Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

domingo, 21 de mayo de 2017

Una buena noticia

¡Vaya, hasta que alguien le puso el cascabel al gato! La noticia me la proporcionó el buen amigo Jesús Flores Romero, regidor del ayuntamiento de Los Cabos. En reunión de cabildo se tomó el acuerdo de prohibir el uso de los calificativos Cabo, San José y San Lucas en lugar de Los Cabos, San José del Cabo y Cabo San Lucas.
La iniciativa presentada en su momento por el regidor Flores Romero y aprobada por el cabildo será enviada al Congreso del Estado como proyecto de decreto a fin de que sea publicado el Boletín Oficial y darle carácter legal.

El proyecto establece que para efectos de nomenclatura no se permitirán los anteriores calificativos en calles, monumentos, nombres de colonias y fraccionamientos y tratándose de giros comerciales, industriales, turísticos, sociales, culturales y deportivos, serán acreedores a una multa de 75 mil pesos por desacato a este decreto.

La iniciativa se fundamentó en un decreto anterior del 31 de diciembre de 1982 emitido por el gobierno del estado, en el que se prohíbe el uso del término Baja o Baja Sur para referirse al nombre de nuestra entidad que es Baja California Sur. Por cierto, un decreto que no ha tenido aplicación por lo que proliferan esos términos en toda la península, pero especialmente en los polos turísticos.

Lo indignante es, aparte de la ignorancia, que esos falsos términos se difundan a nivel nacional e internacional, como si se tratara de olvidar el nombre de California. Eventos deportivos, documentales audiovisuales, revistas en español y en inglés y vaya, hasta en la publicidad inmobiliaria, los vocablos Baja y Baja Sur están a la orden del día.

A mediados del mes pasado, se dio la noticia de que en el pueblo de Loreto filmarán un largo metraje con el nombre de “Baja” que será producido por Badhouse Studies y claro, con actores norteamericanos. Lo inaudito es que ese documental contará con el visto bueno del señor Genaro Ruiz Hernández, secretario de Turismo del Gobierno del Estado.

Mal andan las cosas cuando los propios funcionarios avalan esta discriminación al nombre oficial de nuestra entidad. En lo particular he sido crítico ante este olvido, por no decir ignorancia, de lo que significa California para los que amamos esta tierra. Periodistas, escritores, historiadores de nuestra entidad han dado sus voces de alarma ante este desconocimiento y han exigido que se cumpla el decreto que prohíbe el mal uso del nombre de nuestro estado. Pero por razones que se desconocen las autoridades no se animan a aplicarlo, por lo que cada día se hace común llamar Baja Sur a nuestra entidad.

Por eso, por la importancia que reviste, debemos felicitar al regidor Jesús Flores y al H. Cabildo del Ayuntamiento de Los Cabos por esta iniciativa que convertida en decreto, servirá para acabar de una vez por todas con esa forma anómala de llamar Cabo, San José y San Lucas, al municipio y las ciudades de San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Los Cabos le han puesto el cascabel al gato. Ojalá y esto sirva de ejemplo para que los municipios de La Paz, Comondú, Loreto y Mulegé hagan lo mismo, formando un solo frente capaz que frenar lo que a todas luces se antoja como un propósito maligno de hacer olvidar nuestra historia donde refulge con luz propia (me salió lo poeta) el nombre que hace 500 años nos pertenece: CALIFORNIA.

Mayo 21 de 2017.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Un personaje con historia

La maestra Elizabeth Acosta Mendía me obsequió el libro que describe la vida y la obra del general Agustín Olachea Avilés. Ella participó en la investigación, junto con Cristina Ortiz Manzo, Marisol Ochoa García y Laura Silva Castañón. Con un texto inédito e interesante y con numerosas fotografías alusivas también inéditas, el libro es un referente obligado  cuando se trata de conocer la participación de este sudcaliforniano en la vida social, política y militar no sólo de Baja California Sur sino en el ámbito nacional.

Cuando estaba leyendo el libro vino a mi memoria el día que se trasladaron los restos del general a la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres de esta ciudad de La Paz. Fue el 13 de noviembre de 1986 ante la presencia de sus familiares, de las autoridades civiles y militares y grupos escolares que hicieron valla en el recibimiento.

En ese tiempo yo era miembro de la Comisión de la Rotonda por lo que me tocó vivir de cerca los preparativos para ese acto de gran solemnidad.

