Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

lunes, 26 de noviembre de 2018

Algo para recordar

El viernes pasado, 23 de noviembre, asistí a Ciudad Constitución para presentar el libro “Salvador González Moreno, pionero del Valle de Santo Domingo”, de mi autoría. Como en anteriores ocasiones el evento se efectuó en la Casa Amarilla y fue organizado por uno de sus hijos Rubén y el ayuntamiento de Comondú.

A las cinco de la tarde con un numeroso público, los familiares de don Salvador entre ellos y la presencia del presidente del ayuntamiento de Comondú, el doctor Walter Valenzuela y otros funcionarios, dio principio la presentación a cargo del profesor Leobardo Arce González y del cronista José Soto Molina.

Leobardo expuso parte del contenido del libro y José, por su parte, hizo mención de la importancia de conocer la historia de los hombres que a base de esfuerzos lograron hacer producir la tierra del Valle de Santo Domingo. También hizo mención de mi carrera como escritor y recordó otro libro anterior que escribí sobre esta región del estado de Baja California Sur.

El evento fue cálido y emocionó a los presentes cuando Irazema Arce, una de sus nietas e hija de María del Refugio González, cantó un corrido de su inspiración que fue ovacionado por el público. La composición se llama “A los González” y termina así: “Vuela, vuela, palomita/ por todos los pastizales/ ve y dile a mis abuelos/ que orgullosos estamos/ del apellido González.

Como en toda presentación, como autor autor hice uso de la palabra y en esta ocasión, llevado de la presencia de las hijas e hijos de don Salvador, Juanita, María del Refugio, Evarista, Beatriz y desde luego Rubén, además de nietos y bisnietos, solo tuve palabras de agradecimiento por haberme permitido escribir un poco sobre la vida y la obra de uno de los primeros pioneros que llegaron al Valle de Santo Domingo en el año de 1950.

--“El libro lo escribí con amor —les dije a los presentes— como un reconocimiento al hombre, quien junto con su familia y los demás colonos que fundaron el poblado Sebastián Allende, me aceptaron, me respetaron y me comprendieron como un maestro que por primera vez ejercía mi trabajo docente con los niños de ese poblado.

Y ahí, con la emoción reflejada en mi rostro, hice mención de Rubén, Evarista y Beatriz quienes fueron mis alumnos y hoy estaban presentes en este homenaje a su padre y de su querida madre, doña María. Después, al terminar la presentación, saludé a muchos familiares de don Salvador, entre ellos a Juan José, quien radicado en la ciudad de Guanajuato, viajó especialmente a fin de estar en este acto en honor a su abuelo. Así como también a la esposa e hijos de Adolfo González que viven en Puerto San Carlos.

--Soy María —me dijo al saludarme— la hija de Juana. Y entonces recordé que durante mi estancia en el poblado Sebastián Allende, fue la primera que nació en ese lugar para alegría de todos los colonos. Ella también se convirtió en la primera sudcaliforniana descendiente de padres jalicienses, un hecho de relevante importancia por todo lo que significa la identidad de los habitantes de esa región.

Y de una tierra que los acogió y les abrió sus entrañas para que la hicieran fructificar. Una región generosa que abrió sus brazos para recibir los despojos de muchos colonizadores —y también sus esperanzas de vida— pero que dejaron para la posteridad, además de su ejemplo de tenacidad, hijos y nietos que hoy forman las nuevas generaciones de comundeños.

El libro que se presentó incluye texto de la vida y la obra de don Salvador, fotografías y documentos inéditos, además de la letra del corrido compuesto por Irazema. Al final del texto escribí:

“Salvador González Moreno está sepultado en una tierra ajena a la que nació. Pero tengo la convicción de que eso hubiera preferido ya que fue la tierra donde logró con creces el bienestar de su familia y de otras que lo acompañaron al Valle de Santo Domingo, en 1950. Es la buena tierra que abriga a las mujeres y los hombres en agradecimiento por convertirla en una fuente de vida. Es la buena tierra que cada año florece, para reflejar, en sus frutos, la presencia de hombres valientes como don Salvador González Moreno”.

