos reunimos en la casa de Ricardo y durante tres horas nos convertimos, por obra de la ilusión y el pensamiento, en aquel grupo de jóvenes que escogieron una de las carreras profesionales más nobles que existe en nuestra sociedad.

Pudiera pensarse que por nuestra edad —todos pasamos de los ochenta— la reunión resultaría sosa y aburrida. Pero no, todo lo contrario, desde los primeros minutos la alegría contagiosa de María Luisa nos trajo liviandad en el alma y olvidamos los estragos de los años, para cantar melodías del pasado y reír, con risa franca, de las anécdotas de nuestra época de estudiantes.

Ahí recordamos a nuestros maestros como Isabel Macías que nos impartía la cátedra de Técnica de la Enseñanza, de Juan Jiménez con sus lecciones de Lógica, de Manuel Torre Iglesias quien nos impartió los conocimientos literarios y de su hermano José insistiendo en la enseñanza de la Cosmografía.

Y claro, como cosa obligada, recordamos a los compañeros que terminaron con nosotros la carrera de profesor, entre ellos a las hermanas Juana y Pilar Navarro, a María Esther Sánchez, a Josefina Castillo y Viola de mismo apellido y de los hombres a Juan Francisco Angulo, Arturo Salgado y Guadalupe Aguirre Tamayo. La mayoría ya murieron y algunos, como Felipe Lucero, ignoramos su paradero.

A propósito, evitamos hablar de nuestros males, porque sería un cuento de nunca acabar. Y además, lo que se ve no se pregunta: Ricardo en silla de ruedas por un padecimiento crónico de sus rodillas; María Luisa con bastón para guardar el equilibrio; yo, con mi inseparable audífono porque padezco de sordera y las que más o menos están bien son Estela y Lolita.

Pero, en una reunión de amigos ¿quién se acuerda de sus males? Con una copa de vino en la mano y saboreando botanas diversas, además de las platicas amenas que incitaban a la risa y de vez en cuando las carcajadas bien se podía creer que no eran personas ancianas sino más bien jóvenes si no de cuerpo si de corazón.

María Luisa, que se pinta sola para eso de las anécdotas, nos platicó que cuando ella trabajaba como maestra en el pueblo de Loreto, llegó a visitarlo el presidente Miguel Alemán y uno de sus funcionarios al ver el recibimiento que le hicieron, confesó: “yo creía que en esta parte del país sus habitantes todavía usaban zapetas”. Así de desconocida era nuestra tierra.

En fin, la reunión de los viejos amigos resultó mejor de lo que se esperaba. Y más aún, porque Ricardo en su calidad de anfitrión, nos invitó a comer y saborear como postre el tradicional guayabate con queso regional. Esto y la amena conversación hicieron una  tarde inolvidable. Lástima por los demás invitados que no asistieron. De la que se perdieron.

Por cierto María Luisa y Lolita no han perdido su buen timbre de voz. Cuando cantaron la melodía “Desesperanza” revivieron amores pasados: Te llegué a querer mucho/insospechadamente/ni yo mismo me explico/ tal forma de adorar/ Y queriéndote tanto/ te me vas de repente/te me vas sin que pueda/tus besos alcanzar…

Las buenas cosas se añoran. Por eso, cuando haya otra oportunidad, los cinco amigos más otros que se sumen de nuestra generación, habremos de reunirnos y evocar el pasado el que, a juicio de muchos de nosotros, fue el mejor.


31 de enero de 2017.

lunes, 23 de enero de 2017

Los personajes de la historia

“Ningún hombre vive en vano”. Esta sentencia atribuida a Tomás Carlyle viene al caso, porque el estimado amigo Armando Trasviña Taylor me prestó un libro escrito por Enrique Krauze titulado “Caras de la Historia”, en que incluye personajes de la vida nacional, que en los diferentes momentos de su vida se distinguieron realizando acciones positivas a favor de nuestro país.

“Hermana menor de la historia y la novela —dice en el prólogo— la biografía participa de ambas: con método científico, debe apegarse a la verdad comprobable, pero puede y debe volar, con imaginación literaria, para dar vida a los hechos humanos, para recrear su sentido humano…”

Según Krauze cada individuo es un jeroglífico, pero ese jeroglífico que parece indescifrable la biografía puede iluminarlo. Y con esa consideración, recrea las figuras en los mundos de la filosofía, la historia, la educación y las letras. Desfilan por su libro Antonio Caso, Alfonso Reyes, Justo Sierra, José Vasconcelos, Carlos Monsiváis, Carlos Fuentes, Octavio Paz y una veintena más de mexicanos distinguidos.

Y me he referido a este prolífico escritor, porque justifica mi interés por dar a conocer a través de semblanzas biográficas a las mujeres y los hombres bajacalifornianos que han descollado en el desarrollo social de esta parte del país. No sé hasta dónde Krauze se aparte de la llamada historia de las mentalidades, que da más importancia a los hechos en sí que las personas que han intervenido en ellos.

Al respecto, en 1982 adquirí los dos tomos del libro “Genios y Figuras” editado por Selecciones del Readers Digest en los que se incluyen personajes de trascendencia mundial. Lo interesante de su contenido es que sus biografías están descritas al modo como lo hace Krauze, es decir, tratan de comprender el porque de la actuación de ellos en la época que les tocó vivir.

Por ejemplo, cuando hace referencia a Simón Bolívar, empieza así: “Para millones de americanos, más de un siglo y medio después de su muerte, sigue siendo casi un dios. Más que ninguna otra figura de la historia de América del Sur, el Libertador existe en la conciencia de su pueblo como un ser vivo. En los poblados remotos de los Andes, en las selvas más profundas, alrededor de hogueras en las vastas llanuras, los campesinos, las gente sencilla repite sus palabras como si hubieran sido pronunciadas ayer…”.

