Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

martes, 26 de enero de 2021

ELLA


      Han pasado siete meses, largos meses, esperanzados en que el lacerante recuerdo de la ausente mitigue un poco lo que ocasionó su partida.  Y la voz mensajera de Pablo Neruda clama angustiada: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche/ sentir que no la tengo. Sentir que la he perdido/ Como para acercarla mi mirada la busca/mi corazón la busca y ella no está conmigo”.

     No, ya no está. Ella descansa para siempre después de las fatigas de la vida. Sola sin que alguien como yo, su leal compañero, pueda acompañarla. Lo único que nos queda, que me queda, es el eco de su voz y el aura testigo de su presencia entre nosotros. Por eso ésta desesperada elegía: 

ELLA

 Ella fue solitaria y plural rodeada de afines compartiendo alegrías y tristezas.

Ella fue arena y cal, fuerte, sólida, sin resquebraduras, inmaculada.

Ella retó a la vida en busca de momentos felices, de fugaces intentos de placer.

Y así transitó años valientes, decidida, sin miedo a lo desconocido.

Y la mirada alerta, desafiante, protegiendo a los suyos con la fuerza de su amor.

Ella fue para todos la razón de ser, que compartió lo mejor y lo peor de la vida.

Por eso la añoranza, angustia y soledad por su ausencia sin retorno.

Por eso mis noches de insomnio, desconsoladas, impotentes.

Ella se fue para siempre, estrella solitaria en el polvo de la nada.

Y ya no hay camino por recorrer sin ella, por la que se fue al infinito.

Así son las cosas en esta vida, atroces cuando la muerte llega.

Ella fue lo mejor para mí, y las lágrimas amargas de un amor destrozado son el reflejo de mi soledad.

Así fue Cande, la esposa inolvidable.

 

Enero  de 2021

jueves, 10 de diciembre de 2020

LA COMPAÑERA

 Antier, día ocho, se cumplieron seis meses de tu partida. Un largo tiempo que no logra acabar con la angustia y la desolación que sigue mellando mi corazón. Pero me reconforta todas las mañanas cuando, frente a tu última fotografía que te tomé en la finca que lleva tu nombre, te doy los buenos días, te platico de como me fue el día anterior y, entre lágrimas, el desconsuelo porque ya no estás a mi lado. Y ya van seis meses que hago lo mismo. Y lo haré hasta que la muerte acabe conmigo. No en vano fuiste mi compañera durante gran parte de mi vida y por eso extraño mucho tu ausencia. En estos días, con el invierno encima, trato de abrazarte y solo el vacío encuentro a mi lado. Y la angustia renace. Mi amor de siempre me abandonó y atrás quedan miles de recuerdos de su compañía. Por eso, con palabras tristes, dedico estos versos a la se fue.

 

LA QUE SE FUE

 Te fuiste como las nubes viajeras,

como las golondrinas fugaces,

te fuiste como rosas marchitas

dejando su aroma en la orfandad.

Me abandonaste y no hay respuesta

que mitigue mi dolor por tu ausencia,

cuando los días eran nuestros amigos

y las mañanas alegraban nuestros corazones.

Te fuiste y la pregunta quema mis labios

como un triste crisol que se apaga,

¿por qué me abandonaste, por qué?

y el silencio ahoga las prisas por saberlo.

Ahora que ya no estás

extraño los años felices,

los tiempos eternos

testigos de nuestro amor.

Pero ese amor te alcanzará,

mis pasos serán los tuyos,

y entonces, como presagio,

tú y yo, juntos para siempre.

 

Diciembre 10 de 2020

miércoles, 4 de noviembre de 2020

MI ESPOSA Y EL ALTAR DE MUERTOS



Cada año, el 2 de noviembre, visitábamos el panteón de los San Juanes para llevarles ramos de flores a nuestros familiares que reposan en ese lugar: mis padres, mi hermano Juan con su esposa y Guillermo, el hijo primogénito. Desde luego lo hacíamos varias veces al  año, pero ese día de noviembre tenía gran significación para nosotros. Cumplíamos con un ritual tradicional el cual forma parte de la cultura de los mexicanos.