Noviembre 25 de 2018.

lunes, 19 de noviembre de 2018

Los talleres gráficos del municipio de La Paz


La noticia me causó sorpresa, aunque era previsible por la situación económica del ayuntamiento de La Paz: los talleres gráficos han sido suspendidos debido a que ocupaban un local rentado y el personal que lo atendía fue reubicado en otras dependencias del ayuntamiento. Y la maquinaria, maquinaria moderna guardada en el área de Comunicación Social.

Los talleres gráficos del ayuntamiento siempre han sido una parte importante de su administración. En ellos se imprime la papelería de diversas dependencias como la dirección de tránsito, la tesorería, oficialía mayor y el cabildo. También elabora folletos de información y en ocasiones, con la autorización del presidente municipal, la impresión de libros de diferente contenido.

A partir del año de 1972 en que se reinició la vida municipal de La Paz, el ayuntamiento contó con una modesta imprenta para sus necesidades más urgentes. Pero, además, atendió aspectos de difusión cultural elaborando folletos relacionados con la historia de nuestro estado y del propio municipio.

En el primer ayuntamiento presidido por el ingeniero Alfonso González Ojeda se editaron 14 cuadernos de divulgación histórico-cultural, entre ellos La Paz de Antaño de Rogelio Olachea, La calle en que vivimos de Eligio Moisés Coronado y Vergel Poético de Baja California Sur.

En el segundo ayuntamiento en la Colección Cabildo apareció el texto Descripción de la Antigua California de Joaquín Velásquez de León y el libro Las Misiones de Baja California de Miguel Mathes, edición en español e inglés. Y así, cada uno de los ayuntamientos hasta el año de 2018, publicaron textos de autores paceños, aunque unos lo hicieron más que otros.

Al respecto es necesario aclarar que algunas obras no fueron impresas en los talleres gráficos del municipio, pero formaron parte de su programa editorial. Tal fue el caso del libro Reglamento para el gobierno de la Provincia de Californias, 1781, de Felipe de Neve, editado en España y patrocinado por el VIII ayuntamiento. O la colección de cuatro libros de la autoría del licenciado Manuel Torre Iglesias, en la administración del III ayuntamiento.

En lo particular estoy agradecido por la oportunidad que me brindaron varios ayuntamientos a fin de publicar algunos de mis libros. En el 2001, a raíz de mi nombramiento como cronista del municipio de La Paz, los talleres gráficos imprimieron Calles y monumentos de la ciudad de La Paz y “Casos y cosas del municipio de La Paz. En el XI ayuntamiento aparecieron los libros La Paz y sus historias y Mitos, leyendas y tradiciones sudcalifornianas. En el XII ayuntamiento se editaron Historia del Municipio de La Paz y Narraciones de ayer y de hoy. Y en el IX ayuntamiento aparecieron El P. Gabriel González y otros ensayos y Relatos de la California Mexicana.

Por cierto este último ayuntamiento adquirió la moderna maquinaria con impresoras computarizadas y durante la administración del licenciado Armando Martínez Vega, se publicó mi libro Aconteceres de Baja California Sur, en el año de 2017.

Ahora, con la suspensión de la imprenta municipal desconozco si se le buscará un local adecuado que no afecte las finanzas del ayuntamiento que preside Rubén Muñoz Álvarez. O sí, como lo proyecta el actual director del Instituto Municipal de Cultura, Rolando Placier, formará parte de esa dependencia como apoyo fundamental de su programa editorial-

Yo he externado la opinión de que el costo de mantenimiento de los talleres puede solucionarse por medio de maquilas, tal como lo hace le imprenta del gobierno del estado el que, apoyado en el reglamento de esa institución, permite la impresión de obras mediante un presupuesto adecuado. El personal capacitado ya lo tienen, por lo que debe considerarse el funcionamiento de los talleres gráficos que han formado parte, desde siempre, de la administración municipal. Habrá que esperar.

