Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

domingo, 23 de julio de 2017

Dante, Salvatierra y el Purgatorio

Con motivo de los 300 años de la muerte del padre Juan María de Salvatierra, en las últimas semanas se han organizado diverso actos conmemorativos, entre ellos una seria de conferencias y la colocación de una placa alusiva en una de las esquinas de la calle que lleva su nombre. Además de las presentaciones de libros referentes al periodo misional jesuita en la Baja California, destacando el que refiere al sacrificio de dos misioneros a manos de los indígenas pericús, en el año de 1734.

Al margen de la vida y la obra de Salvatierra, la historiografía reciente revela muchas de sus inquietudes espirituales durante su estancia entre los antiguos habitantes peninsulares. En particular, su actitud mística y la defensa de Dios ante las amenazas del diablo. Y, desde luego, la salvación de las almas a través del purgatorio.

Sobre el particular, entre los años de 1304 a 1321, Dante Alighiere escribió su famoso poema “La Divina Comedia” en el que, acompañado de Beatriz y el poeta Virgilio, viajan a través del infierno, el purgatorio y el paraíso. En las diversas esferas o círculos, el paraíso representa el saber y la ciencia divina; el infierno representa al ser humano frente a sus pecados y sus funestas consecuencias; el purgatorio, la lenta purificación de sus culpas hasta la liberación.

Salvatierra en incontables ocasiones hizo mención de los pecados cometidos por el hombre y la intervención del maligno para evitar su conversión a la fe de cristo y de la virgen María, representada por los jesuitas en las figuras de las vírgenes de Loreto, del Pilar y de Los Dolores. Y en sus homilías a los indígenas insistía en la salvación de las almas las cuales, por su inclinación al demonio, permanecían en el purgatorio.

Es interesante pensar de que medios se valían los misioneros para que los neófitos comprendieran los conceptos de infierno, purgatorio y paraíso. Corre la anécdota de cuando el padre Juan de Ugarte trataba de adoctrinar a los indios sobre sus pecados que los llevarían al infierno. “En ese lugar, donde existe un fuego infernal —les decía— están todos los que no obedecen los mandatos de Dios” Y entonces uno de los oyentes —era el mes de diciembre— le replicó: “ Hu, pues entonces es mejor estar allá, porque aquí hace un frío de los demonios”.

Salvatierra, por su parte, no se olvidó de las almas de los difuntos, porque se lamentaba que éstas quedaban encerradas en las cárceles del purgatorio y se hayan quedado como a la mitad del camino, sin poder ayudarse ellos mismos. En cada oportunidad rezaba el oficio de difuntos y les cantaba la misa de réquiem.

Pero la advocación del purgatorio tenía para Salvatierra otra intención. En la religión católica todo creyente que moría quedaba en suspenso, es decir, entre el infierno y el paraíso. Y sólo mediante las oraciones dirigidas al Ser Supremo era posible que esas almas llegaran al paraíso. Por eso, cuando un benefactor de las misiones californianas moría, Juan María se apresuraba a oficiar misas a fin de que su estancia en el purgatorio fuera breve y por consecuencia bendecido por Dios para su llegada al paraíso. Con ese ejemplo, los consiguientes aportadores de dádivas no dudaban en ayudar a los jesuitas, ya que así aseguraban su paso al reino celestial.

El historiador español Salvador Bernabeu Albert refiriéndose a la evangelización de los indígenas californios y de la presencia ominosa del diablo causante de su estancia en el purgatorio, dice: “Es necesario que Dante visite California, pues, como acertadamente lo señala Bolívar Echeverría, la idea de los jesuitas es la de hacer que la gente viva todo el tiempo en el límite, en el borde entre lo terrenal y lo celestial…”.

Julio 21 de 2017.

lunes, 17 de julio de 2017

Una semana de información histórica

La semana pasada la asociación civil CAHEL (Californios Amigos de la Historia y Estudios Locales) organizó una semana de conferencias relacionadas con la vida y la obra del padre jesuita Juan María de Salvatierra, misma que se llevó a cabo en uno de los salones del Museo Regional de Antropología e Historia, de esta ciudad de La Paz.

Con numeroso público presente, los conferencistas abordaron interesantes temas, entre ellos el ideal civilizador de Juan María de Salvatierra a cargo de Alfonso René Gutiérrez y el de Gabriel Gómez Padilla que habló sobre Eusebio Francisco Kino y Salvatierra en California. Participaron también Gilberto Ibarra Rivera y Luis Bareño Domínguez, miembros de CAHEL.

