Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

martes, 4 de agosto de 2026

FÉLIX JUSTINO ORTEGA, EL ÚLTIMO COMBATIENTE (3)

Cuando el capitán Félix Justino Ortega después de muchas dificultades llegó al Distrito Norte y encontró el amparo del gobernador Esteban Cantú para él y sus hombres, por poco tiempo estuvo al servicio del gobierno, ya que decidió emigrar a los Estados Unidos donde se encontraba su madre doña Catalina y sus hermanos.

Fue en la administración del presidente Adolfo de la Huerta cuando se concedió la amnistía a los militares que habían pertenecido al bando villista. El general Félix Ortega y sus hijos Félix Justino y José María amparados por ese decreto regresaron a la ciudad de La Paz en el año de 1921.

Como años antes de la Revolución, el señor Félix Ortega Aguilar reinició sus actividades como litigante y defensor de oficio, mientras que sus hijos colaboraron con él en su despacho instalado en la esquina de las calles Revolución y Bravo, en la casa que fue durante muchos años la residencia de la familia Ortega Núñez.

Fue en el año de 1945 la renuncia del general Francisco J. Múgica como gobernador de la entidad, quien atendió los reclamos de un movimiento civil llamado Frente de Unificación Sudcaliforniano (FUS) en el sentido de que Baja California Sur fuera gobernado por una persona nativa. En la directiva de esa agrupación Félix Justino ocupó el cargo de secretario de Organización y Propaganda, al lado de Francisco Cardoza Carballo, Jesús N. Ramírez, Jorge S. Carrillo, Arturo Canseco y otros más.

Después de la renuncia del general Múgica, el presidente Manuel Ávila Camacho designó como nuevo mandatario al general Agustín Olachea Avilés, quien entre sus funcionarios figuró el señor Félix Justino como secretario general de gobierno, cargo que ocupó durante los años de 1946 a 1948.

Años antes, en 1930, contrajo matrimonio con doña María Teresa Romero Higuera y de ese matrimonio nacieron sus hijos Félix Alberto, José Enrique Valerio, Amelia Carlota, María Teresa y Guadalupe. El primero, Félix Alberto fue periodista y durante muchos años fue director del periódico El Eco de California. El segundo, Enrique Valerio, de profesión abogado, ocupó varios cargos oficiales, fue diputado local y presidente del H. V Ayuntamiento de La Paz. El tercero, Pedro César, de profesión abogado fue notario público en el Valle de Santo Domingo.

Félix Justino Ortega Núñez murió el 10 de enero de 1963 a los 66 años de edad. Su esposa doña María Teresa Romero falleció el 20 de julio de 1999. Los restos de ellos dos y de su hija María Teresa descansan en el mismo monumento en el panteón de los San Juanes de la ciudad de La Paz. A un lado, otro monumento guarda los restos de Amelia Carlota Romero, Manuel Ruiz Rubio y del ingeniero Fernando Arteche Zambada.

Todavía hay mucho que decir de la presencia de Félix Justino en la Revolución en Baja California Sur y su desempeño como abogado y ganadero. Su hijo primogénito Félix Alberto en su libro Pervivencias hace referencia a su padre y narra los recuerdos de su época como guerrillero. Con el tiempo, el apellido Ortega ha trascendido hasta la actualidad a través de generaciones. Y en Baja California Sur Félix Ortega Aguilar y la familia que formó, son parte importante en la historia de nuestra entidad.

Julio 22 de 2026.

miércoles, 29 de julio de 2026

FÉLIX JUSTINO ORTEGA EL ÚLTIMO COMBATIENTE (2)

    “La proposición de salir del Distrito —continuó Félix Justino— nos pareció bien siempre y cuando fuera con la intervención del vicecónsul norteamericano radicado en La Paz. Así lo comunicamos a la jefatura política que estuvo de acuerdo en esperar cinco días para entregar las armas y nos embarcaran”.

    Nomás que, desconfiados por naturaleza, descubrieron que el cañonero Tampico los iba a esperar cuando salieran a mar abierto y entonces echarían a pique la embarcación que los transportaba. Y aquí, en esta parte del relato hay algo inexplicable, pues el barco que los iba a llevar a la contracosta y cuya tripulación era norteamericana, fue hundida luego de apoderarse de ella y sus marineros y el vicecónsul señor Moore fueron llevados a tierra donde les explicaron el peligro que habían evitado.

    Así lo relata Félix Justino: “Producidas las explicaciones a mister Moore y al capitán de aquella felonía detectada por nosotros con antelación, nos las agradecieron cumplidamente. Así arrumbamos al norte en busca de la libertad o la muerte”.

