Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

martes, 15 de noviembre de 2022

NO NOS PONEMOS DE ACUERDO

    Mi estimado amigo Eligio Moisés Coronado ha estado divulgando hace meses la palabra California que aparece en comercios, empresas, instituciones privadas, como constancia de su identificación de nuestro estado. Lo hace en un intento de convencer a los habitantes de esta región de que es su nombre original avalado por la historia y motivo de identidad como californianos.

    La intención no es menor. Se trata de oponerse a que nuestro estado se llame Baja Sur, tal como se va siendo costumbre entre una parte considerable de la población, además de aparecer en diversos medios publicitarios y empresas públicas. Tal como lo dijo en una ocasión un periodista, llegará el momento que seamos “bajeños” en vez de californianos.

    El año pasado, varias asociaciones civiles del municipio de Los Cabos instituyeron el “Día de la Californidad” fijando como fecha de la conmemoración el 14 de noviembre de cada año. Ante la presencia de autoridades civiles y militares se reiteró el compromiso de defender nuestra identidad contra todo intento de socavarla insistiendo en que nosotros somos californianos de origen.

    Un grupo de escritores, periodistas, historiadores se han sumado a esta propuesta y están divulgado por los medios a su alcance el rechazo a que se utilicen otros vocablos denigrantes en vez del término California. Además, como un homenaje a los antiguos habitantes de la península, el grupo cultural del poblado El Triunfo, a través de diversas actividades —conferencias, exposiciones, artesanías— están reafirmando el sentido de pertenencia de todo lo que atañe a nuestras formas de ser y de pensar.

    Apenas hace unos días, gracias a su iniciativa, se inauguró el Museo del Vaquero de las Californias, como una muestra más de la importancia de salvaguardar las costumbres y tradiciones de esos rancheros los que, a base de tenacidad, han logrado ser parte del desarrollo económico de esta región de nuestro país.

    Por otro lado, existen publicaciones —libros, revistas, folletos— donde se explica la necesidad de evitar los síntomas de la transculturización como es el caso de la insistencia de utilizar el vocablo Bajasur en vez de Baja California Sur como es el nombre oficial de nuestro estado. Utilizando los medios electrónicos —Facebook, Twitter, Whats App, Messenger y otros— diversos cibernautas están insistiendo en utilizar el nombre de California para identificarnos.

    En lo particular, en mis libros Aconteceres de Baja California Sur, Pasado y Presente de la Antigua California y Visión de Sudcalifornia, han aparecido crónicas referentes a este problema de la pérdida de identidad y de cómo, las autoridades hacen caso omiso y no ponen remedio. En el primero de ellos, escribí:

    “Un gringo, con el aval del Fideicomiso de Turismo de La Paz, es el autor de la serie televisiva “Destination Baja Sur”, y hace días llegó a San José del Cabo para vanagloriarse del gran éxito que ha tenido ese programa a nivel mundial. Ante la presencia de funcionarios —nos gustaría saber quiénes estuvieron presentes— Bill Boyce, de la cadena televisiva NBC Sport se mostró eufórico por el éxito de este documental ya que ha sido visto por más de seis millones de espectadores”.

    En el año de 2016, el Archivo Histórico Pablo L. Martínez me publicó el libro “Pasado y presente de la Antigua California”. Entre las diversas crónicas apareció una con el título de “Estado de California, México”. En él dije de la conveniencia de cambiarle el nombre a nuestro Estado para llamarle California o bien Antigua California. Así no habría posibilidad de modificarlo o agregarle vocablos que no tienen razón de ser.

    Por supuesto, fue una opinión personal basada en los antecedentes históricos de esta región de México. Los agregados de Baja y Sur se dieron después de 218 años (1804-2022) y 48 años (1975-2022) con el agregado Sur a raíz de la conversión de Territorio a Estado. En cambio, el término California data de 1535 y a la fecha son nada menos que 487 años.

    Así es que por antigüedad somos californianos, habitantes de la California Mexicana. 

Noviembre 09 de 2022.

viernes, 21 de octubre de 2022

CARLOS LÓPEZ URRUTIA, UN RECUERDO

    Tengo tres recuerdos del doctor en historia Carlos López Urrutia. En el 2001 me obsequió el libro “El real ejército de California”; en el 2004 me hizo llegar “Vida de Joaquín Murrieta”, con la introducción, traducción y notas de él mismo. Y en el 2005 “Los insurgentes del sur” con el subtítulo “Los intentos navales argentino-chilenos por ayudar a la independencia de México.