Nomás que en esta fecha también visitaríamos la tumba de mi esposa después de casi cinco meses de haber fallecido. Pero no fue posible por la prohibición de entrar al panteón debido a los probables contagios del coronavirus. Algo teníamos que hacer al respecto y por eso la familia opinó la conveniencia de colocar un altar de muertos en el corredor interior de la casa que fue nuestro hogar durante muchos años.

Martha Patricia con su compañero Víctor y sus hijos Eduardo y Samantha se ocuparon de levantar el arco con ramales de palma cocotera adornados con flores artificiales de color del zempasuchitl. Más tarde, Ana María, Sandra Luz y Virginia colocaron las ofrendas en las que incluyeron pan, frutas, platillos de comida y bebidas. Al fondo del altar estaban las fotografías de mi esposa y de mi hijo. Además, una estimada amiga de la familia, Lupita, llevó la fotografía de sus padres ya fallecidos recientemente que fue colocada también en el altar.

En el año de 2016 escribí una crónica relacionada con los altares de muerto debido a la exposición que hizo de ellas el Colegio Juan Pablo II. Después de la visita hice el comentario siguiente: “Como parte de la permanencia de las tradiciones mexicanas siempre es recomendable revivirlas cada año. Y aunque estas llevan mucho de religiosidad, forman parte de las costumbres mexicanas las cuales, de una u otra forma, deben ser inalterables como sustento de la identidad nacional. Además, profundizar en los orígenes de los altares conlleva la adquisición de conocimientos de la historia antigua de México, de la cultura azteca y sus simbolismos”.

Todo lo anterior regresó a mi memoria cuando contemplaba  el altar familiar y el hecho de que por primera vez un símbolo mortuorio estuviera en nuestro hogar. Ahora, en vez de una visita rápida al cementerio, pudimos tener cerca a Cande y Guillermo, los dos ausentes por los que hemos derramado lágrimas y un duelo que no termina nunca. Y junto a nosotros —esposos, hijos, nietos y algunos bisnietos— oramos por su eterno descanso, a la par que les aseguramos que nunca los olvidaríamos. Toda la tarde y parte de la noche estuvimos sentados frente al altar en una comunión entre la vida y la muerte esperanzados en que, el tributo a su memoria, nos permitiera su presencia inmanente que pudiera consolar nuestros corazones.

Al día siguiente, por la mañana, los mismos que habían colocado el altar de muertos lo retiraron y solo quedó el arco, todavía  luciendo las flores de zempasuchitl. Ahí permanecerá varios días como una entrada al más allá donde moran nuestros seres queridos.

Respecto a la expresión “Más allá” tal vez recuerden mis lectores La Divina Comedia de Dante Alighiere donde éste acompañado del poeta Virgilio recorre el infierno, el purgatorio y el paraíso, lugar donde Dante encuentra a Beatriz. En la interpretación de La Divina Comedia Dante es el poeta peregrino ejemplo de la condición humana; Virgilio que representa el pensamiento racional y la virtud, y Beatriz  quien representa la fe.

En lo que respecta a mi esposa y nuestro hijo Guillermo estamos seguros que ellos se encuentran en el paraíso porque ellos fueron personas de mucha fe y siempre ofrecieron lo mejor de sí mismos para la felicidad de los que los rodearon. Por lo demás, si algo tiene el coronavirus, aparte de su maldad, es que ha permitido unir más a las familias reencontrando en el amor y la comprensión los valores que hacen más llevadera la vida. 

Y, por supuesto, los altares de muerto contribuyen a recordar esos valores humanos de los que se ausentaron y ahora están en el paraíso.

