Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

lunes, 25 de septiembre de 2017

De los viajes y los libros

El jueves pasado por la tarde visité el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Los Cabos. Fue con motivo de la presentación de tres libros editados por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura y en ocasión del Tercer Foro Literario llevado a cabo por esa institución educativa.

Acompañado de América Pineda, coordinadora de Fomento Editorial del ISC y dos de sus colaboradoras, Karla y Ariana, además del profesor Jesús Murillo Aguilar, llegamos como quien dice rayando el potro, pues la hora de la presentación era a las seis de la tarde y eran las cinco y media cuando descendimos del vehículo.

Fue en el auditorio de la escuela donde se presentaron los libros “Los sudcalifornianos ilustres de la Rotonda” de mi autoría, “Qué bonito era mi pueblo” y “La revolución de los Pueblos”, los dos del licenciado Braulio Maldonado Sández.

En esa ocasión hablé sobre los personajes cuyos restos descansan en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres de la ciudad de La Paz y esbocé brevemente sus méritos. Al lado de la maestra Rosaura Zapata se encuentran los generales Manuel Márquez de León y Agustín Olachea Avilés; los maestros Jesús Castro Agúndez y Domingo Carballo Félix, el revolucionario Ildefonso Green Ceseña y el historiador Pablo L. Martínez.

En su momento, Jesús Murillo Aguilar, autor de la biografía del maestro Castro Agúndez, hizo una amplia exposición de la vida y la obra de este personaje originario de San José del Cabo, resaltando sus distintos cargos que ocupó en la SEP., en la función pública como senador de la república y como escritor.

Domingo Valentín Castro Burgoin, moderador del evento y uno de los organizadores, resaltó la importancia del libro que conlleva afirmar las raíces de los sudcalifornianos en una época en que la sociedad se ve inmersa en influjos de otras culturas.

Después se presentaron los libros de Braulio Maldonado. Los que estuvieron a cargo de la exposición —Aja Carballo y Diana Osiris Mendívil— , coincidieron en avalar la calidad literaria del autor y resumieron el contenido de las dos obras, mismas que fueron reeditadas por el ISC. El primero, “Qué bonito era mi pueblo” es una reminiscencia de San José del Cabo de hace más de cincuenta años, de las costumbres y medios de vida que tenían los pobladores de esa población y de cómo, a través de los años se ha ido transformando, en olvido de lo que fue en el pasado. Por su parte, Aja Carballo hizo un resumen de los capítulos en que se divide la obra “La revolución de los pueblos” haciendo énfasis en la profundidad de conceptos sobre la vida, el alma humana, la revolución social y otros temas de por suyo interesantes.

Braulio Maldonado fue un destacado político y luchador social que ocupo los cargos de diputado federal de los territorios del sur del norte de la Baja California y posteriormente fue gobernador del naciente estado de Baja California, en 1952.

Me llamó la atención la presencia de numerosos estudiantes y maestros y autoridades de la citada institución, además de varias personas invitadas, entre ellas la maestra María Faustina Wilkes Ritchie, la que por cierto arrancó el aplauso cuando dijo que siendo alumna de la Escuela Normal Urbana hizo sus prácticas intensas en el grupo de primaria que yo tenía a mi cargo. Ha llovido desde entonces.

Al final del evento, se hizo hincapié en lo positivo que resultan los foros literarios, sobre todo porque ofrecen la oportunidad a los estudiantes de entrever lo que sucede a su alrededor, donde la cultura sudcaliforniana insiste en conservar lo nuestro y, en este caso particular, en la edición de libros dedicados a la historia de nuestra entidad.


Desde luego, nos congratulamos de haber participado en este foro organizado por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Los Cabos.                                                                         

Septiembre 25 de 2017. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Miguel Mathes, el historiador

Miguel Mathes
El día 13 de este mes de agosto se cumplen cinco años de la muerte de Michael W. Mathes, un historiador norteamericano que dedicó gran parte de sus investigaciones al conocimiento del pasado bajacaliforniano. Autor de 24 libros y más de cincuenta artículos publicados en diversas revistas, entre ellas Calafia, de la Universidad Autónoma de Baja California, fueron dedicados a la geografía, misiones y  documentos históricos de esta región de México.