    López Urrutia era de nacionalidad chilena. De joven emigró a los Estados Unidos donde estudió en la universidad jesuita de Santa Clara, California. Realizó estudios de posgrado y se doctoró en Estudios Latinoamericanos en la Universidad Interamericana de México. Fue catedrático de Menlo College en California y profesor residente en la Universidad de Oxford, de Inglaterra.

    Lo conocí cuando llegó a La Paz e hizo una visita al Archivo Pablo L. Martínez, en uno de los años en que yo era director de esa institución. Un intelectual amable —como en general son todos— y un profundo conocedor de la historia de Chile y su armada y también del pasado de la California norteamericana.

    En crónicas anteriores me he referido al contenido de los libros que hablan de Murrieta y de los insurgentes del sur. Los dos son importantes pues están ligados, de una u otra manera, a la historia de las Californias.

    Ahora que en nuestro país existe un fuerte debate relacionado con la participación del ejército en tareas de seguridad y se comenta la importancia de las fuerzas armadas en la defensa de la soberanía nacional, es oportuno recordar el papel que desempeñó otro grupo de oficiales y soldados a los que López Urrutia los llama “El Real Ejército de California”.

    El autor lo dice en el prólogo: “Esta es la historia del Real Ejército de California, de los hombres que integraron sus cuadros; de los jefes y oficiales que guiaron, dirigieron y crearon una nación; de las estructuras jerárquicas y físicas que se levantaron; la historia, en fin, de uno de los tres componentes, tal vez el más importante, de la colonización de California”.

    La historia de estos militares comenzó en el año de 1702, cinco años después de la fundación de la misión de Loreto, por el padre jesuita Juan María de Salvatierra. En ese año de 1702 ya existían 18 soldados radicados en ese lugar. En 1730 aumentó a 29 que guarnecían las misiones de la región. En 1767, la que se llamó Compañía de California estaba integrada por 60 soldados, un capitán y un teniente.

    En ese año de 1767, año de la expulsión de los jesuitas de la península, llegó a la península el capitán Gaspar de Portolá, quien venía acompañado de 50 elementos del regimiento de Dragones de España. Un año después, cuando se inició el poblamiento de la región al norte de la península, la expedición que partió de Loreto estuvo acompañada por 215 soldados de la Compañía Franca de Voluntarios de Cataluña.

    Dice López Urrutia que “esta primera expedición terrestre pasaría a la historia como una de las más exitosas que llegaron a California. En dos meses, consumiendo medias raciones, había llegado a su destino sin perder un solo soldado y sin un enfermo. El soldado de cuera había demostrado su capacidad pasando la mayor parte de cada jornada en su cabalgadura, comiendo solo tres tortillas al día, a veces sin dormir, en un desierto sin agua ni refugio por un espacio de dos meses”.

    En los años siguientes, al ocupar los puertos de San Diego, Monterey y San Francisco y establecer presidios en ellos, para defensa de esos lugares y las misiones fundadas por los franciscanos, la presencia de los soldados fue indispensable para el éxito de la colonización.

    Hasta el año de 1821, las Californias dependieron del gobierno español, al igual que el llamado Real Ejército de California. Con la independencia de México, el poder gubernamental y la milicia formaron parte de nuestra nación.

    Como un dato curioso, los soldados usaban coleta. Obedeciendo órdenes superiores tuvieron que cortársela. Dice Juana Machado en sus memorias, que después de cumplir con la orden, su padre entró a la casa con la trenza en las manos con una cara muy triste y se la entregó a su esposa que también estaba con la cara compungida. “Mamá miró la trenza y se lanzó a llorar”. 

Octubre 19 de 2022.

jueves, 13 de octubre de 2022

ILDEFONSO GREEN Y LAS HUELLAS ANCESTRALES

    En la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres de la ciudad de La Paz, se encuentran los restos mortales de Ildefonso Green Ceseña, desde el año de 1986. Se hizo merecedor de esta distinción por su participación en los movimientos revolucionarios en nuestra entidad en los siglos XIX y XX.