Además, tuve la oportunidad de elaborar un folleto al que puse por título “Gral. Agustín Olachea Avilés, Apuntes para una biografía”. Incluí algunas fotografías y el decreto expedido por el Congreso del Estado.
El impreso fue editado con oportunidad y por eso fue posible que se distribuyera entre los presentes al acto. Como no fue una investigación formal —faltó tiempo— decidí poner las acciones más relevantes del general, sobre todo cuando llevó a cabo la tarea más significativa de su gobierno: La apertura a la agricultura de los valles de Santo Domingo y Los Planes.

Y conté la anécdota que se hizo famosa entre los campesinos que llegaron al valle de Santo Domingo. Fue en el mes de abril de 1951, cuando el presidente Miguel Alemán, junto con el general y varios funcionarios federales visitaron esa región y, en su momento, su avión aterrizó en la pista improvisada de la colonia María Auxiliadora. Con la noticia se habían reunido campesinos de las colonias cercanas y, desde luego, la mayoría de ese lugar.

A media escalerilla del avión, el presidente Alemán se detuvo pues los campesinos, ondeando una bandera nacional, comenzaron a cantar el himno nacional. Y en el folleto que escribí, dije: “Los más haciendo el saludo y el resto en actitud marcial y descubiertos lanzaron al espacio las notas vibrantes de nuestro canto patrio, frente al hombre que gobernaba al país y quien, con la sorpresa y la admiración reflejada en su rostro, repetía también la letra del himno que allí, en la soledad del valle, representaba el más claro ejemplo del amor y la fe que sentían por México…”.

Fue un acto inusitado que yo presencié pues en ese año trabajaba como maestro en el poblado de Sebastián Allende, alejado unos tres kilómetros de la colonia sinarquista. Si el presidente tenía dudas sobre el surgimiento del valle como emporio agrícola, allí, escuchando los problemas de los campesinos, reafirmó su convicción de seguir respaldando la colonización de esa región bajacaliforniana. Pero también fue una prueba palpable de la confianza que le tenían al general Olachea el que, en las reuniones con ellos, siempre les repetía “Tengan confianza hijos, yo no los abandonaré”. Y lo cumplió con creces.

Por eso, cuando la nueva generación de profesionistas se interesan en dar a conocer las acciones de mujeres y hombres en favor de  nuestra entidad, no podemos menos que felicitarlos, sobre todo cuando se trata de sudcalifornianos como el general Olachea, un personaje distinguido de Baja California Sur.

Y a propósito, el Instituto Sudcaliforniano de Cultura acaba de editar un libro que se refiere a los sudcalifornianos ilustres de la Rotonda, entre ellos el general Agustín Olachea Avilés. Enhorabuena.


Mayo 17 de 2017.

viernes, 12 de mayo de 2017

Pasado y presente de la Antigua California

Así es el título del libro que se presentó el 11 de este mes de mayo en el edificio del Archivo Histórico Pablo L. Martínez. Es una obra que editó la propia institución cultural gracias a la buena disposición de su directora la maestra Elizabeth Acosta Mendía.

El nombre de Antigua California viene cientos de años atrás, cuando la península fue descubierta y colonizada, a partir del año de 1533 —Cortés, misioneros jesuitas—, aunque entonces solamente se le llamaba California. Lo de Antigua se debió a una separación geográfica que en mala hora determinaron las autoridades de la Nueva España.

La historia es simple. Resulta que cuando los padres jesuitas fueron expulsados de sus misiones en 1768, el gobernador Gaspar de Portolá y el visitador José de Gálvez por instrucciones del Virrey, prepararon una expedición a fin de colonizar la región más al norte de la península, apoyados por los frailes franciscanos al mando de Junípero Serra. Allí comenzaron a fundar presidios y misiones como San Diego, Santa Clara, San Juan Capistrano y San Francisco.

Fue en esa época cuando se comenzó a llamar a esa región como Alta California y a la península como Baja California. Años después, cuando se crearon las provincias internas, en 1776, se oficializaron los nombres de la Vieja California y la Nueva California. Posteriormente, días antes de que se promulgara la constitución de 1824, la división política incluía a Las Californias, la Alta y Baja o Nueva y Antigua. Y ya expedida la constitución las Californias quedaron divididas en dos territorios, el de la Alta California y el de la Baja California.