La semana de información histórica forma parte de los actos conmemorativos en recuerdo del iniciador de las misiones jesuitas en nuestra península y de su muerte hace 300 años, el día 18 de julio de 1717 en la ciudad de Guadalajara.

De la vida y la obra de Salvatierra existen varias biografías, pero sobresale la que escribió el padre Miguel Venegas en el año de 1754 bajo el título de “El apóstol mariano representado en la vida de V.P. Juan María de Salvatierra, de la Compañía de Jesús, favorito misionero en la provincia de Nueva España, y conquistador apostólico de las Californias”

En 1992, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) publicó la Edición crítica de la vida del V.P. Juan María de Salvatierra, escrita por el padre César Felipe Doria. Edición que estuvo a cargo de Alfonso René Gutiérrez. En esta obra se describe en detalle los últimos días del padre y como fue atendido en el trayecto de Tepic a Guadalajara.

Otra biografía apareció hace muchos años en un libro de Adrián Valadez que se llama “Temas históricos de la Baja California” publicado por la editorial JUS en el año de 1963. Esta obra la adquirí en 1974 y desde ese año me interesó todo lo relacionado con el padre Juan María. En 44 páginas el autor describe la vida y la obra de este misionero con tintes literarios lo que la hace muy interesante. Esta biografía es ideal para fines de divulgación.

Cuando asistí a escuchar la conferencia de Gabriel Gómez Padilla creí que iba a oír una descripción amena de las relaciones de amistad y trabajo que tuvieron los padres Kino Y Salvatierra. Lo creí porque conozco de referencias la calidad de este investigador que conoce de pe a pa la vida y la obra de Eusebio Francisco Kino. Pero no me imaginé que iba a centrar su intervención en la lectura de documentos, lo que le llevó gran parte del tiempo y aunque hizo comentarios sobre ellos, de alguna manera resultó la conferencia un tanto dedicada a eruditos en la materia.

En lo personal me hubiera gustado que hiciera mención de la estancia de Kino en California cuando acompañó al almirante Isidro de Atondo y Antillón y se establecieron primero en La Paz y después en San Bruno, al norte de Loreto. Que recordara el libro “Los confines de la cristiandad” de Herbert Eugene Bolton” y de los recorridos que hicieron en la parte central de la península y las opiniones de Kino al respecto.

De cómo, providencialmente, al no poder acompañar a Salvatierra en su excursión a la península en 1697, lo apoyó durante años con provisiones y ganado que se producían en las misiones de Sonora, evitando así el fracaso de la conquista evangélica. Y que por ello, sería justo el reconocimiento de este misionero por el pueblo sudcaliforniano a la par que se hace con Juan María de Salvatierra. Guardada, claro, su relevancia.

Quise tomar la palabra al fin de la conferencia, para decirle a Gómez Padilla que aquí hace falta una biblioteca especializada en temas históricos de la Baja California para encontrar en ella libros como Los confines de la cristiandad, la Antigua California de Crosby, el de Gerardo Decorme sobre los jesuitas mexicanos y vaya, hasta los de Ignacio del Río ya que algunos se encuentran agotados. No lo hice y me arrepiento de ello.

Julio 17 de 2017

lunes, 10 de julio de 2017

Una ausencia lamentable

Mi invitaron oportunamente, pero no me fue posible asistir a la presentación del libro  “Los últimos californios” del investigador norteamericano Harry Crosby.  Fue el viernes pasado, en el Archivo Pablo L. Martínez y los presentadores fueron la doctora María de la Luz Gutiérrez, Enrique Hambleton Von Borstel y Eligio Moisés Coronado.

El libro es una reedición hecha por el AHPLM, ya que la primera se hizo en el año de 1992 por parte del gobierno del estado cuando era cronista del mismo Eligio Moisés. El libro original en inglés lo publicó Crosby en 1981 y gracias a la gentileza de este autor fue posible la traducción al español por Enrique Hambleton.

El texto, como su nombre lo indica, se refiere a los habitantes de los ranchos serranos descendientes de los antiguos pobladores de la época de las misioneros jesuitas los que, cuando éstos fueron expulsados de la península en 1768, les fue concedida en propiedad diversas extensiones de tierras en las que formaron sitios de explotación ganadera a todo lo largo y ancho de la península.
A ellos se refiere Crosby. Y aprovecha las páginas del libro para hablar de las formas de vida de los rancheros californios, de sus costumbres, vestimenta, alimentación y de cómo, con ingenio y esfuerzo, lograron aprovechar los manantiales de las sierras para el sustento familiar y de sus ganados.