    El éxodo al norte no estuvo exento de peligros. Tuvieron enfrentamientos en Todos Santos y el Clavellinal y aunque evitaron otros encuentros con los carrancistas, al llegar a la sierra donde era necesario internarse por un estrecho cañón guarnecido por federales en una especie de fortaleza, hicieron varios intentos de cruzarlo a pesar de las bajas sufridas.

    “Entonces —dice el narrador— se dio por fortuna que entre mi gente contaba con un subteniente muy bragado, originario de Todos Santos, hermano de don Chale Domínguez. Al fragor del combate propuso que lo dotáramos de cuatro bombas y tres hachones empapados de petróleo. Con una gran loza metálica en su espalda, el osado subteniente reptaba hacia la madriguera y ya cerca arrojó las bombas y los hachones ardiendo. Con el fuego los ocupantes salieron corriendo como “alma que lleva el diablo”

    “Quedaron tendidos tres soldados, dos oficiales y el capitán Ibarra, comandante del destacamento. Recogimos como botín abundante parque, fusilería máuser, carabinas y caballada con sus arreos. Así, gracias a la valentía del compañero Domínguez y su alto espíritu de sacrificio en el cumplimiento de su deber, pudimos levantar a los heridos, enterrar a los muertos y continuar la marcha a los territorios del norte”.

Julio 14 de 2026

FÉLIX JUSTINO ORTEGA EL ÚLTIMO COMBATIENTE

    En el mes de mayo, luego de la rebelión de un grupo de militares contra el gobierno del Jefe Político Félix Ortega Aguilar y su obligado destierro a los Estados Unidos, en San José del Cabo se encontraba su hijo Félix Justino al frente de un contingente armado respaldando el gobierno de su padre.

    Las narraciones históricas que hablan de la Revolución en el Distrito Sur de la Baja California son parcas cuando se refieren a este personaje. Sin embargo, con su grado de capitán acompañó a su padre en todos los enfrentamientos que se dieron a lo largo de ese movimiento que puso en jaque al ejército federal y a las fuerzas policíacas de la jefatura política al mando de Federico Cota, un consumado porfirista.

    En el libro “Pervivencias” escrito por su hijo Félix Alberto, junto con los recuerdos de su vida en el rancho de Las Playitas, hace mención en los capítulos XV, XVI y XVII de los acontecimientos que tuvieron lugar luego de conocerse la destitución de su abuelo y las medidas urgentes que tomó su padre a fin de no someterse a las nuevas autoridades del Distrito.

    “Yo, mientras tanto —rememora Félix Justino— guarnecía la plaza de San José del Cabo con un destacamento de ocho a nueve hombres, estábamos protegiendo la única estación inalámbrica que nos tenía en comunicación con el macizo de la República. En ese sitio me quedé prácticamente copado, sin el auxilio de mi papá, rodeado de gente hostil pues muchos habían dado la voltereta como suele suceder y para añadir lo peor, me hallaba de espaldas al mar. Eso me orilló a aumentar mis efectivos a cerca de un centenar de hombres”.

    Después de un compás de espera, Félix Justino recibió la noticia de que una expedición de 200 hombres se acercaba para someterlos y pedirles que entregaran las armas.

    “Consulté a mis oficiales —prosiguió— fogueados como estábamos en el oficio de la guerra de guerrillas, todos jóvenes y valientes, con una tropa escogida y de moral elevada, con 75 buenos rifles y suficiente parque capturado al ejército federal, más las reservas decomisadas, decidimos pelear, sondeando la salida al Distrito Norte y atacando de frente”.

    Días después, la jefatura política les prometió enviarles un barco para que los llevara a la contracosta y dar por terminado el conflicto armado. Lo que sucedió después será motivo de la crónica siguiente.

Julio 13 de 2026

martes, 28 de julio de 2026

DE PADRE TIGRE… PINTITO

    Cuando Félix Ortega Aguilar inició su movimiento armado contra las fuerzas federales en 1913, lo acompañaron dos de sus hijos, José María y Félix Justino, ambos con grados militares. Al lado de su padre sostuvieron combates en la parte sur de la península.

    Tras el cuartelazo que obligó a Ortega a refugiarse en los Estados Unidos, la revolución en Baja California Sur se dio por terminada, aunque Justino con su grado de capitán continuó la lucha iniciada por su padre. En ese mes de mayo Félix Justino se encontraba en San José del Cabo cuando le llegó la noticia de la traición a su padre. Con escaso armamento y hombres, no dudó en seguir combatiendo a las tropas federales ahora dirigidas por el mayor Urbano Angulo nuevo jefe político del Distrito, en lugar de Federico Cota.