Noviembre 03 de 2020.

lunes, 2 de noviembre de 2020

Carmen Boone y el SJ Jaime Bravo

A escaso un día del arribo a La Paz del padre jesuita Jaime Bravo, quien llegó con el propósito de establecer la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, hago un breve recuerdo del misionero y de los trabajos de investigación que realicé a fin de dar forma a un ensayo que subtitulé “Jaime Bravo, fundador de la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz” que apareció en mi libro Tres Hombres Ilustres de Sudcalifornia, editado en el año de 2002 por el XIII Ayuntamiento del Municipio de La Paz.

En la investigación que llevé a cabo eché mano de los informes escritos por los padres Jaime Bravo, Juan de Ugarte y Clemente Guillén que aparecen en el libro “Testimonios sudcalifornianos”, con la edición, introducción y notas del mismo autor. Por cierto fue una edición de la serie “Cronistas” patrocinada por el VI Ayuntamiento de La Paz y el CONACULTA.

Por supuesto me basé en los cronistas Miguel Venegas, Miguel del Barco y Francisco Javier Clavijero. Y entre los más recientes la biografía de este misionero escrita por Antonio Ponce Aguilar. Tenía conocimiento de los informes y cartas enviadas por Bravo a diversas autoridades religiosas y personajes civiles, pero fueron difíciles de conseguir. Por eso, valiéndome de la amistad de doña Carmen Boone Canovas radicada en la Ciudad de México, le pedí me enviara unas copias de los originales que existen en la Biblioteca Nacional de México. Al paso de los días me las mandó por lo que tuve la oportunidad de incluir unos fragmentos de ellas.

Además, doña Carmen me recomendó el libro “El noroeste de México. Documentos sobre las misiones jesuitas, 1600-1769” de Burrus-Zubillaga y que Harry Crosby y Polzer, en sus libros, se habían ocupado de él. Lamentablemente las fuentes citadas por mi amiga no son fáciles de conseguir aunque, por otra parte, los datos del misionero están completos en las crónicas que mencioné al principio.

En el ensayo hablé sobre la iglesia que se construyó y el misterio de su ubicación en La Paz, así como su destrucción. Al respecto escribí: “Pero todavía queda la incógnita de la desaparición de la misión que Bravo edificó en La Paz. Los trabajos de las primeras excavaciones revelan por las medidas que eran para la construcción de la iglesia. Sin embargo en todos los informes que se conocen del padre ninguno hace alusión de ella y las clases de materiales que utilizó. Vaya, ni siquiera un plano o croquis se conocen. En los ocho años que estuvo al frente de la misión bien pudo terminar una iglesia sólida, adecuada para sus tareas de evangelización. Experiencia la tenía, pues él dirigió la construcción de la iglesia de Loreto antes de establecerse en el puerto de La Paz”.

 “Podría pensarse que durante la insurrección de los indígenas en 1734 la iglesia fue destruida dado su abandono durante dos años. Al regreso del padre Guillermo Gordon, éste continuó con los oficios religiosos prueba de que la parroquia estaba en pie. En los siguientes trece años—la misión se abandonó en 1749—bien pudo conservarse incluso haciéndole reparaciones.

Hasta la fecha se ignora el lugar de La Paz donde el padre Bravo instaló la misión. En la calle Zaragoza se encuentra un letrero indicando que en ese lugar se fundó la misión, pero los jesuitas siempre tuvieron cuidado de escoger un terreno plano, incluso cerca de un manantial, por lo que no es posible que en una ladera como es donde se encuentra la calle mencionada haya sido el sitio para instalar la iglesia, la vivienda del padre y las chozas de los indios que servían en la misión.

Así es que ahora, cuando el 3 de noviembre se recuerde al padre Jaime Bravo, solamente la ciudad puede hacerlo por un callejón al este de la ciudad que lleva su nombre. Y después de 300 años de la fundación de la misión no hay ningún vestigio de su existencia ni tampoco un reconocimiento a la memoria de este misionero por medio de una estatua colocada en la calzada Forjadores de Sudcalifornia.

Aunque bien a bien deberían colocarse otra dos, las de Juan de Ugarte y Clemente Guillén, propulsores de la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz.