Noviembre 19 de 2018.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Una oposición firme

No, no se trata de cuestiones partidarias, la oposición se refiere al establecimiento de industrias mineras a cielo abierto a las que se les ha dado en llamar “minerías tóxicas”. Y es a propósito de lo dicho por el gobernador Carlos Mendoza Davis en su tercer informe de gobierno.

En su comparecencia afirmó “Mi posición es indeclinable: no validaré ningún proyecto que comprometa nuestros recursos naturales. Ninguna inversión lo vale. El patrimonio ambiental de nuestros hijos no tiene precio. No está a la venta” La alusión era clara, refrendó su oposición a la minería tóxica y a la depredación de los mares sudcalifornianos y sus lechos marinos.

Instituciones y grupos de ciudadanos se han identificado con esta enérgica postura del gobernante, entre ellos los senadores por Baja California Sur, miembros del congreso local y, de manera radical las asociaciones civiles como El frente ciudadano en defensa del Agua y de la Vida. Y, de manera particular, el pronunciamiento de los diputados Elizabeth Rocha Torres y José Luis Pérpuli Drew.

En ocasión de la visita al pueblo de Loreto en el pasado mes de octubre, presentaron ante el pleno de la XV Legislatura una iniciativa a fin de modificar los artículos 2 y 148 de la constitución política del estado, con el objeto de que los gobiernos municipales no autoricen el uso del cambio de suelo a proyectos mineros metalúrgicos alguno, y que utilice en su proceso de lixiviación cianuro, mercurio y cualquier otra sustancia que pueda contaminar los suelos y las aguas.

Los habitantes de todo el estado han estado pendientes de este intento de establecer ese tipo de minas en el suelo sudcaliforniano. Y va ya para varios años en que renuevan esos aviesos propósitos llevados de las ganancias que obtendrán a costa de depredar la naturaleza de esta región de nuestro país. Con sus influencias ante las autoridades mineras del gobierno central, están tercos y dispuestos a establecer ese tipo de minas en nuestro suelo. En contubernio con empresas extranjeras han conseguido concesiones mineras a todo lo largo y ancho de nuestra península.

Pero como ha expresado el gobernador Mendoza Davis la explotación de la minería tóxica no se va a poder, porque todos los buenos sudcalifornianos nos opondremos a ella. Así que es mejor que le busquen por otro lado, porque aquí nanay.

Por cierto, la iniciativa con proyecto de decreto de los diputados Rocha Torres y Pérpuly Drew está muy bien fundamentada. En los considerandos llaman la atención sobre la contaminación de los suelos, del agua superficial, del agua subterránea, de la flora y de la fauna, además de los cambios en el microclima y el impacto social y económico en la población.

Ojalá la legislatura local apruebe esta iniciativa y se reformen y adicionen los artículos 2 y 148 de nuestra constitución. Ojala, porque a veces, la codicia origina lamentables decisiones que afectan la conservación de nuestro medio ambiente. La iniciativa convertida en decreto será el sustento legal para que los ayuntamientos nieguen el cambio de uso del suelo, un requisito que invalida todo intento de explotar la minería a cielo abierto en Baja California Sur.

De cualquier forma, se debe permanecer vigilantes ya que los grandes consorcios mineros siempre buscarán los resquicios para lograr sus maquiavélicos fines. Pero ante ello, el pueblo sudcaliforniano a una sola voz exclamará. ¡No pasarán! Y es que sin esperar la consulta ofrecida por el próximo presidente de nuestro país, nosotros,; los habitantes de Sudcalifornia ya decidimos: ¡No a la minería tóxica!