El autor toma como ejemplo a una familia de un rancho de la sierra de San Francisco y describe las tareas cotidianas de don Loreto Arce, viejo poblador de esa región. Apoya sus descripciones con fotografías inéditas de las labores de mujeres y hombres y panorámicas de la cadena montañosa de  esa región central de la Baja California.

Independientemente de la importancia de esta obra—debemos agradecer a la maestra Elizabeth Acosta Mendía su publicación—debe considerársele como un parteaguas que dio pauta para que otros escritores e historiadores locales escribieran sobre el tema. Creo que los libros que se originaron al respecto complementan lo escrito por Crosby.

Pero ya en 1952, Francisco Javier Carballo Lucero había escrito un artículo sobre los rancheros diciendo, entre otros conceptos: “El símbolo verdadero, vital, de los sudcalifornianos, no es el escudo que tiene una concha perla en el centro y alrededor unos fríos pescaditos. Es la efigie bravía y serena al mismo tiempo del ranchero sin palabras. Altiva, que llega a los pueblos en un amanecer y parte cuando al frente ya se han pintado mil crepúsculos en dos minutos de atardecer…”

También, antes del libro de Crosby, Aurelio Martínez Balboa escribió en el año de 1981 “La ganadería en Baja California Sur”, en el que hace una apología de los rancheros. Es una obra interesante aunque es difícil de encontrar. Y en el 2010, la doctora en historia Martha Micheline Cariño le dedicó cuarenta páginas al origen y establecimiento de la sociedad ranchera, en su libro “Historia de las relaciones hombre naturaleza en Baja California Sur”.

En ese mismo año apareció mi libro “Un viaje por la cultura sudcaliforniana” en el que me refiero a la vida de los ranchos y sus habitantes, de sus costumbres y sus características del habla. Y no puedo dejar de mencionar el libro “El campeador de la California” de Simón Óscar Mendoza Salgado (2010) una obra excelente con ilustraciones a todo color, donde describe con detalles la vida cotidiana de los rancheros, de su vestimenta y de las faenas y labores propias del vaquero. Por su interesante contenido es un libro de cabecera.

Desde luego, existen otros libros que hablan sobre el tema, como el de  Emilio Arce y su “El corral viejo” y el de Guillermo Arrambidez Arellano titulado “Un romance”. Como se verá existe mucha información sobre los ranchos sudcalifornianos y aunque, como dice Crosby cada día son menos, no por eso debemos olvidarlos antes al contrario, magnificar su presencia en el devenir de Baja California equivale a reconocer las raíces de nuestro pueblo y con ello mantener viva e irrenunciable la identidad sudcaliforniana.

Julio 09 de 2017.

martes, 4 de julio de 2017

Un compañero de escuela

Compañeros de escuela. El primero de la izquierda es el general retirado Florentino Rodríguez Cota.
Ayer saludé al general piloto aviador Florentino Rodríguez Cota, un compañero de estudios en la escuela primaria Ignacio Allende, hoy Miguel Hidalgo, de esta ciudad de La Paz. Cursamos el sexto año junto con otros veintitantos alumnos, entre ellos Ricardo Fiol Manríquez, Norberto Flores, Isidro Jordán Carlón, Arturo Salgado, todos ellos vivitos y coleando hasta la fecha.

Después de la secundaria en la escuela Morelos, lo enviaron a la ciudad de Guadalajara donde se inscribió en la Escuela Militar de Aviación en Zapopan, Jalisco. Cuando terminó la carrera en menos tiempo de lo previsto, recibió el grado de teniente y a partir de ese año estuvo al servicio del gobierno escalando en jerarquía hasta obtener el grado de general. Cuando se jubiló siguió trabajando en la iniciativa privada en diversas compañías de aviación.

En una comida a la que nos invitó, estuvieron presentes María Luisa Salcedo, María Elena González, Ricardo y yo. Fue una reunión de los recuerdos cuando estuvimos en la secundaria. De los maestros como el de música, Luis Peláez Manríquez, quien hizo famosa la frase “Cantas o seis”. Y es que nos pasaba al frente del salón y nos pedía que entonáramos la escala musical y ya sea por lo desafinado o por temor a la burla de los demás, lo cierto es que no lo hacíamos y era por eso lo del seis.