    Una de sus hazañas tuvo lugar cuando en 1853 el filibustero William Walker se apoderó de La Paz con intenciones de fundar una nueva república. Ildefonso se puso al frente de un contingente armado para hacerle frente, lo que originó que el invasor abandonara la península.

    Participó en la Guerra de Reforma defendiendo al lado de Mauricio Castro la vigencia de la Constitución de 1857. Estuvo al lado del general Manuel Márquez de León, cuando este se opuso al gobierno del presidente Porfirio Díaz y dio a conocer el Plan Revolucionario de El Triunfo en el año de 1879. Todavía, a principios del siglo XX, hizo acto de presencia en la Revolución Mexicana apoyando el movimiento de Venustiano Carranza en nuestra entidad.

    Hubo una época, a finales del siglo XIX, en la cual Ildefonso se retiró del activismo revolucionario a fin de dedicarse a negocios privados, entre ellos la ganadería y la pesca. Se asegura que integró una armada para dedicarse a la explotación de placeres perlíferos, al igual que otros lo hicieron a lo largo de la península. Pero también se dedicó a la caza de ballenas.

    En el libro de Rosa María Mendoza Salgado, “Huellas ancestrales”—2ª edición—publicado recientemente, en las páginas 95 y 96, se hace mención de la captura de dos ballenas por Ildefonso, tal como lo menciona el periódico “La voz de California” del mes de febrero de 1883. Y la comercialización del aceite de esos animales. Quizá fue el único dedicado a esta actividad pesquera, ya que no tenemos referencia de otros armadores que hicieran lo mismo.

    Lo que sí es verdad fue la caza de ballenas en el norte de la península por barcos extranjeros. En el periodo de 1856 a 1869 se sacrificaron no menos de 30 mil de esos cetáceos. Aprovecharon el arribo de estos a las bahías de la península, como la de Ojo de Liebre, bautizada como Laguna Scammon por uno de los depredadores.

    El libro de Rosa María tiene como antecedente el primer libro publicado con ese nombre en el año de 2001. El actual, aumentado en sus páginas con un total de 254, describe con más amplitud la historia familiar de la autora y también de las costumbres y formas de vida de esa época, en las que la ganadería, la agricultura, la pesca y el comercio fueron las fuentes económicas de esa región sureña.

    La información aparecida en “Huellas ancestrales” en su primera edición del 2001, no pasó desapercibida por los autores de la obra que lleva el nombre de “Historia cultural e imágenes de San José del Cabo” escrita por los historiadores Edith González Cruz, Ignacio Rivas Hernández y Luis Arturo Torres Rojo, en el año de 2013.

    Un dato que incluye dice “Rosa María Mendoza Salgado. Los abuelos fueron José María Mendoza Wilkes y Prisciliana Mouet Ceseña, quienes se casaron en el año de 1900 y vivieron en una casa ubicada en la calle Mijares, cerca del único hotel que había en la Villa de San José del Cabo”. Además, en el contenido del libro se encuentran varias notas de pie de página mencionando a la autora.

    Y, por supuesto, “Huellas ancestrales” aparece en la bibliografía del citado libro, lo cual es una satisfacción para Rosa María merecedora de reconocimiento por su aportación a la historia de esa población del sur peninsular. 

Octubre 12 de 2022

viernes, 7 de octubre de 2022

LOS GOBERNADORES DE LAS CALIFORNIAS

    
    En el año de 2003, la historiadora María Luisa Rodríguez Sala publicó el libro “Los gobernadores de las Californias, 1767-1804”, con el prólogo del doctor David Piñera Ramírez.

    Tomando como antecedente la expulsión de los misioneros jesuitas y el arribo de Gaspar de Portolá como primer gobernador de las Californias, la autora hace un recuento detallado de los personajes que gobernaron las llamadas Californias —la Alta y la Baja— hasta el último en la figura de Diego de Bórica hasta el año de 1799, cuando solicitó licencia por enfermedad.

    En su lugar ocupó el puesto en forma interina José Joaquín de Arrillaga, quien permaneció al frente de las Californias hasta el año de 1804 cuando se dividieron en la Alta y la Baja. Arrillaga quedó al frente de la primera y Felipe de Goicochea de la segunda.

    Al respecto, dice la autora que “Fue esta situación geográfica y política la que marcó el inicio del poblamiento y desarrollo de la Alta California, que vendría a marcar su destino de asimetría económica frente a la potencialidad de un territorio mucho más rico para el desarrollo agrícola, ganadero y minero, que conformaría el auge de la actual California norteamericana”.