Mi reconocimiento a los diputados Elizabeth Rocha Torres y José Luis Pérpuli Drew por su manifiesta defensa de lo nuestro.

Noviembre 14 de 2018. 

viernes, 2 de noviembre de 2018

El Archivo Histórico Pablo L. Martínez

En nuestra ciudad de La Paz existe una institución cultural que resguarda parte de la memoria del pasado bajacaliforniano. Se trata del Archivo Histórico que lleva el nombre del maestro e historiador Pablo L. Martínez. Lo menciono porque ayer, por la mañana, se presentó la plataforma digital del acervo que resguarda, consistente en fondos documentales, fotografías, mapas y libros.

Con esta innovación tecnológica, además de facilitar la consulta utilizando los recursos electrónicos, esta institución se ha convertido en una de las mejores  de nuestro país, dado que cualquier persona puede acceder a esta información sin necesidad de acudir a ese recinto cultural.

Y esto nos lleva a recordar—ya lo he hecho en otras ocasiones—los orígenes de ese archivo que contiene documentos de los siglos XVIII, XIX y XX. Para ello retomo el recuerdo del historiador Miguel León Portilla quien en los años sesenta recorrió parte de la península de la Baja California. Dice él, que en La Paz preguntó por el archivo histórico y ante la ignorancia, alguien recordó que en la azotea de la cárcel, en un cuarto, había muchos papeles viejos. Al estarlos revisando, encontró  el acta de adhesión de la California a la República Federal, de 1824, México.

Encontró otros valiosos documentos del siglo XIX, algunos con rastro de sangre. Al preguntar sobre ello le explicaron que ahí castigaban a los presos a base de golpes haciéndolos sangrar, y se limpiaban con esos “papeles”. Por la importancia de ese acervo ignorado hasta ese entonces, el doctor León Portilla le ofreció la colaboración del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM al gobernador Hugo Cervantes del Río a fin de organizar ese archivo.

Dos maestras enviadas para el efecto capacitaron al personal que se encargó del rescate y clasificación de los documentos. Así nació el Archivo Histórico de La Paz que funcionó en diversos lugares, entre ellos la Unidad Cultural Profesor Jesús Castro Agúndez, en la planta alta. Y ya a partir del 5 de noviembre del 2013 ocupa un edificio propio en la misma Unidad.

Pero los documentos que encontró el doctor León Portilla tienen una historia vieja por los continuos peligros a que se vieron expuestos en el siglo antepasado. En 1822, cuando Loreto fue invadido por corsarios chilenostripulando el barco El Araucano, muchos documentos de la época de los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos fueron sustraídos por ellos. Después, durante la guerra con los Estados Unidos en 1847 y 1848, los invasores se apropiaron de importantes documentos que fueron a parar en las bibliotecas de ese país. Posteriormente, en 1853, el aventurero William Walker al apoderarse de La Paz, permitió que sus soldados hicieran cartuchos con ellos. Y el colmo, cuando se retiró de nuestra ciudad con rumbo a Ensenada cargó con todos los documentos, junto con el gobernador Rafael Espinoza.

Afortunadamente, Espinoza logró convencer al capitán del barco para que los regresara a La Paz. Así, entre sobresaltos e indiferencia de los gobiernos en turno, el archivo documental perduró hasta el año de 1928 cuando el general Amado Aguirre, gobernador en funciones, hizo lo posible por organizar los documentos existentes, incluso mandó editar un libro en el que se incluyeron algunos de los más importantes.

Prueba del valioso acervo documental del AHPLM son los libros publicados por investigadores de la UABCS, de la Asociación de Escritores y particulares, como los que publicaron recientemente Rosa María Mendoza, Edith González Cruz, Eligio Moisés Coronado y Gilberto Ibarra Rivera.

Cabe el privilegio de la maestra Elizabeth Acosta Mendía, directora del AHPLM, dirigir una institución que resguarda una parte trascendente del pasado de Baja California y, en especial, de Baja California Sur. Acervo que con la plataforma digital podrá ser consultada en todo el mundo.