    Con más de cien hombres que se habían unido a su causa, entabló combates en Todos Santos, El Triunfo y Santiago. Después, cuando le fue imposible la permanencia en la región, se decidió por retirarse hacia el norte pasando por la zona de Intermedios—entre La Paz y Loreto—y allí se enfrentó a los federales que iban en su seguimiento.

    Con dificultades llegó a los linderos de Santa Rosalía el 17 de septiembre de 1915 donde atacó a la guarnición militar que custodiaba el pueblo. Con varias bajas, el capitán Justino ordenó la retirada. Sin obstáculos, el grupo orteguista llegó al Distrito Norte donde el coronel Esteban Cantú los recibió en paz y les permitió establecerse como colonos o soldados. Con ello se cerró una etapa —dice Francisco Javier Carballo— de la revolución en la península que tuvo una duración de dos años, dos meses.

    Habrían de pasar 55 años para que otro pintito, Félix Alberto Ortega Romero, revolucionaria la conciencia de los sudcalifornianos, pero ahora utilizando las armas del periodismo. Loreto 70 como un eco del pasado, es el mejor ejemplo de los anhelos de justicia ciudadana que logra, con su participación valiente y decidida, que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen.

    Pero ni Federico Cotas ni Urbano Angulo lograron someter a Félix Ortega y su hijo Justino. Fue por eso que en venganza fusilaron a Vicente hermano de Félix y el destierro de la familia, Doña Catalina Núñez y todos sus hijos.

Mayo 08 de 2026

FÉLIX ORTEGA Y CHONITA CANALIZO

    En los días del cuartelazo en contra del general Félix Ortega Aguilar sucedió un hecho en el que participó la señora Encarnación (Chonita) Canalizo de Allinson, El suceso ocurrió así: El mayor del ejército Eduardo Encinas, ese día 15 de mayo de 1915 por la mañana salió temprano de su casa, para dirigirse al cuartel cuya guardia había sido sometida por los amotinados, Al llegar a la puerta del edificio gritó la contraseña ¡Viva el general Ortega! A lo que contestaron ¡Al general Ortega ya se lo llevó la tiznada, ríndase mayor!

    Al darse cuenta de la traición, les contestó ¡Qué se rinda su madre!” al mismo tiempo que disparaba su pistola sobre ellos matando a dos soldados, pero también recibió un balazo en una pierna. Como pudo se alejó del peligro y renqueando pudo llegar hasta la residencia de Doña Encarnación, situada en la calle Playa a un lado del malecón y le pidió ayuda.

    El señor Allinson atendió como pudo su herida y lo vendó mientras escuchaban los gritos de la soldadesca que andaba en su busca. Por lo que lo escondieron en un ropero disimulado en la pared. Cuando allanaron la casa ante el azoro de la familia, no lo pudieron encontrar.

    Días después, aprovechando que doña Chonita era dueña de una pequeña salina al norte de la ciudad conocida con el nombre de Enfermería, una noche, oculto en una canoa, lo llevó a ese lugar para después lograr, con ayuda de amigos, se embarcara rumbo a Mazatlán y de allí trasladarse al Estado de Sonora donde se unió a las fuerzas del general José María Maytorena que combatía a favor de Francisco Villa.

    Al igual que el general Ortega Aguilar. Cuando las fuerzas villistas fueron derrotadas, se refugió en los Estados Unidos y pasados los años regresó a la ciudad de La Paz, al lado de sus familiares.

    Meses después fue conocida la acción heroica de Doña Chonita Canalizo quien, con riesgo personal y de su familia, no dudó en proteger a un oficial leal a la causa del general Félix Ortega Aguilar. En su libro Pervivencias, Félix Alberto Ortega dice de ella: --“Doña Encarnación fue una de esas mujeres, bella y frágil de cuerpo, pero dotada de una gran fortaleza y un valor muy por encima del común de los mortales”.

Abril 6 de 2026.



FÉLIX ORTEGA AGUILAR, UN HÉROE INCOMPRENDIDO

    En la principal avenida de la ciudad de La Paz conocida como Forjadores de Baja California se encuentra un pequeño busto del general Félix Ortega Aguilar. Ahí, cada 10 de diciembre, el Gobierno del Estado rinde homenaje a su memoria y deposita una corona de flores al pie del monumento. Cada año y después se olvida.

    En años anteriores se acudía al rancho de Las Playitas lugar donde está sepultado y se recordaba al hombre que se levantó en armas en la revolución constitucionalista que acabó con el gobierno del general Victoriano Huerta. Pero ahora ya ni eso.