Fue un enamorado de nuestra tierra y de nuestro país. Por eso, cuando el gobierno de la república lo galardonó con la Orden del Águila Azteca, en su discurso de aceptación dijo, entre otras cosas: “Mis estrechos vínculos con México se remontan a mi infancia cuando hice mis primeros viajes a este país. Fueron largas travesías desde la Alta a la Baja California, en medio de paisajes otrora transitados por los personajes que después habría de estudiar con tanto gusto y pasión… Señoras y señores: Me niego a ser cómplice de quienes no ven a los mexicanos como verdaderos amigos, aun cuando sean de mi misma nacionalidad son mercaderes de la mayor repulsa. Yo pertenezco a esa clase de estadounidenses que respetan a México y lo quieren por lo que ha sido y por lo que es, con la seguridad de que los actuales contratiempos no lograrán impedirle que alcance el destino que se merece… Hoy me siento más mexicano que nunca y asumo el compromiso de no defraudar a quienes me han considerado merecedor de esta muestra de confianza y distinción…”.

Miguel Mathes fue un investigador infatigable quien durante 40 años fue adquiriendo libros hasta tener en su biblioteca un poco más de 45 mil ejemplares, mismos que en el año de 1995 donó al Colegio de Jalisco. Ahora, la biblioteca Mathes en Zapopan, Jalisco, conserva el principal acervo documental sobre el noroeste de la república.

Aquí, en nuestra ciudad, los libros más conocidos de Mathes son “Las misiones de Baja California” una edición en español y en inglés; “Sebastián Vizcaino y la expansión española en el Océano Pacífico” y “Baja California, textos de su historia” en dos tomos en el que fue su compilador.

En sus primeros años como investigador, pasó muchos meses en el Archivo General de Indias, en Sevilla, paleografiando y microfilmando infinidad de documentos relacionados con la historia, colonización y el comercio de Baja California, información que después apareció en nueve volúmenes con el título de las Californianas. A propósito de estos libros, el historiador Gabriel Gómez Padilla dice que gracias al contenido de Californianas III, poco o nada se sabría sobre la expedición de Isidro de Atondo y Antillón y Eusebio Francisco Kino a la península.

En uno de mis últimos libros que lleva por título “Pasado y Presente de la Antigua California” (2016)  aparece una crónica dedicada a Miguel Mathes, con motivo de su desaparición física. Al final de la misma escribí: “el día 29 de este mes (agosto) la señora Carmen Boone Canovas me dio la noticia. Murió apaciblemente soñando, dice doña Carmen, en las tareas pendientes por realizar. Los bajacalifornianos y en especial los del sur, le debemos un reconocimiento a su obra”.

Lo menos que pudiera hacerse es organizar un ciclo de conferencias donde se resalte la obra de Mathes o bien editar un texto con sus artículos más interesantes que publicó la revista Calafia. Y que el Instituto Sudcaliforniano de Cultura adquiera los nueve volúmenes de las Californianas para ponerlos al servicio de los investigadores locales.


Agosto 17 de 2017.

domingo, 30 de julio de 2017

San Bartolo y las tilapias

El pasado domingo viajé con mi esposa y dos de mis hijos al cercano pueblo de San Bartolo, lugar que se encuentra a escasa una hora de la ciudad de La Paz, por la carretera de la costa del golfo de California. Fue con motivo de una invitación para saborear un delicioso menudo acompañado de tortillas de harina y café de talega.

Un buen amigo de mi hijo que vive en ese lugar —se conocieron en pesca y en la venadeada— junto con su esposa nos atendieron como saben hacerlo los buenos sudcalifornianos. Después del desayuno visitamos el “Ojo de agua”, un manantial que sale de unas rocas y después las cisternas en los que se reproducen los peces de agua dulce llamados “tilapias”.

Tenía interés en conocer esta industria acuícola y los motivos por los cuales se instaló en ese poblado, pero como era domingo no encontré a los responsables, únicamente una joven encargada de alimentar a los peces. Eso sí, recorrimos los cuatro tanques de almacenamiento de agua observando los peces pequeños hasta los adultos.

--¿Podemos comprar unas telapias?, le preguntó mi hijo. Ante la respuesta afirmativa de la encargada y utilizando una tarraya se capturaron cuatro de ellas que dieron el peso de un kilogramo. Pagamos el precio de 60 pesos y las pusimos inmediatamente en hielo. Al día siguiente, al mediodía, mediante una receta de cocina adecuada, las saboreamos. Son deliciosas.

Yo tenía la creencia de que la carne de los peces de agua dulce era desabrida y de mal sabor, pero me equivoqué, al menos en el caso de las tilapias. Por cierto, me enteré de que en San Bartolo un restaurante prepara platillos especiales de este pescado.