    A través del libro de Rodríguez Sala desfilan los nombres de los gobernadores a partir de Gaspar de Portolá: Lo sucedieron Matías de Armona, Felipe Barry, Felipe de Neve, Pedro Fagés, José Antonio Romeu, José Joaquín de Arrillaga y Diego de Bórica.

    Por supuesto, cada uno de ellos realizó sus programas de gobierno atendiendo los requerimientos de la población y los procesos de la colonización, de las desavenencias entre el poder militar y el religioso debido a la fundación de nuevas misiones a partir de la de San Diego de Alcalá. A Felipe de Neve le tocó el cambio de la capital de las Californias de Loreto a Monterrey y la promulgación del Reglamento Provisional de las Californias.

    La historia de las Californias es interesante no solamente en el periodo de la presencia de los misioneros jesuitas hasta el año de 1767, sino muchos años después tal como lo divulga la doctora Rodríguez Sala. Y también otros autores tratan esta parte de la historia como Carlos López Urrutia en su libro “El Real Ejército de California”, Antonio María Osio en su obra “The history of Alta California” y, desde luego, la “Historia de la Alta California de Pablo L. Martínez.

    Este libro de don Pablo merece reeditarse. Su contenido es veraz, ya que es el resultado de una exhaustiva investigación en archivos de la Unión Americana, como la biblioteca Bancroft, de la Universidad de California, en Berkeley. “Recorrí la entidad —dice don Pablo— durante un año, de Sur a Norte y de Este a Oeste, con el fin de captar el mayor número de datos geográficos posible, visité obras materiales, puertos, centros culturales y museos, en donde obtuve gran cantidad de material documental y gráfico, así como información en el aspecto bibliográfico, todo lo cual me resultó de inmensa utilidad”.

    Se ha hecho costumbre de los que escriben la historia de esta región de México, se refieran a los aconteceres de la Baja California, desde los primeros pobladores —pericúes, guaycuras, cochimíes— pasando por las primeras expediciones marítimas a partir de Hernán Cortés y la presencia de los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos.

    A partir de esa época, la historia es un tanto desconocida en relación a los hechos relacionados con el desarrollo de lo que hoy es la California norteamericana, una historia cuyo contexto general importa, por las consecuencias que resultaron al crearse una infraestructura más allá de la existente en la Baja California.

    Es por eso de la importancia de los libros que he mencionado. Resulta interesante conocer como actuaron los gobernadores militares de las Californias, a partir de nuevo régimen político que sustituyó al que detentaban los misioneros jesuitas hasta el año de 1767.

Octubre 05 de 2022.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

MAQUIAVELO Y FOUCHÉ

    Nicolás Maquiavelo (1469-1498) autor de “El príncipe” dijo en esta obra “Al mismo tiempo la maldad natural de los hombres hace necesario, pero difícil, la misión del legislador, de quien emprende la fundación de un Estado, institución inventada para beneficio de la humanidad. Esta es la obra del genio político del ordenador y legislador inteligente, cuyo objeto debe ser no su propio bienestar, sino el de los demás y quien, por consiguiente, elimina sin escrúpulos todo obstáculo que encuentra en su camino”

    Ahora recordé esas palabras por los continuos enfrentamientos en la Cámara de Senadores con motivo de la presencia de los militares en tareas de la seguridad nacional hasta el año de 2028. La bancada de los senadores de Morena y los de oposición se han volcado en agrias discusiones donde abundan las ofensas tratando cada una de tener la razón y más aún por la intromisión del presidente de la república en asuntos que son de la competencia del poder legislativo.

    Se ha olvidado por completo de conciliar intereses que redunden en beneficios para el país y solo buscan imponerse unos sobre otros. Y para justificarse defienden las actitudes autoritarias del presidente sin anteponer razones que lo justifiquen. Y los de la oposición en las duras críticas tachando al mandatario de autócrata y tirano quien abusa de su poder para imponer sus iniciativas aunque sean ilegales, olvidando lo dicho por Maquiavelo de que “un gobernador prudente que desea ser útil, no a sí mismo y sus sucesores, sino a su país y el bienestar general”.