Noviembre 02 de 2020 

lunes, 19 de octubre de 2020

IN MEMORIA

Mañana mi esposa Cande cumpliría 82 años pues nació el 20 de octubre de 1938. Como los años anteriores la íbamos a festejar con el clásico mole de gallina y cantarle las mañanitas, además de las felicitaciones y los obsequios de sus hijos, nietos y bisnietos. Y recibiría esas atenciones con lágrimas de sus hermosos ojos verdes, y también con la alegría de todos nosotros para la que fue en vida esposa, madre, abuela y bisabuela.

No todos los deseos se cumplen en esta vida llena de actitudes optimistas. Íbamos a festejarla, pero su muerte repentina lo impidió, y en vez de la algarabía, mañana los recuerdos volverán más nítidos debido a su ausencia y la tristeza invadirá nuestros corazones, y su hogar que le dio cobijo en sus momentos difíciles, repetirá el eco de su voz en un intento de volverla a sentir entre nosotros.

Mañana depositaremos en su tumba flores de su jardín y sus hijos Ana María, Martha Patricia y Juan Pedro, junto con su nieta Martha y yo, musitaremos la promesa de que nunca la olvidaremos. De que así como ahora, siempre habrá flores en su tumba regadas con las lágrimas de los que tanto la quisieron. Y es que una mujer como ella no es fácil de olvidar, al menos para los que la conocimos en lo más íntimo de su ser. De su bondad, de su comprensión, del amor que sintió y demostró por su familia.

Ya han pasado cuatro meses de su partida y parece que fue ayer cuando la acompañamos a su última morada en el panteón de los San Juanes. Tal es la angustia que permanece afianzada en nuestros recuerdos, angustia por comprender que nos abandonó cuando no lo esperábamos y que se fue para siempre de nuestro lado. Pero también desolación por la esposa que aunque la buscamos ya no está con nosotros y solo quedan los deseos en el vacío.

Pero pensar en ella conlleva un dolor permanente convertido en amargura por haberla perdido, Y saber que ya nada será igual cuando falta su presencia y es por eso las lágrimas como un consuelo, aunque no podrá evitar el sufrimiento causado por su muerte. Cuánta razón tiene Fernando Savater cuando dijo: “Con la pérdida de mi amada, perdí también el afán de futuro y sobre todo el regocijo de la vida”.

No hay homenaje mejor para ella que mi devoción a su recuerdo. A los muchos años que compartimos penurias, sobresaltos, enfermedades y lo mejor y más entrañable, el amor que nos tuvimos, un amor que trascendió a nuestros hijos y que fue capaz de formar una familia ejemplar.

Es por eso de mis lágrimas y la soledad de mi alma. A mis años más que a los demás, me cobijaba con su ternura y yo a mi vez le correspondía estando siempre a su lado, felices, olvidando que éramos dos ancianos unidos por los lazos indisolubles de un matrimonio bendecido por Dios. Y cuando compartíamos esa felicidad vivíamos el presente sin pensar que el futuro podría amenazar nuestras vidas.

Ahora, la crueldad del destino cobró su precio y nos dejó desamparados para siempre. Sin palabras para expresar la profunda tristeza y el eterno sufrimiento por la esposa que ya no está a nuestro lado, repito un fragmento de un poema de Savater, el escritor que durante cinco años llora diariamente por su amada desaparecida:

“Gracias por no rendirte a nada ni a nadie,

sobre todo a mí. Tu fuerza me derrota

pero me hace más fuerte.

Y, sobre todo, gracias por nuestras mañanas,

por no dejarme solo jamás,

por no consentir morirte nunca…

Solo una promesa.

Dicen que se las lleva el viento,

pero no hay vendaval que pueda con esta.

Escucha, amor mío:

pase lo que pase

a despecho de temores, temblores y tumores,

más allá del tiempo y del espacio,

óyeme, te lo juro

y venceré al infinito para cumplir mi promesa:

Sara, corazón, ¡mañana nos miramos!

Materia dispuesta.                