Pero, me quedó la duda. ¿Realmente será negocio el cultivo de tilapias en un pueblo como San Bartolo? Los viajeros que pasan por el poblado, generalmente se detienen para comprar frutas, mermeladas y ates de guayaba. Y creo que la mayoría ignoran la existencia de una industria de peces, por lo que ni siquiera visitan las instalaciones. Al menos que la producción ya tenga un mercado seguro en las ciudades como San José del Cabo, Cabo San Lucas y La Paz.

Al paso que vamos la pesca ribereña desaparecerá dado que muchos pescadores están utilizando sus embarcaciones para servicios turísticos, tal como ha sucedido en la parte sur del estado. Y ante la falta de ese producto del mar quizá la solución sea la producción artificial de peces como la tilapia, habida cuenta que puede venderse a un precio accesible para las clases populares. Con la ventaja de que esa industria puede establecerse en varias localidades, como es el caso de San Bartolo.

A propósito del nombre de esa comunidad quise saber el origen del nombre San Bartolo. Lo busqué en internet pero no aparece, no así el nombre de San Bartolomé quien fue un sacerdote que murió en la India defendiendo su religión. Dice la historia que fue uno de los doce apóstoles de Cristo y que fue martirizado por orden de un rajá que ordenó fuera desollado.

San Bartolomé es el protector de los curtidores de pieles, los que fabrican o usan el cuero, guantes, abrigos, cinturones, botas y. como no, de las famosas “cueras” del ranchero bajacaliforniano. También es el santo de las modistas y a todos los que se dedican a ese industria del vestido.

Por coincidencia, la fiesta tradicional de San Bartolo es el mes de agosto y en el calendario cristiano la celebración de San Bartolomé es el 24 del mismo mes. Así es que, agradeciéndole las atenciones de nuestros anfitriones Luis Antonio Pérez y su esposa Aurora Ruiz por ese domingo tan agradable, hemos de volver el próximo mes de agosto durante las fiestas tradicionales de ese hermoso lugar.


Julio 25 de 2017. 

domingo, 23 de julio de 2017

Dante, Salvatierra y el Purgatorio

Con motivo de los 300 años de la muerte del padre Juan María de Salvatierra, en las últimas semanas se han organizado diverso actos conmemorativos, entre ellos una seria de conferencias y la colocación de una placa alusiva en una de las esquinas de la calle que lleva su nombre. Además de las presentaciones de libros referentes al periodo misional jesuita en la Baja California, destacando el que refiere al sacrificio de dos misioneros a manos de los indígenas pericús, en el año de 1734.

Al margen de la vida y la obra de Salvatierra, la historiografía reciente revela muchas de sus inquietudes espirituales durante su estancia entre los antiguos habitantes peninsulares. En particular, su actitud mística y la defensa de Dios ante las amenazas del diablo. Y, desde luego, la salvación de las almas a través del purgatorio.

Sobre el particular, entre los años de 1304 a 1321, Dante Alighiere escribió su famoso poema “La Divina Comedia” en el que, acompañado de Beatriz y el poeta Virgilio, viajan a través del infierno, el purgatorio y el paraíso. En las diversas esferas o círculos, el paraíso representa el saber y la ciencia divina; el infierno representa al ser humano frente a sus pecados y sus funestas consecuencias; el purgatorio, la lenta purificación de sus culpas hasta la liberación.

Salvatierra en incontables ocasiones hizo mención de los pecados cometidos por el hombre y la intervención del maligno para evitar su conversión a la fe de cristo y de la virgen María, representada por los jesuitas en las figuras de las vírgenes de Loreto, del Pilar y de Los Dolores. Y en sus homilías a los indígenas insistía en la salvación de las almas las cuales, por su inclinación al demonio, permanecían en el purgatorio.

Es interesante pensar de que medios se valían los misioneros para que los neófitos comprendieran los conceptos de infierno, purgatorio y paraíso. Corre la anécdota de cuando el padre Juan de Ugarte trataba de adoctrinar a los indios sobre sus pecados que los llevarían al infierno. “En ese lugar, donde existe un fuego infernal —les decía— están todos los que no obedecen los mandatos de Dios” Y entonces uno de los oyentes —era el mes de diciembre— le replicó: “ Hu, pues entonces es mejor estar allá, porque aquí hace un frío de los demonios”.