De tal modo que llamarle a nuestra península Antigua California nos parece muy adecuado más que llamarle Baja y Vieja. Pero, claro, el respeto a las determinaciones del gobierno nos hace aceptar la denominación de Baja California. Y ahora, desde que nuestra entidad se convirtió en Estado en 1974, adquirimos el patronímico de Baja California Sur. Así están las cosas.

Llegará el día, ojalá y sea pronto, en que por decisión de nuestro pueblo, la península se llame Antigua California o California a secas, habida cuenta que por razones históricas tenemos derecho a ello. Y que nuestra entidad a tono con la nueva denominación reciba el nombre de Estado de la Antigua California. ¿Cómo la ven?

Algo de eso lleva mi libro que se acaba de presentar en días pasados. Y de otro que escribí en el año de 2013 titulado Relatos de la California Mexicana, a semejanza de uno que escribió el doctor Miguel León Portilla al que llamó La California Mexicana, ensayos de su historia, editado por la Universidad Autónoma de México, en 1995.

Volviendo a la presentación, fue una sorpresa escuchar de la voz de estudiantes de la Escuela Normal Urbana la lectura de cinco crónicas que vienen en mi libro. Y debo agradecer al doctor Francisco López Gutiérrez quien comentó la obra, por haber tenido el acierto de invitar a esos alumnos, sobre todo porque siempre he insistido en que es a los niños y los jóvenes a quienes he dedicado la mayoría de mis trabajos históricos y literarios.

Por lo demás siempre he de reconocer la asistencia al evento de estimados amigos que comparten mis ideales, como Rosa María Mendoza de Uribe, Eligio Moisés Coronado, Simón Oscar Mendoza, Gilberto Piñeda y Jesús Chávez Jiménez. Y otros más a quienes agradezco me acompañaran en la presentación, como es el caso de Rubén González y Jesús Manuel Flores Díaz Bonilla, estimados amigos y exalumnos de la escuela primaria del poblado de Santo Domingo.

Mayo 12 de 2017.

viernes, 5 de mayo de 2017

Algo más sobre la fundación de La Paz

¿En qué fecha se fundó la ciudad de La Paz? La mayoría de los cronistas e historiadores afirman que fue el 3 de mayo de 1535, cuando Hernán Cortés llegó a esta tierra y tomó posesión de ella a nombre del rey de España. Para corroborarlo existe un acta levantada ese mismo día la que, por cierto, permaneció ignorada hasta que en 1835 fue descubierta en el Archivo de Indias de Madrid, por el investigador Federico Gómez de Orozco.

Sin embargo, aún en la actualidad, existen desacuerdos sobre esa fecha, argumentando que no fue una fundación sino un mero intento, dado que Cortés no pudo establecer un poblado permanente debido a lo inhóspito del lugar y la belicosidad de los indios. Nuestro ilustre historiador Pablo L. Martínez, se calzó el huarache antes de espinarse y escribió que hubo cinco intentos de fundación de La Paz, empezando por Cortés que llamó al lugar donde desembarcó Puerto y Bahía de Santa Cruz.

Por segunda ocasión correspondió a Sebastián Vizcaíno el que en 1596 llegó a este lugar, levantó un fuerte y cambió su nombre por el de La Paz debido a la actitud pacífica de los indígenas. Por cierto, el licenciado Manuel Torre Iglesias, en su libro “Sudcalifornia en la leyenda y en la historia”, afirma que fue el 28 de marzo de 1596, la verdadera fecha de la fundación de La Paz.

El tercer intento se debió al almirante Isidro de Atondo y Antillón, quien en 1683 arribó a La Paz y estableció un real al que puso por nombre Nuestra Señora de Guadalupe de California. Pero le pasó lo mismo que sus antecesores, duró poco tiempo en el lugar y navegando al norte de la península fundó el real de San Bruno, unos kilómetros arriba del pueblo de Loreto.

Correspondió a los misioneros jesuitas Juan de Ugarte, Jaime Bravo y Clemente Guillén llevar a cabo el cuarto intento al establecer la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz en el año de 1720. Se conocen los pormenores de este asentamiento gracias al doctor Miguel León Portilla quien compiló los informes de esos padres en un libro al que tituló “Testimonios Sudcalifornianos”. La misión permaneció hasta el año de 1749 en que por falta de neófitos fue abandonada.