“Yo —recordó Tino, así lo tratamos—  en todas las materias tuve diez pero en música puros seises” Para su consuelo nosotros también. Las consentidas del maestro Peláez – cantaban muy bien— eran María Luisa y María Esther Sánchez Domínguez.

En la ciudad de México Florentino se casó con la señora Delfina Gómez y procrearon cuatro hijas, María de Lourdes, Violeta, Verónica y Rocío, todas profesionistas, pero esta última es piloto y trabaja en el medio oriente. Con sus hijas, sus nietos y bisnietos transcurre la vida de este amigo de estudios, allá por la década del cuarenta del siglo pasado, cuando su padre el profesor Luis Rodríguez Chávez era el director de la escuela Allende.

En la comida recordamos cuando formados frente a la entrada de la escuela el director nos preguntaba con la voz recia que tenía: “Los que trabajan…. y esperaba que nosotros contestáramos al unísono: “¡que coman!; y finalizaba: “y el que no” y gritábamos: ¡que se muera de hambre! Con ese entusiasmo como que nos daban más ganas de estudiar.

Al papá de Tino lo volvimos a tratar cuando fue inspector de la zona escolar que abarcaba todo el Valle de Santo Domingo, cuando se abrió a la agricultura esa región en el año de 1950. A pesar de su edad —tenía 50 años— recorría todas las colonias de campesinos recién establecidas, para supervisar las escuelas que se iban fundando. Los viejos colonos aún recuerdan al maestro por sus empeños en llevar la educación a la niñez de esos grupos de mujeres y hombres que llegaron al valle buscando mejores niveles de vida.

Qué bueno que el general Rodríguez Cota se vuelva a reencontrar con sus amigos de la época de estudiantes. En los recuerdos del pasado se encuentran las raíces de un presente reflejado en los descendientes —hijos, nietos, bisnietos— y las conductas heredadas que son normas de vida y ejemplos a seguir por todo lo que tienen un compromiso familiar, como el del matrimonio que conforman Florentino y su esposa Delfina.

Por lo demás, debemos felicitarnos por tener la oportunidad de saludar a un viejo amigo —todos pasamos de los ochenta— y pasar unas amenas horas entre bromas y risas rememorando aquellos tiempos de estudiantes que, no cabe duda, renuevan con nuevos bríos la alegría de vivir.

Julio 04 de 2017.

lunes, 26 de junio de 2017

Un encuentro como pocos

Fue un encuentro feliz, pero no amoroso o de amigos que por años no se veían; no, me refiero al décimo primer Encuentro de Escritores Sudcalifornianos que tuvo lugar los días 21 al 23 de este mes de junio de 2017. Cada vez, desde hace once años, este evento cultural va adquiriendo prestigio y son más los interesados en las letras que participan en él.

En esta ocasión, y gracias al apoyo de la Coordinación de Fomento Cultural de ISC, del Archivo Histórico Pablo L. Martínez y de la presencia de escritores de los municipios de Los Cabos y Comondú, fue posible llevar adelante un programa literario con la presencia de numeroso público.

Los participantes en los géneros de cuento, poesía, novela, crónica y ensayo, así como la presentación de libros, disertaron sobre su especialidad en los horarios del programa elaborado con anticipación. Y aunque algunos se excedieron en sus entusiasmos, el interés de los asistentes no decayó en ningún momento.

Este Encuentro dedicado al maestro y escritor Carlos Ramón Castro Beltrán, autor por cierto de dos excelentes libros de cuentos, se desarrolló en el Centro de Convenciones y Expresión Cultural de Sudcalifornia, localizado a un lado del Teatro de la Ciudad. Es un edificio construido especialmente para llevar a cabo actividades artísticas y culturales.

Lo importante de estos eventos es que ofrecen la oportunidad para que los jóvenes que tienen inclinaciones literarias participen, como fue el caso de los que integran el Taller de la Serpiente donde algunos de ellos leyeron parte de sus poemarios y narrativa. Guadalupe Núñez Flores, Yaroslabi Bañuelos, Adrián Corona, Carlos Padilla y algunos más, son noveles escritores con un gran porvenir en la literatura regional

Pero además, se contó con la participación de estudiantes de la UABCS y de maestros de la misma como Marta Piña Zentella, José Antonio Sequera, Gabriel Rovira y Damián Soto Salgado.