    Aquí, en esta ciudad de La Paz, en la década de los ochenta del siglo pasado, el gobierno de Alberto Alvarado Arámburo mandó construir la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres y desde ese entonces ahí se encuentran los restos mortales del general Manuel Márquez de León, la educadora Rosaura Zapata Cano, el general Agustín Olachea Avilés, los maestros Jesús Castro Agúndez y Domingo Carballo Félix, el revolucionario Ildefonso Green Ceceña y el historiador Pablo L. Martínez. Desde 1990 nadie más ha llegado a la Rotonda.

    Y la pregunta viene al caso, ¿Félix Ortega Aguilar tiene méritos suficientes para que su recuerdo esté en la Rotonda? Quizás, entendiendo mejor su participación en la Revolución Mexicana sea posible aquilatar no su calidad de personaje ilustre, sino como uno de los héroes que conforman el imaginario colectivo de los habitantes de Baja California Sur.

    No es fácil ofrecer la vida por una causa como lo hizo Ortega. Se necesitó valor e indignación para enfrentar los peligros que significaban acabar con la imposición de un gobierno ilegítimo, transgresor de otro democrático como lo fue el del presidente Francisco I Madero. Ante fuerzas huertistas superiores opuso sus tácticas de guerrillero, manteniendo durante meses una guerra que se antojaba dispareja. Pero triunfó la terquedad que dio paso a la estabilidad política del país.

    Después. Félix Ortega asistió a la Convención Revolucionaria de Aguascalientes y en reconocimiento a su actuación en nuestra entidad se le otorgó el grado de general brigadier, encargado de la jefatura política y militar de esta parte del país. Estuvo al frente del gobierno a partir del mes de diciembre de 1914 al mes de mayo de 1915 cundo, por una traición, tuvo que huir y refugiarse en los Estados Unidos.

    Sus acciones revolucionarias son poco conocidas, pero para los interesados en ellas se han publicado libros como La revolución de Ortega, de Francisco Javier Carballo; La revolución en Baja California Sur, de Felipe Ojeda Castro y el más reciente Motivaciones y actores de la Revolución Mexicana en Baja California Sur, de Edith González Cruz. 

Abril 10 de 2026.

sábado, 25 de julio de 2026

FELIX ORTEGA EL COMPROMISO

    ¿Por qué un exitoso abogado como lo fue Félix Ortega Aguilar se convirtió en caudillo que se enfrentó con las armas en la mano al gobierno federal? Hagamos historia. En 1911, luego del triunfo de Francisco I. Madero que dio término a la dictadura del general Porfirio Díaz, en el Distrito Sur de la Baja California se formó el Comité Democrático Sudcaliforniano, con el fin de participar en las elecciones de las nuevas autoridades. Al frente de esta organización política estaba Félix Ortega.

    Por desgracia. no duraron mucho en sus puestos los nuevos funcionarios, ya que, con el golpe de estado del general Victoriano Huerta, se nombraron nuevas autoridades afines a su gobierno. Así, el nuevo jefe político fue el doctor Federico Cota que tomó posesión a mediados de 1913.

    Cota se convirtió en un feroz acosador de los integrantes del Comité Democrático llegando incluso a detener algunos que como prisioneros fueron enviados a la ciudad de México y a otros a la población de Guaymas donde fueron fusilados. Ante tal situación, los partidarios de esa organización política mostraron su inconformidad y en reuniones secretas efectuadas en la hacienda de Las Playitas, acordaron oponerse contra ese gobierno usurpador.

    Algunos de los involucrados fueron Ignacio L. Cornejo. Alejandro E. Allinson, Luis Gibert, Eduardo R. Encinas, Nicolás Antuna, Simón R. Mendoza y Fernando Moreno. Todos estuvieron de acuerdo en que Félix Ortega se pusiera al frente de ese movimiento armado y fue así como se proclamó el Plan de Las Playitas el 20 de junio de 1913, firmado por Félix Ortega como presidente de la Junta Democrática Revolucionaria de la Baja California, y el secretario Simón E. Cota.

    En un informe que rindió Ortega declaró que “Consideré urgente emprender el movimiento sin más preparación y con 12 hombres que habían estado reunidos en mi hacienda, emprendí la marcha sobre el mineral de El Triunfo, llevando los únicos pertrechos que había reunido a fin de armar a otros hombres que me esperaban en las cercanías de dicho mineral”.

    Así fue el inicio de la Revolución en Baja California Sur. Los avatares de su lucha y el triunfo de ella, forman parte importante de esa etapa de la historia nacional y que aquí, en nuestra entidad, ha merecido el reconocimiento por su entrega a las mejores causas de México y de Sudcalifornia.

Abril 21 de 2026.