Por último, el quinto proyecto de fundación fue en el año de 1811, cuando se le permitió al soldado Juan José Espinoza de la guarnición de San Antonio, para que se aposentara en La Paz con la obligación de proveer de víveres a los tripulantes de los barcos que arribaban a ese lugar. Sin embargo, al no cumplir con ese compromiso, el gobernador José Manuel Ruiz autorizó a familias del sur de la entidad a fin de que se establecieran en La Paz, dotándolos de terrenos que pudieran fincar. Esto sucedió en el año de 1823.

A partir de ese año ya hubo una población permanente que fue aumentado poco a poco y se consolidó en el año de 1831, cuando La Paz se convirtió en la cabecera municipal. Lo demás es la historia de una ciudad que pasó por varios intentos de fundación, pero que por la fuerza de la costumbre y también porque de alguna manera debe conservar su identidad y sus tradiciones, los habitantes de nuestra capital han aceptado que el tres de mayo sea el día en que se conmemora la fundación de La Paz.

Y que, además, el sitio adonde llegó Cortés en esa fecha es el mismo donde hoy se ubica nuestra ciudad, independiente de las controversias que existen al respecto, que da lugar a posiciones antagónicas al tratar de dilucidar después de tantos años transcurridos, el lugar exacto donde Cortés desembarcara y le pusiera el nombre de Puerto y Bahía de Santa Cruz.

Mayo 05 de 2017. 

miércoles, 3 de mayo de 2017

Cortés, el fundador de La Paz

Allá por los años setenta del siglo pasado, una estimada amiga me obsequió dos libros dado el interés que yo tenía por la historia. El primero, titulado Hernán Cortés y el segundo con el nombre de Carlos de Europa. Los autores Carlos Pereyra y D. B. Windham Lewis, quienes los publicaron en los años de 1946 y 1943, respectivamente.

Como estaban deteriorados un poco por el tiempo transcurrido los mandé empastar, aunque sus hojas están un tanto quebradizas de tal forma, que tengo cuidado al leerlos. Como se comprenderá son dos obras que aprecio mucho y que ocupan un lugar destacado en mi modesta biblioteca.

Escribo esta crónica el día 3 de mayo, fecha en que se conmemora la fundación de la ciudad de La Paz atribuida a Hernán Cortés. Fue en ese día pero de 1535 cuando un grupo de españoles llegó a la playa que limita la ciudad y con el protocolo correspondiente, bautizaron el lugar como Puerto y Bahía de Santa Cruz.

Carlos Pereyra relata brevemente en su libro esta hazaña de Cortés por lo que se tiene que buscar otras fuentes con más información. En busca de ellas me llegó, de pronto, un libro que me enviaba Carlos Lazcano desde la ciudad de Ensenada, de su autoría. Con el título de La Bahía de Santa Cruz, Cortés en California, 1535-1536, Carlos reúne, ordena y comenta las fuentes documentales que narraron la empresa histórica. Carlos “engarza la pluralidad de testimonios con una glosa equilibrada y realista…

En el prólogo, Salvador Bernabeu Albert, cuando se refiere a la estancia de Cortés en la península, no duda en afirmar que en esos momentos de su vida es derrotado económica y moralmente. La nueva Santa Cruz se convierte en una cruz para Cortés. Y es que para el conquistador el año y medio que permaneció en ese lugar fue una verdadera tragedia.

Es por eso que leer el libro de Lazcano nos lleva a conocer, con fuentes de primera mano, los problemas a que se enfrentaron esos primeros pobladores sobre todo por la falta de provisiones que originaron enfermedades y muertes, y también el permanente acoso de los indígenas y el robo de sus propiedades y ganado.

Los indios de esa región jamás toleraron ni pactaron con los españoles. Aquellos no habían olvidado los abusos de la tripulación al mando de Fortún Jiménez que trataron de mancillar a sus mujeres, a pesar de que los habían recibido sin hostilidades. Claro, pagaron con su vida esa grave ofensa y fue por eso que el nuevo arribo de españoles no fue de su agrado.

En crónicas anteriores me he referido a las dificultades que tuvieron para alimentarse. Alejados de la contracosta fue necesario que las provisiones llegaran por barco, pero éstos por diversos motivos tardaban mucho tiempo en llegar a Santa Cruz. Y entonces el hambre se apoderaba de los colonos a tal grado, que tuvieron que comerse los caballos, pues los otros animales de corral hacía tiempo que habían desaparecido en sus estómagos.

