Tras el cuartelazo que obligó a Ortega a refugiarse en los Estados Unidos, la revolución en Baja California Sur se dio por terminada, aunque Justino con su grado de capitán continuó la lucha iniciada por su padre. En ese mes de mayo Félix Justino se encontraba en San José del Cabo cuando le llegó la noticia de la traición a su padre. Con escaso armamento y hombres, no dudó en seguir combatiendo a las tropas federales ahora dirigidas por el mayor Urbano Angulo nuevo jefe político del Distrito, en lugar de Federico Cota.
Con más de cien hombres que se habían unido a su causa, entabló combates en Todos Santos, El Triunfo y Santiago. Después, cuando le fue imposible la permanencia en la región, se decidió por retirarse hacia el norte pasando por la zona de Intermedios—entre La Paz y Loreto—y allí se enfrentó a los federales que iban en su seguimiento.
Con dificultades llegó a los linderos de Santa Rosalía el 17 de septiembre de 1915 donde atacó a la guarnición militar que custodiaba el pueblo. Con varias bajas, el capitán Justino ordenó la retirada. Sin obstáculos, el grupo orteguista llegó al Distrito Norte donde el coronel Esteban Cantú los recibió en paz y les permitió establecerse como colonos o soldados. Con ello se cerró una etapa —dice Francisco Javier Carballo— de la revolución en la península que tuvo una duración de dos años, dos meses.
Habrían de pasar 55 años para que otro pintito, Félix Alberto Ortega Romero, revolucionaria la conciencia de los sudcalifornianos, pero ahora utilizando las armas del periodismo. Loreto 70 como un eco del pasado, es el mejor ejemplo de los anhelos de justicia ciudadana que logra, con su participación valiente y decidida, que los pueblos tengan los gobiernos que se merecen.
Pero ni Federico Cotas ni Urbano Angulo lograron someter a Félix Ortega y su hijo Justino. Fue por eso que en venganza fusilaron a Vicente hermano de Félix y el destierro de la familia, Doña Catalina Núñez y todos sus hijos.
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