Salvatierra, por su parte, no se olvidó de las almas de los difuntos, porque se lamentaba que éstas quedaban encerradas en las cárceles del purgatorio y se hayan quedado como a la mitad del camino, sin poder ayudarse ellos mismos. En cada oportunidad rezaba el oficio de difuntos y les cantaba la misa de réquiem.

Pero la advocación del purgatorio tenía para Salvatierra otra intención. En la religión católica todo creyente que moría quedaba en suspenso, es decir, entre el infierno y el paraíso. Y sólo mediante las oraciones dirigidas al Ser Supremo era posible que esas almas llegaran al paraíso. Por eso, cuando un benefactor de las misiones californianas moría, Juan María se apresuraba a oficiar misas a fin de que su estancia en el purgatorio fuera breve y por consecuencia bendecido por Dios para su llegada al paraíso. Con ese ejemplo, los consiguientes aportadores de dádivas no dudaban en ayudar a los jesuitas, ya que así aseguraban su paso al reino celestial.

El historiador español Salvador Bernabeu Albert refiriéndose a la evangelización de los indígenas californios y de la presencia ominosa del diablo causante de su estancia en el purgatorio, dice: “Es necesario que Dante visite California, pues, como acertadamente lo señala Bolívar Echeverría, la idea de los jesuitas es la de hacer que la gente viva todo el tiempo en el límite, en el borde entre lo terrenal y lo celestial…”.

Julio 21 de 2017.

lunes, 17 de julio de 2017

Una semana de información histórica

La semana pasada la asociación civil CAHEL (Californios Amigos de la Historia y Estudios Locales) organizó una semana de conferencias relacionadas con la vida y la obra del padre jesuita Juan María de Salvatierra, misma que se llevó a cabo en uno de los salones del Museo Regional de Antropología e Historia, de esta ciudad de La Paz.

Con numeroso público presente, los conferencistas abordaron interesantes temas, entre ellos el ideal civilizador de Juan María de Salvatierra a cargo de Alfonso René Gutiérrez y el de Gabriel Gómez Padilla que habló sobre Eusebio Francisco Kino y Salvatierra en California. Participaron también Gilberto Ibarra Rivera y Luis Bareño Domínguez, miembros de CAHEL.

La semana de información histórica forma parte de los actos conmemorativos en recuerdo del iniciador de las misiones jesuitas en nuestra península y de su muerte hace 300 años, el día 18 de julio de 1717 en la ciudad de Guadalajara.

De la vida y la obra de Salvatierra existen varias biografías, pero sobresale la que escribió el padre Miguel Venegas en el año de 1754 bajo el título de “El apóstol mariano representado en la vida de V.P. Juan María de Salvatierra, de la Compañía de Jesús, favorito misionero en la provincia de Nueva España, y conquistador apostólico de las Californias”

En 1992, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) publicó la Edición crítica de la vida del V.P. Juan María de Salvatierra, escrita por el padre César Felipe Doria. Edición que estuvo a cargo de Alfonso René Gutiérrez. En esta obra se describe en detalle los últimos días del padre y como fue atendido en el trayecto de Tepic a Guadalajara.

Otra biografía apareció hace muchos años en un libro de Adrián Valadez que se llama “Temas históricos de la Baja California” publicado por la editorial JUS en el año de 1963. Esta obra la adquirí en 1974 y desde ese año me interesó todo lo relacionado con el padre Juan María. En 44 páginas el autor describe la vida y la obra de este misionero con tintes literarios lo que la hace muy interesante. Esta biografía es ideal para fines de divulgación.

Cuando asistí a escuchar la conferencia de Gabriel Gómez Padilla creí que iba a oír una descripción amena de las relaciones de amistad y trabajo que tuvieron los padres Kino Y Salvatierra. Lo creí porque conozco de referencias la calidad de este investigador que conoce de pe a pa la vida y la obra de Eusebio Francisco Kino. Pero no me imaginé que iba a centrar su intervención en la lectura de documentos, lo que le llevó gran parte del tiempo y aunque hizo comentarios sobre ellos, de alguna manera resultó la conferencia un tanto dedicada a eruditos en la materia.

En lo personal me hubiera gustado que hiciera mención de la estancia de Kino en California cuando acompañó al almirante Isidro de Atondo y Antillón y se establecieron primero en La Paz y después en San Bruno, al norte de Loreto. Que recordara el libro “Los confines de la cristiandad” de Herbert Eugene Bolton” y de los recorridos que hicieron en la parte central de la península y las opiniones de Kino al respecto.