Murieron muchos en Santa Cruz. Algunos pudieron embarcarse y llegar a las costas de Sinaloa donde relataron la gran tragedia que se vivió en el lugar que fundaron. A pesar de todos los intentos de permanecer en la península, Cortés tuvo que abandonarla, pero dejó parte de la gente al mando de Francisco de Ulloa quien, después de algunos meses, tuvo también que retirarse con su contingente.

Pero algo quedó de esa aventura trágica. Como bien lo dice Carlos Lazcano “Cortés llevó a cabo el primer intento por colonizar la península, estableciendo la comunidad de Santa Cruz, la primera que hubo en las Californias y el antecedente más remoto de la actual ciudad de La Paz. Sin embargo este hecho parece no tomarse en cuenta en tal ciudad…”.

Y sigue diciendo:” En casi todas las ciudades del mundo se hace un reconocimiento a sus fundadores y pioneros, sin embargo en el caso de la ciudad de La Paz esto parece no cumplirse. Ahí no existen ni calles que lleven el nombre de Cortés, ni monumentos levantados a su memoria, ni siquiera una placa que recuerde sus afanes por establecer aquí una comunidad hispana…”.

Pero si se recuerda, al menos cada tres de mayo, cuando se escenifica en el malecón el desembarco de Hernán Cortés y su recibimiento por los indígenas con su reina Calafia. ¡Qué tal! como dice un columnista político.

Mayo 03 de 2017.

miércoles, 26 de abril de 2017

El gozo se fue al pozo

Cuando América Pineda, coordinadora de Fomento Editorial del Instituto Sudcaliforniano de Cultura, me dio la noticia de que la presentación de mi libro “ACONTECERES DE BAJA CALIFORNIA SUR” sería en el Centro de Convenciones y Expresión Cultural de Sudcalifornia, a un lado del Archivo Histórico Pablo L. Martínez, le di las gracias por la distinción.

Y es que ese centro cultural tiene el antecedente de que allí se han presentado una serie de libros de prestigiados autores, ha sido el recinto donde se han llevado a cabo los Encuentros de Escritores Sudcalifornianos y también las conferencias sobre aspectos históricos y culturales.

A mis amigos más cercanos les platiqué de la presentación de mi libro el próximo 25 de mayo en ese lugar y no tuve necesidad de indicarles su ubicación puesto que todos lo conocen. Se puede llegar pasando frente al Teatro de la Ciudad o bien por el estacionamiento del Centro de Radio y Televisión.

Pero el gozo se fue al pozo cuando América me avisó unos días después, que siempre no iba ser posible la presentación en ese lugar porque no estaba disponible. Así, sin explicaciones pero me hizo la sugerencia de que podía presentarlo en el Ágora de La Paz, el mismo día y a la misma hora. —Desde luego—le respondí— me parce un buen lugar para realizar el acto.

Y así hubieran quedado las cosas sino es que el estimado amigo Eligio Moisés Coronado publicó en su blog del cronista un artículo referente al Centro de Convenciones. Por él pude darme cuenta del porque no se puede utilizar ese lugar para presentaciones editoriales. Resulta que por disposición de una oficina del gobierno del estado ese recinto servirá de manera exclusiva para reuniones administrativas.

Pero aún hay más. Parece que el Instituto Sudcaliforniano de Cultura está preparando un comodato (préstamo) para que sea la secretaría particular del gobernador la que use a su arbitrio ese local. De ser así, será vedado para los artistas en lo que resta del sexenio.

La opinión de Moisés Coronado no tiene desperdicio: --“A todos consta que el CCECS nació con la visión de ser un importante aliado del fomento a las expresiones culturales de los sudcalifornianos, a través de la realización permanente de acciones afirmativas que contribuyan al desarrollo cultural y artístico de muestra ciudad, y con la misión de favorecer la participación activa de los grupos culturales , así como de los creadores locales, promotores y demás interesados en fomentar las expresiones artísticas y de intercambio cultural en esta media península”.

No deja lugar a dudas que tal disposición es un agravio al desarrollo cultural de nuestra ciudad y por eso, corresponde al gobernador de nuestro estado, considerar la conveniencia de que el Centro vuelva a ser parte de la infraestructura del ISC, había cuenta que su uso está destinado a las actividades artísticas y culturales.

Pensamos, por otro lado, que el actual director del Instituto Sudcaliforniano de Cultura se ha opuesto a esta a todas luces injusta determinación, pero sus limitaciones como funcionario le han impedido ejercer mayor presión a su oposición. Lo peor, pienso yo, es que la comunidad cultural permanezca insensible ante esta arbitrariedad.