 Octubre 19 de 2020.

martes, 13 de octubre de 2020

UN SANTO MILAGROSO

 El sábado hicimos una visita rápida a Cabo San Lucas, con el fin de recoger los auxiliares auditivos que tres semanas antes había comprado en la tienda departamental Cotsco. Me acompañaron mis hijas Ana María, Sandra Luz y Martha Patricia y mi yerno Ramón que fue el chofer designado.

La permanencia en Cotsco no fue tan breve dado que la doctora encargada del consultorio me sometió a varias pruebas de sonido con el fin de graduar mis auxiliares y probar su efectividad. Este examen duró más de una hora, por lo que la familia aprovechó el tiempo para adquirir varios productos. Me llamó la atención el gran número de visitantes, aunque todos protegidos con cubrebocas, incluyendo los turistas extranjeros.

Al final del examen, me recomendaron que volviera dentro de quince días llevando los datos del comportamiento de los auxiliares y corregirlos en caso de algunos defectos durante su uso. Así es que, salí de la tienda muy orondo luciendo en las orejas los aparatos que resolverán mi sordera. Aunque no escuchar bien tiene sus ventajas, sobre todo cuando alguien nos habla por teléfono a fin de cobrarnos un préstamo. Es cómodo decirle. “Lo siento, pero no te oigo”, Y como saben que soy sordo no me insisten. O cuando alguien se extralimita en la discusión, aplicar el dicho “a palabras necias oído de cantinero”.

Al regreso a La Paz nos detuvimos a un lado de la carretera, en el kilómetro 70, donde se encuentra una capilla levantada en recuerdo de San Judas Tadeo, (San Juditas) en la que mi hija Sandra Luz depositó un ramo de rosas rojas y una veladora. No la conocía, pero me llamó la atención las numerosas velas colocadas en el piso y las ofrendas que rodeaban al santo.

No sé por qué, pero de pronto recordé una visita que hice al pueblo indígena de San Juan Chamula, en el estado de Chiapas. Fue con motivo de la Reunión Nacional de Archivos celebrado en San Cristóbal las Casas, en el mes de noviembre de 1993, dos meses antes por cierto del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Como el pueblo chamula se localiza a unos 15 kilómetros de San Cristóbal, nos dimos tiempo Jesús, el director del Archivo General del Estado y yo, en ese año director del Archivo Histórico Pablo L. Martínez, para visitar la iglesia de ese lugar, uno de los templos más extraños de México. Después de pagar el derecho de entrar en su interior, lo primero que vimos fueron cientos de veladoras en el piso alfombrado con ramas de pino, y al frente un grupo de mujeres indígenas rezando. Como la luz provenía de las veladoras, el ambiente semioscuro y el olor de la cera nos impactaron y no permitieron llegar cerca de San Juan Bautista, el santo que se venera en esa iglesia. Así es que nos persignamos y nos retiramos de ese santuario.

San Judas Tadeo formó parte de los apóstoles que acompañaron a Jesús y estuvo presente en la última cena. Durante muchos años no fue reconocido pues lo confundían con Judas Iscariote quien traicionó a Jesús originando su crucifixión, pero fueron los jesuitas quienes revaloraron su presencia en el santoral cristiano. Ahora, considerado el santo de las causas difíciles y desesperadas, su festividad se realiza el 28 de octubre.

Cuando visitamos su capilla el pasado sábado, también recordé que mi esposa tenía devoción por ese santo y en el respaldo de nuestra recámara tenía su imagen. Al preguntarle el motivo me decía que le rezaba cuando se le extraviaba algún objeto y muchas veces, gracias a ello, los encontraba. Ahora, en vez de la imagen de San Judas Tadeo, coloqué un retrato de mi esposa ausente, para venerarla como ella lo hizo con el santo de su devoción.

La capilla de San Juditas es muy visitada, como lo demuestran las numerosas veladoras y ramos de flores. Durante nuestra breve estancia llegó un chofer de un tráiler, colocó una veladora en el piso, musitó una plegaria y se marchó. Sólo él sabía los motivos de su devoción, aunque me imagino que le pidió protección en sus interminables recorridos por los caminos de la península de Baja California.