Por otro lado, vale la información que el 11 de enero de 1972 se le impuso el nombre del historiador Pablo L. Martínez, como un homenaje permanente a su calidad de ilustre sudcaliforniano y cuyos restos descansan en la Rotonda de esta ciudad de La Paz.

Noviembre 01 de 2018.

sábado, 27 de octubre de 2018

Los libros y la Baja California

Ayer, por la tarde noche, Eligio Moisés Coronado presentó su nuevo libro “California del sur bibliográfica”. Fue una edición del Archivo Histórico Pablo L. Martínez y los que lo acompañaron en la presentación fueron los escritores Olga Freda Cota Gándara y Rubén H. Sandoval.

A Eligio Moisés se le vio de buen humor y con cara de satisfacción. Y como no, si esta obra se suma a otras tantas publicadas en años anteriores de su autoría, todas referentes a California y a Baja California Sur. Por falta de espacio solamente mencionaré dos, “Descripción e inventarios de las misiones de Baja California, 1773” y “La rebelión de los Californios”, este último editado en Madrid, España.

Las fichas bibliográficas que aparecen en su libro suman 185,        incluyendo autores locales, nacionales y extranjeros. “Y faltan aún otros más —acotó el autor— porque las obras referentes a California son innumerables”.  Así es que aparecen las que consideró más importantes, para conocimiento de los estudiantes, de los investigadores y personas interesadas en la historia de esta región de México.

Eligio Moisés recordó que anteriormente Ellen C. Barrett había escrito un libro al que tituló “Baja California Collection” con la inclusión de cinco mil fichas bibliográficas referentes a la historia, geografía, arqueología, flora y fauna, industria, economía etc. y que un alto porcentaje de estas obras son de autores norteamericanos, entre ellos Harry Crosby, Peter Gerhard, Albert B. Niesser y Ernest J. Burrus.

Tenía interés por conocer este libro de Barrett y en una ocasión en que visité la casa de mi buen amigo Ricardo García Soto, al platicarle de mi interés por esa obra, me dijo, de pronto “yo lo tengo y si quieres te lo presto”. Lo tuve en mi poder varias semanas y pensaba que con eso de que lo prestado es pariente de lo dado, a lo mejor olvidaba que me lo había facilitado. Pero no, en la primera ocasión me recordó lo del préstamo y muy a mi pesar se lo devolví. Y es que libros como ese es muy difícil conseguirlos.

Por eso, ahora que Coronado dio a conocer los principales libros que se han escrito sobre Baja California me haré de un ejemplar dado que es una obra de gran interés bibliográfico. Aunque muchos de esos libros —algunos en español y otros en inglés— no pueda adquirirlos, porque se encuentran fuera del alcance de mi presupuesto. Por ejemplo, el libro “Antigua California” de Harry Crosby, escrito en inglés cuesta 65 dólares lo que significan 1300 pesos mexicanos.

Por otro lado y ante la imposibilidad de adquirir esos libros, se tiene por opción acudir a las bibliotecas públicas, pero estas no tienen en existencia esos ejemplares. Otra opción es preguntarle a los amigos investigadores, pero en caso de tenerlos no los facilitan por aquello de que “lo prestado…”.

En alguna ocasión comenté sobre la necesidad de reabrir la biblioteca de las Californias, un recinto especializado en libros sobre esta parte de nuestro país y que en mala hora un gobernante la clausuró. Decía yo que el acervo se podría enriquecer con donaciones de parte de los historiadores y de instituciones afines. Es cuestión de proponérselo al gobierno del estado a través del Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

No está demás felicitar a la maestra Elizabeth Acosta Mendía, directora del AHPLM por su interés en editar esa clase de libros dedicados a la Baja California, sobre todo ahora que intereses ajenos a nuestra identidad tratan de ignorar la historia  y con ella la palabra California, razón de ser de todos los que vivimos y amamos a esta tierra. Y claro, felicitar también a Eligio Moisés Coronado por este nuevo libro de su autoría.