Bueno, por lo pronto, la presentación de mi libro será en el Ágora de la Paz, a un lado del Museo de Antropología e Historia. Cuento con su presencia.


Abril 26 de 2017

domingo, 16 de abril de 2017

Una invitación de Semana Santa

Al inicio de la semana, mi nieta Marta y su esposo Carlos me platicaron que la familia Uribe Mendoza los habían invitado a pasar los días jueves y viernes en su finca que tienen en el cercano pueblo de San Pedro. Y que la invitación la hacían extensiva a nosotros —mi esposa y yo— para que los acompañáramos.

A Rosa María y Antonio los conozco tiempo atrás. Ella, maestra de profesión al igual que su esposo, han conformado un matrimonio feliz al lado de sus tres hijos, uno de ellos, Antonio, quien estuvo con sus padres esos días. La convivencia con ellos fue interesante, aparte de disfrutar una rica comida de calamares rancheros y el viernes pargos envueltos en papel aluminio cocidos a las brasas.

La finca —de descanso dice Antonio— la adquirieron hace veinte años y poco a poco la hicieron habitable. Con paciencia comenzaron a sembrar árboles frutales y ahora ya grandes, aparte de sus frutos, dan una protectora sombra. Naranjos, ciruelos, mangos, sin faltar el insustituible árbol conocido como ciruelo del monte, ese que contiene un hueso llamado chunique y dentro de él una pepita la cual, combinadas con miel, es una delicia.

Bueno, mientras esperábamos la hora de la comida, tuve una amena plática con Uribe sobre diversos temas, entre ellos su vida como maestro en el medio rural en la región montañosa del estado de Durango, adonde lo comisionaron para atender la escuela de una comunidad de indígenas tepehuanes. A sus dieciséis años tuvo que enfrentarse a una cultura extraña, pero afortunadamente y gracias a su don de gentes y espíritu de servicio, logró ganarse la confianza de las familias del lugar.

Cuando me platicó que al retirarse de esa comunidad, después de dos años de labor docente, los niños y sus mamás lo despidieron con lágrimas, rogándole que no los abandonara, le dije que eso fue por su labor de misionero, y le recordé el símil cuando los jesuitas abandonaron la península de la Baja California en 1768 y los indios de sus misiones arrodillados les pedían que no se fueran.

Cuando regresó a Tepic —él es originario de ese estado— tuvo la oportunidad de terminar su carrera como maestro en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y ya en los años sesenta llegó a la ciudad de La Paz donde reside actualmente.

Rosita, por su lado, ha sido una incansable promotora cultural. Durante muchos años fue la presidenta del Patronato del Teatro Juárez habiendo logrado la restauración de este importante monumento histórico. Es fundadora de la academia de danza Mejibó y tiene en su haber dos libros de crónicas, “Huellas Ancestrales” y “Crónicas de mi Pueblo”.

Recordando, recordando, Antonio me platicó que conoció en Nayarit a los maestros que en los años cincuenta llegaron a nuestra entidad, entre ellos a Emilio Maldonado Ramos, Mario Olvera Moreno, Eliseo Medina, José Frausto Ávila, José Nuño García y Alejandro Mota Vargas. Yo también los conocí, pues a algunos de ellos los mandaron al Valle de Santo Domingo en los años en que me encontraba laborando en una de las escuelas de esa región.

El viernes al mediodía, cuando estábamos en sabrosa charla, Rosita nos dio la triste noticia. A través de su celular le informaban que en el estacionamiento de City Club habían privado de la vida al periodista Max Rodríguez. Pocos minutos después, el medio electrónico Colectivo Pericú amplió la información. Un Viernes Santo que no se olvidará fácilmente.

Y hablábamos de amigos que han muerto, como Néstor Agúndez Martínez, el prestigiado poeta sudcaliforniano. Y del próximo traslado de sus restos a la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. Ante esos propósitos Rosita recordó los últimos deseos del amigo. “Cuando muera, quiero que mis restos descansen para siempre en el pueblo al que tanto quise, Todos Santos”.

En fin, fue una estancia agradable entre amigos de la calidad de Rosa María y Antonio. Con ganas de que se repita, pero ¿esperaremos hasta la siguiente Semana Santa? Creo que no, porque Uribe prometió regalarme una planta de níspero y tendré que visitarlos antes que se arrepienta.

Abril 15 de 2017.