Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

jueves, 25 de agosto de 2022

UN ÁRBOL DESCONOCIDO

    La semana pasada mi hija Martha Patricia me invitó a visitar Todos Santos, un pueblo distante 60 kilómetros de la ciudad de La Paz. Su intención era localizar un terreno que adquirió tres años atrás, ya que la construcción de viviendas en esa zona podía afectar su propiedad.

    Las señas generales eran por el rumbo de “La Ahorcadita”, lugar donde existe una tumba en la que descansa una joven mujer que perdió la vida a manos de un celoso marido. Alrededor de ese suceso perdura una leyenda conocida por muchos habitantes de ese lugar.

    Gracias al profesor Néstor Agúndez me enteré de esa leyenda, misma que incluí en mi libro “Mitos, leyendas y tradiciones sudcalifornianas” publicado en el año de 2005. Aproveché también la oportunidad para insertar otro relato “Minachi” contado también por Néstor.

    Bueno, pero al visitar la tumba de “La Ahorcadita”, mi hija admiró un hermoso pero viejo árbol que protege el lugar, con su fronda de hojas verdes oscuras y alargadas. Mirándolo de pronto me preguntó: “Papá. ¿Cómo se llama este árbol?”

    Ahora sí, como se dice, me agarró en curva, porque no tenía la más remota idea de su nombre. Así es que opté por decirle: “No me acuerdo, pero trataré de investigarlo”. Nos retiramos del lugar, no sin antes cortar una pequeña rama del árbol desconocido y tomarle unas fotografías.

    Cuando regresamos a La Paz, aproveché la visita del buen amigo Humberto de los Ríos para mostrarle las fotos y las hojas del árbol, pero no logró identificarlo. “Ya sé lo que voy a hacer —le dije— llamaré a Heriberto Parra Hake, quien tiene un vivero en Todos Santos. De seguro él lo conoce”.

    Unos minutos después de la llamada telefónica, Humberto pegó un golpe sobre la mesa y exclamó: ¡Ya sé cómo se llama, es el árbol de San Juan! Y comenzó a platicar donde los había visto. Por coincidencia, sonó de pronto mi celular. Era Parra Hake quien confirmó lo dicho por mi amigo. Efectivamente, es el árbol de San Juan el que cobija la tumba de “La Ahorcadita”.

    Sobre el particular recordé que en mi biblioteca tenía el libro del profesor Maximino Martínez que habla de un viaje que hizo en el año de 1944 a la Baja California, cuyo contenido es una reseña del Territorio y de su flora. Ahí aparece el árbol de San Juan con su nombre científico: Forchammeria Warsoni Rose.

    Por su lado, Martha Micheline Cariño Olvera en su libro “Historia de las relaciones hombre naturaleza en Baja California Sur, 1500-1910” hace mención del árbol “Levántate Juan”, una planta medicinal útil para el dolor de cabeza, inflamación estomacal y de los bronquios.

    Por supuesto es una especie diferente al árbol de San Juan, ya que el otro lleva por nombre original Nicotiana Glauca conocido popularmente en Argentina y Bolivia como Palán Palán. Es del mismo género del tabaco corriente de la familia de las solanáceas. Esa planta en Baja California se le llama Levántate Juan.

    La investigación de los san Juanes me obligó a releer los libros de Maximino Martínez y Martha Micheline Cariño, dos obras interesantes por sus contenidos acerca de la flora bajacaliforniana. Pero, además, el profesor Martínez hace un ameno relato de sus recorridos por el sur de nuestra entidad, visitando pueblos y rancherías, levantando datos de la vegetación.

    —Cuando visitamos el rancho de Las Parritas —dice don Maximino— por la noche como no había camas disponibles, nos instalamos bajo un cobertizo, tumbados sobre un petate, en el suelo, vestidos. Una vaca se echó cerca de nosotros, a tres metros de distancia; los cochis y los perros venían a hurgar y a veces reñían. El cansancio, sin embargo, nos hizo dormir.

    Ahí, en un rancho de nuestra California, durmió un científico mexicano, miembro de la Sociedad Botánica de América, fundador de la Sociedad Botánica de México y autor del libro “Las plantas medicinales de México”.