En el evento se presentaron seis libros y una revista. Uno de estos libros, el que por cierto causó expectación, fue el titulado IBÓ Y EL MAR de la socia de ESAC, Leticia Garriga. Y lo fue porque es un libro de poemas infantiles ilustrado y porque varios niños leyeron parte del poemario con sus voces cargadas de emoción.

Como dije antes, el Encuentro de Escritores Sudcalifornianos estuvo dedicado a Carlos Ramón Castro Beltrán quien fue fundador en 1999 de esta asociación. Un reconocimiento merecido, no solamente por su calidad de maestro, sino también por su desempeño como periodista y autor de muchas narraciones relacionadas con los movimientos sociales de esta región de nuestro país.

Reconocimiento aparte merece el personal adscrito a la Coordinación de Fomento Editorial que estuvieron presentes y pendientes de que el evento se desarrollara de la mejor manera. América Piñeda, Paloma Vergara, Jorge Briseño, entre otros, fueron elementos valiosos para los buenos resultados del Encuentro de Escritores.

Y qué decir de la mesa directiva de ESC Francisco López Gutiérrez, Víctor Ramos Pocoroba y Ernesto Adams Ruiz, como quien dice se partieron el alma para lograr que este evento saliera lo mejor posible. Y lo lograron. No cabe duda, de que se puede, se puede.


Junio 26 de 2017.

miércoles, 7 de junio de 2017

Un paletero sui generis

No me lo van a creer, pero es verdad. Resulta que el domingo pasado estuve en una hermosa playa que se encuentra por el rumbo del hotel Las Cruces, conocida como Los Muertitos. Es un lugar muy concurrido por las familias de nuestra ciudad, sobre todo porque la mayor parte del camino está pavimentado y además, desde la cumbre de la sierra —creo que se llama Las Cacachilas— se pueden contemplar las tranquilas aguas del golfo de California y la isla Cerralvo, esa que en mala hora la rebautizaron con el nombre de Jacques Cousteau.

Mi presencia en esa playa se debió a que el esposo de mi nieta Tania Edith festejó su cumpleaños —no digo cuantos pero ya no se cuece al primer hervor— con una comilona de ceviche, acompañada de abundantes ambarinas. Y digo comilona dado que entre los asistentes, todos familiares, algunos son de los que le dan gusto al diente y son capaces de llevarse al buche entre cinco y seis tostadas rebosantes de ese apetitoso pescado.

Bueno, “a lo que traje Chencha”, como dijo el ranchero cuando invitó a su novia a dar un paseo por el campo. Estábamos disfrutando de un ambiente festivo mientras los niños se bañaban y retozaban alegremente, cuando, de pronto, alguien de ellos gritó: “¡Ahí viene el paletero! A la vez que corrieron para pedirle a sus padres el dinero con que comprar esa golosina.
                                                                                                       
Al grito yo dirigí la vista a la playa, pero no divisé al paletero mencionado. Esperaba verlo esforzándose por empujar su carrito de paletas a través de las arenas de la playa, tal como lo hacen en la zona de El Tecolote. Pero no, por más que lo intentaba no lo veía. Bueno, aparte de eso es que mi vista cansada no alcanza para mirar a lo lejos.

Pero los niños si se daban cuenta de que el vendedor de paletas se iba acercando hasta que, intrigado, pregunté: “¿Con un carajo, dónde está ese vendedor?”. Y entonces uno de los niños me contestó, al mismo tiempo que señalaba con su mano: “Ahí está, metido en el mar” Y sí, ahí estaba el señor, empujando su carrito como si fuera una canoa pequeña, mientras las pequeñas olas remojaban buena parte de sus piernas.

Cuando oyó los gritos de los niños que deseaban comprarle, con cierta dificultad acercó el carrito a la playa y empujándolo con fuerza lo dejó fuera del agua. A su alrededor sus compradores le pedían bolis, paletas de varios sabores y hasta una clase de emparedados —no sé cómo se llaman— que tienen mermelada entre sus dos capas de pan.

Por cierto uno de los adultos que se acercó le salió cola, pues tuvo que pagar la cuenta de las golosinas que pidieron todos los niños. Pero valió la pena pues todos lo abrazaron y juntos regresaron al paraje. Pero, ¿qué pasó después?