De cómo, providencialmente, al no poder acompañar a Salvatierra en su excursión a la península en 1697, lo apoyó durante años con provisiones y ganado que se producían en las misiones de Sonora, evitando así el fracaso de la conquista evangélica. Y que por ello, sería justo el reconocimiento de este misionero por el pueblo sudcaliforniano a la par que se hace con Juan María de Salvatierra. Guardada, claro, su relevancia.

Quise tomar la palabra al fin de la conferencia, para decirle a Gómez Padilla que aquí hace falta una biblioteca especializada en temas históricos de la Baja California para encontrar en ella libros como Los confines de la cristiandad, la Antigua California de Crosby, el de Gerardo Decorme sobre los jesuitas mexicanos y vaya, hasta los de Ignacio del Río ya que algunos se encuentran agotados. No lo hice y me arrepiento de ello.

Julio 17 de 2017

lunes, 10 de julio de 2017

Una ausencia lamentable

Mi invitaron oportunamente, pero no me fue posible asistir a la presentación del libro  “Los últimos californios” del investigador norteamericano Harry Crosby.  Fue el viernes pasado, en el Archivo Pablo L. Martínez y los presentadores fueron la doctora María de la Luz Gutiérrez, Enrique Hambleton Von Borstel y Eligio Moisés Coronado.

El libro es una reedición hecha por el AHPLM, ya que la primera se hizo en el año de 1992 por parte del gobierno del estado cuando era cronista del mismo Eligio Moisés. El libro original en inglés lo publicó Crosby en 1981 y gracias a la gentileza de este autor fue posible la traducción al español por Enrique Hambleton.

El texto, como su nombre lo indica, se refiere a los habitantes de los ranchos serranos descendientes de los antiguos pobladores de la época de las misioneros jesuitas los que, cuando éstos fueron expulsados de la península en 1768, les fue concedida en propiedad diversas extensiones de tierras en las que formaron sitios de explotación ganadera a todo lo largo y ancho de la península.
A ellos se refiere Crosby. Y aprovecha las páginas del libro para hablar de las formas de vida de los rancheros californios, de sus costumbres, vestimenta, alimentación y de cómo, con ingenio y esfuerzo, lograron aprovechar los manantiales de las sierras para el sustento familiar y de sus ganados.

El autor toma como ejemplo a una familia de un rancho de la sierra de San Francisco y describe las tareas cotidianas de don Loreto Arce, viejo poblador de esa región. Apoya sus descripciones con fotografías inéditas de las labores de mujeres y hombres y panorámicas de la cadena montañosa de  esa región central de la Baja California.

Independientemente de la importancia de esta obra—debemos agradecer a la maestra Elizabeth Acosta Mendía su publicación—debe considerársele como un parteaguas que dio pauta para que otros escritores e historiadores locales escribieran sobre el tema. Creo que los libros que se originaron al respecto complementan lo escrito por Crosby.

Pero ya en 1952, Francisco Javier Carballo Lucero había escrito un artículo sobre los rancheros diciendo, entre otros conceptos: “El símbolo verdadero, vital, de los sudcalifornianos, no es el escudo que tiene una concha perla en el centro y alrededor unos fríos pescaditos. Es la efigie bravía y serena al mismo tiempo del ranchero sin palabras. Altiva, que llega a los pueblos en un amanecer y parte cuando al frente ya se han pintado mil crepúsculos en dos minutos de atardecer…”

También, antes del libro de Crosby, Aurelio Martínez Balboa escribió en el año de 1981 “La ganadería en Baja California Sur”, en el que hace una apología de los rancheros. Es una obra interesante aunque es difícil de encontrar. Y en el 2010, la doctora en historia Martha Micheline Cariño le dedicó cuarenta páginas al origen y establecimiento de la sociedad ranchera, en su libro “Historia de las relaciones hombre naturaleza en Baja California Sur”.

En ese mismo año apareció mi libro “Un viaje por la cultura sudcaliforniana” en el que me refiero a la vida de los ranchos y sus habitantes, de sus costumbres y sus características del habla. Y no puedo dejar de mencionar el libro “El campeador de la California” de Simón Óscar Mendoza Salgado (2010) una obra excelente con ilustraciones a todo color, donde describe con detalles la vida cotidiana de los rancheros, de su vestimenta y de las faenas y labores propias del vaquero. Por su interesante contenido es un libro de cabecera.