Octubre 26 de 2018.

viernes, 19 de octubre de 2018

California, a secas

Tengo por costumbre leer por las mañanas la sección de opinión del periódico El Financiero que se edita en la ciudad de México. Ahí escriben periodistas de buen prestigio como Raymundo Riva Palacio, Enrique Quintana, Pablo Iriart y Salvador Camarena. Algunos de sus artículos interesantes los bajo de internet, los imprimo y sirven como fuentes de consulta para mis crónicas.

Nomás que el artículo de Camarena publicado el 17 de este mes no me gustó, entre  cosas porque hace mención de una Baja sur que no existe en la división política de nuestro país. Lo malo es que sus artículos tienen mucha difusión y son leídos por infinidad de personas las que, al igual que yo, se preguntarán dónde queda esa entidad.

Quiero pensar que el señor Camarena es una persona culta y sabe que no existe una Baja sur. O a lo mejor se imaginó que Baja California Sur lo cambiaron por ese otro y es por eso de su mención en el escrito de referencia. De todas formas es una equivocación que no debe repetir, dado que agravia a todos los que vivimos en esta tierra.

Ahora bien. ¿De dónde tomó el periodista los vocablos de Baja sur? La respuesta es fácil, ya que de unos veinte años acá, a raíz de la apertura al turismo internacional, la publicidad de hoteles, comercios e inmobiliarias difunden estos vocablos sin que haya ninguna autoridad que se oponga. Y eso que existe un decreto que lo prohíbe.

Por eso mismo, es común encontrar en las redes sociales o a través de los correos electrónicos los términos Baja sur. Así, por ejemplo, aparece una página llamada kpasapp que difunde una agenda de eventos culturales en español, pero también en inglés, Y se titula así: Eventos Baja Sur. ¿Se imaginan ustedes hasta dónde llega esa desinformación?

Algunos ignorantes dicen que el nombre de nuestro estado es muy largo y por eso se prefiere Baja sur. Más que ignorantes mal intencionados, pues quitan lo que identifica a esta tierra que es la palabra California. Historiadores como Carlos Lazcano, Eligio Moisés Coronado y Domingo Valentín Castro Burgoín, realizan una campaña permanente en defensa de nuestro nombre original, y para evitar confusiones e intereses de muy mala leche, dispersan la idea de que nuestro estado se llame California, a secas.

¿Pero, cómo? dirán, si ya existe una California en Estados Unidos. Y al hacerlo aparece el peine y el por qué lo de Baja sur. Hace muchos años, en 1980 para ser exactos, Francisco Arámburo Salas en su libro Siluetas de Sudcalifornia auguró que los gringos se quedarían con la palabra California y nos dejarían el término Baja. Y parece que para allá vamos si no se pone el remedio a tiempo. Ya ven lo que escribió el periodista Camarena.

Es que, como dice el proverbio, la costumbre se hace ley a base de repetirla. Y los que amamos esta tierra no estamos dispuestos a permitirlo. Antes al contrario, debemos iniciar una campaña de concientización entre los niños, los jóvenes y los adultos, a fin de que se olvide el término Baja y se recupere el de California. Los maestros y las autoridades tienen en sus manos esta responsabilidad.

Personas interesadas en el tema opinan que el nombre de nuestro estado puede ser el de California, Sudcalifornia, Antigua California o California del Sur. Cualesquiera, pero que no desaparezca el vocablo que nos identifica. Y vean ustedes la diferencia cuando expidamos una carta, un oficio u otro documento: Estado de California, México. O bien, Estado de Baja, México. Esto último para alegría de los malinchistas locales.