A semejanza así escribe Enrique Krauze de José Vasconcelos: “No la sombra sino la luz de un caudillo iluminó la primera mitad del siglo XIX y sigue inspirando, a través de mediaciones sutiles, la vida de México. —Es el mexicano mayor del siglo XX— me dijo muchas veces Octavio Paz…

En efecto, Vasconcelos es considerado como el hombre que dio un gran impulso a la educación mexicana en los años de 1920 a 1924. Un empeño y una entrega que aún hoy, después de 97 años, lo toman como un ejemplo a seguir, por los extraordinarios resultados que obtuvo al frente de la Secretaría de Educación Pública.

La semana anterior escribí un artículo en el que hacía referencia a los héroes de Baja California Sur. Y dije que hace falta conocer más su vida y su obra con el fin de afirmar nuestras raíces históricas ahora un tanto olvidadas. Y que al margen de los atractivos turísticos que ofrecemos a los visitantes, es necesario y urgente ofrecer las muestras de nuestro pasado en las figuras de las mujeres y los hombres que han enaltecido a nuestra entidad. Y para el caso, que la calzada Forjadores de Sudcalifornia se engalanara con los monumentos y placas conmemorativas de nuestros héroes.

Y claro, que historiadores y cronistas se avoquen a escribir sus biografías tomando como guía el método seguido por Enrique Krauze. De esta forma serán comprendidas por los niños y los jóvenes y aún los adultos, por la forma amena en que se narrarán los hechos de su vida.

No estaría de más, que el Instituto Sudcaliforniano de Cultura y las instituciones educativas contribuyeran para que esas biografías tuvieran la divulgación necesaria. Ojalá y pronto lo veamos.


Enero 15 de 2107.

Los héroes bajacalifornianos

Ahora que las autoridades del XV ayuntamiento de La Paz están promoviendo que los restos mortales del profesor Néstor Agúndez Martínez sean trasladados a la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, es bueno recordar a otras figuras que se han distinguido en actos heroicos en bien de nuestra tierra, como es el caso del capitán Manuel Pineda defensor de nuestra soberanía en el año de 1847.

Hace unas semanas Domingo Valentín Castro Burgoin, historiador y escritor liberal, hizo una ejemplar reseña de la batalla librada por Pineda y sus hombres defendiendo el pueblo de Mulegé de las fuerzas invasoras norteamericanas Fue el 2 de abril de 1847.

Con la certeza de que cualquier fecha es buena para recordar a nuestros héroes, Valentín reproduce la información que sobre este hecho relata don Pablo L. Martínez en su libro “Historia de Baja California” que escribió en 1956. En ese texto, aparecen los nombres de los defensores de Mulegé, entre ellos el capitán Matías Flores y los alféreces de la guardia nacional Manuel Castro, Francisco Fierro y Jesús Rodríguez.

Destacada participación tuvo también el padre Vicente Sotomayor, quien con un contingente del pueblo de Comondú defendió con valor esa población. De igual forma el ayuntamiento del municipio respaldó la lucha emprendida contra los norteamericanos. En ese año el ayuntamiento estaba conformado por Domingo Aguiar, Tomás Zúñiga, José Padilla y José María Salgado. Del primer regidor no se menciona su nombre.

Pero Castro Burgoin va más allá del hecho histórico. Aprovecha la patriótica participación del capitán Manuel Pineda para sugerir que sus restos —se encuentran en esta ciudad de La Paz— sean exhumados y llevados a la Rotonda. Pero se lamenta de que no exista una investigación completa sobre la vida y la obra de nuestro héroe.

Al respecto, y en abundancia de su propuesta, debo informarle que aunque no existe información sobre su nacimiento, familia y preparación castrense, si se puede encontrar en diversos textos su arribo a tierras bajacalifornianas y ejercer el mando de los defensores de nuestra soberanía nacional. Y no sólo en Mulegé sino en La Paz, San José del Cabo y Todos Santos.

En 1984, la Universidad Autónoma de Baja California publicó un folleto titulado “Testimonios sobre la invasión norteamericana a Baja California, 1846-1848” y en 1992, la historiadora Ángela Moyano Pahisa escribió un libro al que llamó “La resistencia de las Californias a la invasión norteamericana”. Los dos textos ofrecen una visión clara y completa de esa intervención en nuestra en nuestra entidad.

Además, en ese mismo año de 1992, el pasante en historia de la UABCS, Rubén García Arce, presentó su tesis a la que denominó “La invasión norteamericana a la Baja California”, lo que le valió el título de Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública. Desde luego, existen otros textos que se refieren a lo mismo, entre ellos la Historia General de Baja California Sur, editada por la UABCS en el año de 2002

Así es que, cuando las instituciones públicas o privadas de nuestro estado deseen promover que los restos de Manuel Pineda sean llevados a la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres, la información que se tiene será suficiente para justificar la petición al gobierno quien es el que, junto con el congreso local, el indicado para aceptar dicha solicitud.

Lo mismo se puede decir de Néstor Agúndez Martínez. La información proporcionada por el XV ayuntamiento de La Paz y de otras instituciones como la asociación civil de Escritores Sudcalifornianos. Debe ser suficiente para el Consejo de la Rotonda apruebe que los restos de este distinguido poeta y promotor cultural descansen en el lugar que merece: La Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres.

Enero 11 de 2017