Desde luego, existen otros libros que hablan sobre el tema, como el de  Emilio Arce y su “El corral viejo” y el de Guillermo Arrambidez Arellano titulado “Un romance”. Como se verá existe mucha información sobre los ranchos sudcalifornianos y aunque, como dice Crosby cada día son menos, no por eso debemos olvidarlos antes al contrario, magnificar su presencia en el devenir de Baja California equivale a reconocer las raíces de nuestro pueblo y con ello mantener viva e irrenunciable la identidad sudcaliforniana.

Julio 09 de 2017.

martes, 4 de julio de 2017

Un compañero de escuela

Compañeros de escuela. El primero de la izquierda es el general retirado Florentino Rodríguez Cota.
Ayer saludé al general piloto aviador Florentino Rodríguez Cota, un compañero de estudios en la escuela primaria Ignacio Allende, hoy Miguel Hidalgo, de esta ciudad de La Paz. Cursamos el sexto año junto con otros veintitantos alumnos, entre ellos Ricardo Fiol Manríquez, Norberto Flores, Isidro Jordán Carlón, Arturo Salgado, todos ellos vivitos y coleando hasta la fecha.

Después de la secundaria en la escuela Morelos, lo enviaron a la ciudad de Guadalajara donde se inscribió en la Escuela Militar de Aviación en Zapopan, Jalisco. Cuando terminó la carrera en menos tiempo de lo previsto, recibió el grado de teniente y a partir de ese año estuvo al servicio del gobierno escalando en jerarquía hasta obtener el grado de general. Cuando se jubiló siguió trabajando en la iniciativa privada en diversas compañías de aviación.

En una comida a la que nos invitó, estuvieron presentes María Luisa Salcedo, María Elena González, Ricardo y yo. Fue una reunión de los recuerdos cuando estuvimos en la secundaria. De los maestros como el de música, Luis Peláez Manríquez, quien hizo famosa la frase “Cantas o seis”. Y es que nos pasaba al frente del salón y nos pedía que entonáramos la escala musical y ya sea por lo desafinado o por temor a la burla de los demás, lo cierto es que no lo hacíamos y era por eso lo del seis.

“Yo —recordó Tino, así lo tratamos—  en todas las materias tuve diez pero en música puros seises” Para su consuelo nosotros también. Las consentidas del maestro Peláez – cantaban muy bien— eran María Luisa y María Esther Sánchez Domínguez.

En la ciudad de México Florentino se casó con la señora Delfina Gómez y procrearon cuatro hijas, María de Lourdes, Violeta, Verónica y Rocío, todas profesionistas, pero esta última es piloto y trabaja en el medio oriente. Con sus hijas, sus nietos y bisnietos transcurre la vida de este amigo de estudios, allá por la década del cuarenta del siglo pasado, cuando su padre el profesor Luis Rodríguez Chávez era el director de la escuela Allende.

En la comida recordamos cuando formados frente a la entrada de la escuela el director nos preguntaba con la voz recia que tenía: “Los que trabajan…. y esperaba que nosotros contestáramos al unísono: “¡que coman!; y finalizaba: “y el que no” y gritábamos: ¡que se muera de hambre! Con ese entusiasmo como que nos daban más ganas de estudiar.

Al papá de Tino lo volvimos a tratar cuando fue inspector de la zona escolar que abarcaba todo el Valle de Santo Domingo, cuando se abrió a la agricultura esa región en el año de 1950. A pesar de su edad —tenía 50 años— recorría todas las colonias de campesinos recién establecidas, para supervisar las escuelas que se iban fundando. Los viejos colonos aún recuerdan al maestro por sus empeños en llevar la educación a la niñez de esos grupos de mujeres y hombres que llegaron al valle buscando mejores niveles de vida.

Qué bueno que el general Rodríguez Cota se vuelva a reencontrar con sus amigos de la época de estudiantes. En los recuerdos del pasado se encuentran las raíces de un presente reflejado en los descendientes —hijos, nietos, bisnietos— y las conductas heredadas que son normas de vida y ejemplos a seguir por todo lo que tienen un compromiso familiar, como el del matrimonio que conforman Florentino y su esposa Delfina.

Por lo demás, debemos felicitarnos por tener la oportunidad de saludar a un viejo amigo —todos pasamos de los ochenta— y pasar unas amenas horas entre bromas y risas rememorando aquellos tiempos de estudiantes que, no cabe duda, renuevan con nuevos bríos la alegría de vivir.

Julio 04 de 2017.