Vaya pues a lo que me ha obligado a escribir el señor Camarena. Ahora lo menos que puede hacer en desagravio es hablar un mucho sobre el origen de la palabra California. Verá que nos asiste la razón. Y mientras tanto sigo leyendo sus interesantes artículos.

Agosto 19 de 2018.

lunes, 15 de octubre de 2018

Amérigo Vespuccio, el ignorado

El día doce de este mes, como lo señala el dicho popular “pasó sin pena ni gloria” en nuestra ciudad y en otros lugares del estado. A lo mejor es por el paso de tiempo ya que son 526 años transcurridos desde que Cristóbal Colón descubrió el continente americano, en 1492.

Por cierto, un amigo curioso me preguntó de dónde había salido el nombre de América como se le conoce a nuestro continente, porque lo más adecuado es que le hubieran puesto Colombia o algo parecido en honor a su descubridor. Bueno —le respondí— el origen del nombre tiene una historia interesante.

En el año de 1502, un marino italiano, Amérigo Vespuccio, se embarcó en una flota que recorrió la parte sur de las tierras descubiertas por Colón, desde el río de Janeiro hasta la Patagonia argentina. En otro viaje llegó hasta el río de La Plata y ya en 1505, con el navegante Juan de la Cosa, continuó sus exploraciones en la parte sur del continente.

Con esas experiencias, escribió dos cartas a las que tituló “MundusNovus” en las que relata sus recorridos en los cuatro viajes que realizó. No se imaginó que estas misivas se convertirían en dos éxitos literarios que se tradujeron a muchas lenguas, además de que originaron un cambio radical en las ciencias geográficas de esa época.

Vespuccio, dueño de un amplio conocimiento del mundo conocido, insistió en que las tierras descubiertas por Colón no eran parte de Asia, sino una tierra completamente nueva. De esto se valió un grupo de geógrafos y poetas residentes en el monasterio de Saint Dié, en la región de Lorena, Italia, para bautizar al continente recién descubierto como América.

Pero ese bautizo no fue del agrado de muchas personas quienes acusaron a Vespucccio de plagiario y de ladrón. Una de ellas, el obispo Batolomé de las Casas dijo de él que era un envidioso que con malas artes le había robado la gloria a Colón. Pero fue el escritor inglés Ralph Waldo Emerson quién lo recriminó diciendo: “Sorprende que la América grande hubiera de llevar el nombre de un ladrón, Amérigo Vespuccio, vendedor de encurtidos en Sevilla…cuyo más alto rango naval fue el de segundo contramaestre en una expedición que no zarpó nunca, pero que logró ingeniarse en este mundo hecho de mentiras, para suplantar a Colón y bautizar medio planeta con su nombre nada honorable…”.

A Vespucio lo denigraron sin merecerlo. Con la creencia de que Colón descubrió las indias, creían que lo más propio era llamarle las Indias Occidentales, pero Amérigo propuso el de Nuevo Mundo. Que sus admiradores hayan insistido en nombrarlo América, iba más allá de su modestia y de hombre de ciencia.

Pero sus buenas intenciones no fueron escuchadas. A pesar de las rectificaciones históricas de connotados investigadores, todavía en el siglo XVIII no se borraba su mala imagen. Y así, poco a poco fue quedando en el olvido. Aún ahora, en pleno siglo XXI, cuando se habla del descubrimiento de América, sólo se hace mención de Cristóbal Colón y de pasadita de Vespuccio a quien no se ha dado el reconocimiento que merece.

A lo mejor por eso Germán Arciniegas, ensayista e historiador colombiano, ha escrito un libro sobre la vida y época de Amerigo Vespuccio, libro que tituló “América, 500 años de un nombre”. Y dice una verdad: en todas partes está el nombre de Colón—aquí en La Paz existe un Jardín de Niños—pero el de Amérigo está ignorado. Bien haría el ayuntamiento paceño poner su nombre en una de las calles de nuestra ciudad capital.                                            

Octubre 15 de 2018.