Esa playa tiene arena muy floja por lo que fácilmente se hunden los pies en ella, ya no digamos un vehículo sin doble tracción. Y para el caso del carrito de paletas que tiene dos llantas pequeñas y delgadas, más el peso de la mercancía, resulta imposible que se pueda mover en esos tramos arenosos.

Por eso, el paletero, al darse cuenta que su carrito podía flotar sin que entrara agua en él, tomó la determinación de meterlo en el mar a fin de facilitar su transportación. Así, convertida en una frágil embarcación y sus dos piernas en lugar de remos, el vendedor continuó su ruta a todo lo largo de la playa ofreciendo su producto.

A unos cincuenta metros de la orilla un joven matrimonio de extranjeros disfrutaba montados en kayacs, mientras la canoa improvisada navegaba lentamente conducida por un hombre que, con el ingenio y la necesidad, buscó la manera de conseguir un poco de dinero para su sustento diario. Mientras tanto, el festejo del que cumplió años estaba en todo su apogeo.

Junio 7 de 2017

domingo, 21 de mayo de 2017

Una buena noticia

¡Vaya, hasta que alguien le puso el cascabel al gato! La noticia me la proporcionó el buen amigo Jesús Flores Romero, regidor del ayuntamiento de Los Cabos. En reunión de cabildo se tomó el acuerdo de prohibir el uso de los calificativos Cabo, San José y San Lucas en lugar de Los Cabos, San José del Cabo y Cabo San Lucas.
La iniciativa presentada en su momento por el regidor Flores Romero y aprobada por el cabildo será enviada al Congreso del Estado como proyecto de decreto a fin de que sea publicado el Boletín Oficial y darle carácter legal.

El proyecto establece que para efectos de nomenclatura no se permitirán los anteriores calificativos en calles, monumentos, nombres de colonias y fraccionamientos y tratándose de giros comerciales, industriales, turísticos, sociales, culturales y deportivos, serán acreedores a una multa de 75 mil pesos por desacato a este decreto.

La iniciativa se fundamentó en un decreto anterior del 31 de diciembre de 1982 emitido por el gobierno del estado, en el que se prohíbe el uso del término Baja o Baja Sur para referirse al nombre de nuestra entidad que es Baja California Sur. Por cierto, un decreto que no ha tenido aplicación por lo que proliferan esos términos en toda la península, pero especialmente en los polos turísticos.

Lo indignante es, aparte de la ignorancia, que esos falsos términos se difundan a nivel nacional e internacional, como si se tratara de olvidar el nombre de California. Eventos deportivos, documentales audiovisuales, revistas en español y en inglés y vaya, hasta en la publicidad inmobiliaria, los vocablos Baja y Baja Sur están a la orden del día.

A mediados del mes pasado, se dio la noticia de que en el pueblo de Loreto filmarán un largo metraje con el nombre de “Baja” que será producido por Badhouse Studies y claro, con actores norteamericanos. Lo inaudito es que ese documental contará con el visto bueno del señor Genaro Ruiz Hernández, secretario de Turismo del Gobierno del Estado.

Mal andan las cosas cuando los propios funcionarios avalan esta discriminación al nombre oficial de nuestra entidad. En lo particular he sido crítico ante este olvido, por no decir ignorancia, de lo que significa California para los que amamos esta tierra. Periodistas, escritores, historiadores de nuestra entidad han dado sus voces de alarma ante este desconocimiento y han exigido que se cumpla el decreto que prohíbe el mal uso del nombre de nuestro estado. Pero por razones que se desconocen las autoridades no se animan a aplicarlo, por lo que cada día se hace común llamar Baja Sur a nuestra entidad.

Por eso, por la importancia que reviste, debemos felicitar al regidor Jesús Flores y al H. Cabildo del Ayuntamiento de Los Cabos por esta iniciativa que convertida en decreto, servirá para acabar de una vez por todas con esa forma anómala de llamar Cabo, San José y San Lucas, al municipio y las ciudades de San José del Cabo y Cabo San Lucas.

Los Cabos le han puesto el cascabel al gato. Ojalá y esto sirva de ejemplo para que los municipios de La Paz, Comondú, Loreto y Mulegé hagan lo mismo, formando un solo frente capaz que frenar lo que a todas luces se antoja como un propósito maligno de hacer olvidar nuestra historia donde refulge con luz propia (me salió lo poeta) el nombre que hace 500 años nos pertenece: CALIFORNIA.

Mayo 21 de 2017.