Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

domingo, 16 de abril de 2017

Una invitación de Semana Santa

Al inicio de la semana, mi nieta Marta y su esposo Carlos me platicaron que la familia Uribe Mendoza los habían invitado a pasar los días jueves y viernes en su finca que tienen en el cercano pueblo de San Pedro. Y que la invitación la hacían extensiva a nosotros —mi esposa y yo— para que los acompañáramos.

A Rosa María y Antonio los conozco tiempo atrás. Ella, maestra de profesión al igual que su esposo, han conformado un matrimonio feliz al lado de sus tres hijos, uno de ellos, Antonio, quien estuvo con sus padres esos días. La convivencia con ellos fue interesante, aparte de disfrutar una rica comida de calamares rancheros y el viernes pargos envueltos en papel aluminio cocidos a las brasas.

La finca —de descanso dice Antonio— la adquirieron hace veinte años y poco a poco la hicieron habitable. Con paciencia comenzaron a sembrar árboles frutales y ahora ya grandes, aparte de sus frutos, dan una protectora sombra. Naranjos, ciruelos, mangos, sin faltar el insustituible árbol conocido como ciruelo del monte, ese que contiene un hueso llamado chunique y dentro de él una pepita la cual, combinadas con miel, es una delicia.

Bueno, mientras esperábamos la hora de la comida, tuve una amena plática con Uribe sobre diversos temas, entre ellos su vida como maestro en el medio rural en la región montañosa del estado de Durango, adonde lo comisionaron para atender la escuela de una comunidad de indígenas tepehuanes. A sus dieciséis años tuvo que enfrentarse a una cultura extraña, pero afortunadamente y gracias a su don de gentes y espíritu de servicio, logró ganarse la confianza de las familias del lugar.

Cuando me platicó que al retirarse de esa comunidad, después de dos años de labor docente, los niños y sus mamás lo despidieron con lágrimas, rogándole que no los abandonara, le dije que eso fue por su labor de misionero, y le recordé el símil cuando los jesuitas abandonaron la península de la Baja California en 1768 y los indios de sus misiones arrodillados les pedían que no se fueran.

Cuando regresó a Tepic —él es originario de ese estado— tuvo la oportunidad de terminar su carrera como maestro en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y ya en los años sesenta llegó a la ciudad de La Paz donde reside actualmente.

Rosita, por su lado, ha sido una incansable promotora cultural. Durante muchos años fue la presidenta del Patronato del Teatro Juárez habiendo logrado la restauración de este importante monumento histórico. Es fundadora de la academia de danza Mejibó y tiene en su haber dos libros de crónicas, “Huellas Ancestrales” y “Crónicas de mi Pueblo”.

Recordando, recordando, Antonio me platicó que conoció en Nayarit a los maestros que en los años cincuenta llegaron a nuestra entidad, entre ellos a Emilio Maldonado Ramos, Mario Olvera Moreno, Eliseo Medina, José Frausto Ávila, José Nuño García y Alejandro Mota Vargas. Yo también los conocí, pues a algunos de ellos los mandaron al Valle de Santo Domingo en los años en que me encontraba laborando en una de las escuelas de esa región.

El viernes al mediodía, cuando estábamos en sabrosa charla, Rosita nos dio la triste noticia. A través de su celular le informaban que en el estacionamiento de City Club habían privado de la vida al periodista Max Rodríguez. Pocos minutos después, el medio electrónico Colectivo Pericú amplió la información. Un Viernes Santo que no se olvidará fácilmente.

Y hablábamos de amigos que han muerto, como Néstor Agúndez Martínez, el prestigiado poeta sudcaliforniano. Y del próximo traslado de sus restos a la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. Ante esos propósitos Rosita recordó los últimos deseos del amigo. “Cuando muera, quiero que mis restos descansen para siempre en el pueblo al que tanto quise, Todos Santos”.

En fin, fue una estancia agradable entre amigos de la calidad de Rosa María y Antonio. Con ganas de que se repita, pero ¿esperaremos hasta la siguiente Semana Santa? Creo que no, porque Uribe prometió regalarme una planta de níspero y tendré que visitarlos antes que se arrepienta.

Abril 15 de 2017.

domingo, 9 de abril de 2017

Coincidencias de la historia

El jueves pasado, en una conferencia que impartí en San José del Cabo, patrocinada por el Instituto de la Cultura y las Artes del Ayuntamiento de Los Cabos y la participación de la Fundación Domingo Burgoin, A. C., me referí a los misioneros jesuitas y su participación en la fundación de las misiones de La Paz, Todos Santos, Santiago y San José del Cabo, todas en la parte sur del estado.
En especial mencioné el tema de la fundación de la misión de San José del Cabo, el 8 de abril de 1730, por los padres José Echeverría y Nicolás Tamaral. Y, por supuesto, el sacrificio de los sacerdotes Tamaral y Lorenzo Carranco, este último encargado de la misión de Santiago de los Coras. Fue en el año de 1734 cuando perdieron la vida a manos de los indígenas pericús.
Casi al término de la conferencias hice alusión a otros levantamientos en varias misiones del norte de la península, rebeliones que fueron sofocadas a tiempo, sin pérdidas humanas aunque sí, los principales promotores fueron sentenciados, algunos a la pena de muerte y otros desterrados.
Puse como ejemplo, el intento del asesinato del padre Wagner, radicado en la misión de San José de Comondú, cuando un indio neófito le lanzó una flecha la cual, afortunadamente, no dio en el blanco. Y también lo acaecido al padre Félix Caballero, de la misión de Guadalupe del Norte, que tuvo que valerse de una estratagema porque lo querían matar.
Y aquí la coincidencia histórica. Para salvarse, le pidió a la cocinera que lo escondiera bajo su falda y se sentara en una de las bancas del presbiterio. Y que cuando llegaran los indios negara que lo había visto. No lo descubrieron y así salvó la vida. Pero con el susto que se llevó pidió su traslado inmediato a otro lugar y entonces lo mandaron a la misión de San Ignacio. De todas maneras le fue mal, porque al poco tiempo murió, según decires por envenenamiento.
El estimado amigo Luis Rosas me mandó por internet el libro Episodios Nacionales de Victoriano Salado Álvarez, y en el episodio que tituló “El golpe de estado y los mártires de Tacubaya”, incluye la anécdota siguiente:
Fue en el año de 1858 durante la Guerra de Reforma, cuando un general de apellido García Casanova era perseguido por las fuerzas liberales por lo que tuvo que refugiarse en la casa de un amigo. De pronto, una gavilla al mando del coronel Antonio Rojas irrumpió en la residencia buscando al general. Apenas le dio tiempo para esconderlo debajo de un sofá en que se sentaban varias muchachas, ataviadas con unas crinolinas de “esas que parecen bóvedas de catedral”.
Los bandidos quisieron registrar el mueble, pero entonces una de ellas alzó su falda y debajo se escondió el militar perseguido. Así salvó la vida. Poco después logró un salvo conducto del general Santos Degollado y pudo salir de la ciudad de Guadalajara sin contratiempos.
En esos años de la Guerra de la Reforma, hubo muchas gavillas dedicadas al saqueo y los asesinatos y una de las más crueles fue la del coronel Rojas del bando liberal. La historia de esa época está manchada por la presencia de grupos de bandidos, los que aprovechando la situación política de ese entonces, buscaban beneficios propios sin importarles las vidas ajenas.
Pero la coincidencia está a la vista. Un misionero y otro militar salvaron sus vidas escondidos bajo los miriñaques de una mujer. Uno en la Baja California y el otro en el estado de Jalisco.

Abril 09 de 2017