Agosto 16 de 2022.

jueves, 11 de agosto de 2022

MIGUEL MATHES, EL HISTORIADOR

    En el mismo mes de su muerte —13 de agosto de 2012— escribí una crónica a la que titulé “La vida útil de Miguel Mathes”. Dice así:
“Cuando apareció publicado mi libro sobre la historia del Estado de Baja California Sur, en 1975, Alguien me sugirió enviara un ejemplar al doctor William Michael Mathes, maestro de la Universidad de San Francisco. A vuelta de correo me mandó una atenta misiva felicitándome, con la invitación que continuara escribiendo la historia de nuestro pasado para niños de esta tierra. De ese entonces seguí la huella de ese acucioso investigador y más porque muchos de sus libros aparecieron en español. Con el nombre de ellos y con sus artículos especializados se llenarían muchas páginas. A tal grado fue el tiempo que dedicó a escudriñar el pasado de la Baja California. Y no fue egoísta con sus conocimientos, como el hecho de que fue un colaborador permanente de la revista Calafia editada por la Universidad Autónoma de Baja California.

    Tuve la oportunidad de platicar con él en varias ocasiones, una de ellas cuando cuándo asistió a la conmemoración de los 300 años de la fundación de la misión de Loreto, en 1997. Ahí, en una mesa del restaurante de un hotel se acordó de mi libro y me preguntó cuántos más había escrito. Con nosotros se encontraban el doctor Miguel León Portilla, su esposa Ascensión y la señora Carmen Boone Canovas.

    Aquí en La Paz tuvo un amigo predilecto, el maestro Eligio Moisés Coronado. Con él, un domingo nos invitamos al estand de tiro del club Gavilanes y me sorprendió cuando llegó acompañado de Miguel Mathes. Y más cuando mi rifle se encasquilló y el doctor, echando mano de tosca herramienta en un dos por tres lo arregló. Ante mi sorpresa me explicó: “es que varios años trabajé en una armería de Nueva York”.

    Por razones de sus trabajos de investigación y sus viajes al extranjero poco a poco fue espaciando sus visitas a nuestra ciudad. Pero lo recordamos continuamente cuando hojeamos su libro Las misiones de California que escribió con el patrocinio del gobierno del Estado en 1977. O Cuando revisamos los dos tomos de Baja California, textos de su historia, aparecido en 1988. Y cuando queremos conocer algo más de la región sur de nuestro Estado, tener a la mano el libro Importancia del Cabo San Lucas escrito en coautoría con el licenciado J. Andrés Cota Sandoval.

    El 17 de enero de 1986, el gobierno de México le impuso la condecoración del Águila Azteca. En esa ocasión, con la sencillez que le era característica, hizo alusión a su amor por nuestro país y, en especial, a la Baja California. Quizá por eso intentó donar sus libros de su valiosa biblioteca a una de las instituciones educativas de nuestra ciudad. Ante la imposibilidad, ese acervo se encuentra hoy en la biblioteca de Zapopan, Jalisco.

    El día 14 de este mismo mes de agosto, la señora Carmen Boone nos dio la noticia: Miguel Mathes falleció. Murió apaciblemente soñando —dice doña Carmen— en las tareas pendientes por realizar. Los bajacalifornianos, y en especial los del sur, le debemos un reconocimiento a su obra”.

    Hasta aquí la crónica. En el transcurso de esta década, muchas instituciones académicas han reconocido la valiosa aportación de Mathes a la historia del noroeste de nuestro país. El Colegio de Jalisco, el de Sinaloa, UABC, el Centro de Estudios de México Carso y otros más.

    En un extenso artículo titulado “Kino en California”, el historiador Gabriel Gómez Padilla recrea parte del discurso que pronunció Miguel Mathes cuando le otorgaron la Orden del Águila Azteca. Uno de sus párrafos dice:
“Yo pertenezco a esa clase de estadounidenses que respetan a México y lo quieren por lo que ha sido y por todo lo que es… Hoy me siento más mexicano que nunca, y asumo el compromiso de no defraudar a quienes me han considerado merecedor de esta muestra de confianza y distinción”.

    De esa calidad era Miguel Mathes.

Agosto 10 de 2022.