Octubre 13 de 2020.

viernes, 9 de octubre de 2020

FRATERNIDAD MÁS QUE ODIO

 Hoy, por la mañana, llegué a una papelería que se encuentra cerca de mi casa, con el fin de comprar un cuaderno y las copias fotostáticas de dos artículos seleccionados de periódicos de la ciudad de México. Uno era relacionado con el odio, como característica de los mexicanos y el autor lo confirmaba a través de las etapas de la historia de nuestro país.

A la empleada que me atendió le dije que nomás llevaba cincuenta pesos para pagar el costo del pedido, pero el precio del cuaderno rebasó esa cantidad por lo que resolví adquirir solamente las copias. A un lado de mí se encontraba otro cliente quien al escuchar mi problema me ofreció treinta pesos, suficientes para comprar las dos cosas. No los acepté pues otra empleada ya iba en busca de un cuaderno más barato.

Gracias —le dije— cuando el señor se retiraba. Minutos después me mostraron otro cuaderno, pero al pedir la cuenta me faltaban siete pesos. Otro cliente que había llegado en esos momentos y había pedido algunos artículos, al ver mi imposibilidad de completar el importe de la compra hizo señas a la empleada para que cargaran a su cuenta esa cantidad. Repetí las gracias, recogí mi pedido y regresé a casa.

¿Quiénes eran esas dos amables personas que me ayudaron? Lo más seguro es que no pueda identificarlos sobre todo porque llevaban cubre bocas. Pero de cierto anida en ellos la fraternidad, un valor humano un tanto menospreciado. Una fraternidad que se antoja indispensable en esta época de crisis por el latente peligro de la pandemia del coronavirus. Una fraternidad que lleva consigo la conmiseración por todas las desgracias familiares y la muerte de seres queridos. Una fraternidad opuesta al odio, al rencor, a la insensibilidad para reconocer la enorme tragedia que vive nuestro país.

En tiempos de la Guerra de Reforma, en 1859, el general Leonardo Márquez del partido conservador, ordenó fusilar a 53 prisioneros civiles y militares, entre ellos al poeta y escritor Juan Díaz Covarrubias. Héctor de Mauleón, el autor del artículo lo dijo: “Márquez fue conocido desde entonces como “El tigre de Tacubaya”. Los asesinatos que cometió esa noche de abril de 1859, ahondaron la guerra de exterminio en que se habían enfrascado liberales y conservadores y en la que se enfrentaron, para decirlo en lenguaje de la época, hermano contra hermano”

Pero así fue el odio entre indios y españoles, entre conquistados y conquistadores, en la guerra de independencia, de la invasión norteamericana, de la intervención francesa, de la etapa revolucionaria en pleno siglo XX. Odiamos para sobrevivir sin pensar que ello dividía más que unir; que el odio, en vez de cerrar la herida que nos trajo retroceso, muerte y desolación, se diseminó como un cáncer que destruyó lo mucho que habíamos ganado en favor de nuestro país.

Los años como nación independiente y soberana obligan a olvidar el odio entre nosotros. Ni por motivos políticos ni por afanes de poder es justificado sembrar la división ni mucho menos alentar la discordia entre los mexicanos. No son tiempos de odio. Con los ingentes problemas que estamos viviendo, la pandemia, la inseguridad, el aumento de la delincuencia y una economía al borde del colapso, lo menos que podemos hacer es formar un frente común donde la concordia sea el imán que una las mentes y los corazones de todos nosotros.

Vaya, todo lo escrito es el resultado de la buena acción de dos personas desconocidas. Ojalá y alguna vez se enteren de la emoción que sentí al aceptar su ayuda. Ahora, más que nunca, la solidaridad debe ser el camino adecuado para salir adelante. Y es por eso del título de esta crónica: Fraternidad más que odio.


Octubre 09 de 2020.