    Y en ese aluvión de gritos y sombrerazos sobresalen algunos legisladores como Ricardo Monreal, Citlalli Hernández y Gerardo Fernández Noroña, de Morena. Y por el lado de los partidos de oposición los senadores German Martínez, Lilly Téllez, Kenia López, Xóchitl Gálvez y Dante Delgado.

    También cuando vemos y escuchamos las posiciones contrarias de los miembros del senado, nos hizo pensar en otro personaje, José Fouché, uno de los hombres más poderosos de su época (1759-1793). Sin embargo, algunos historiadores franceses lo han llenado de injurias acusándolo de traidor de nacimiento, miserable, intrigante, tránsfuga profesional, abyecto, inmoral”.

    Pero Fouché vivió en un mundo en transformación, dirigió todos los partidos y fue el único en sobrevivir enfrentando a un Napoleón y a un Robespierre. En la biografía escrita por Stefan Sweig le llama el “genio tenebroso” y lo justifica por su actuación política.

    Los oponentes a los partidarios del régimen actual los acusan de ser maquiavélicos por sus intenciones de justificar con engañifas las acciones anticonstitucionales del presidente, y los tildan de abyectos por la sumisión que han demostrado ante el poder. Los unos defienden sin argumentos y los otros atacan poniendo a la Constitución por delante.

    Porque lo que se pretende al permitir que las fuerzas armadas se hagan cargo de la seguridad nacional significa la desaparición de las fuerzas civiles, las que por derecho les corresponde esa responsabilidad. Es por eso de la confrontación entre los miembros del Senado. Dentro de una semana, con la votación en la Cámara de Senadores se sabrá si triunfa la cordura rechazando un decreto que como muchos comentaristas objetan, evitará la militarización del país.

    Nuestro país vive momentos de crisis. La inflación que no cede, los asesinatos que pasan ya de los 120 mil, los feminicidios, la educación y la salud en entredicho, una economía en picada, los gastos innecesarios en obras sin futuro. Y a todo lo anterior, el caso de la muerte de los estudiantes de Ayotzinapa que está causando grietas políticas y pone en peligro la estabilidad de la nación. Por eso, estos son tiempos de conciliación y no de polarizaciones; se debe buscar tan solo el bien de nuestro país.

    Maquiavelo y Fouché están presentes en el futuro de México. 

Septiembre 28 de 2022.

sábado, 10 de septiembre de 2022

LA PRENSA EN PELIGRO

    Dos aspectos importantes distinguen a la prensa: su derecho a informar y a opinar. Desde siempre ha sido así, y por eso, cuando se trata de limitarla se levanta una ola de protestas, tal como ha sucedido en los últimos días cuando la Suprema Corte de Justicia de la Nación atendió el caso de la Ley Federal de Telecomunicaciones vigente desde el año de 2017.

    La Corte declaró la inconstitucionalidad de la ley porque afectaba la libertad de expresión y para evitar que el gobierno decidiera que debiera opinar la prensa. Así, el derecho de opinar estaría sancionada por la ley, incluso con suspensiones de programas informativos cuando no respetaran lo establecido por el orden jurídico.

    Dice Raymundo Riva Palacio que la pretensión era “incluir defensores de audiencias en radio y televisión designados por el gobierno, lo que equivaldría a comisarios políticos que decidirían lo que se podría informar u opinar, así como sancionar a los que no se ajusten a lo estipulado por las autoridades. Actualmente los defensores de audiencias son nombrados por cada medio y actúan bajo los códigos de ética de la empresa”.

    Fue buena la decisión de la Corte. De lo contrario periodistas que hacen uso de los medios electrónicos suspenderían sus opiniones por temor a represalias del gobierno. Periodistas como Joaquín López Dóriga, Ciro Gómez Leyva, Carmen Aristegui Carlos Alarazki, Ángel Verdugo, quienes han sido críticos permanentes de los errores del gobierno del presidente López Obrador.

    En los medios electrónicos se han escuchado las valientes opiniones de comentaristas de la talla de Carlos Loret de Mola, Carlos Marín, Diego Fernández, Lilly Téllez, Beatriz Pagés, Kenia López y Brozo, sólo por mencionar algunos de ellos. Pero, desde luego, con base en la libertad de expresión consagrada en el artículo 7º constitucional, también tiene cabida las opiniones de los defensores del régimen.

    La alerta de Riva Palacio es oportuna porque la intención de coartar la libertad de expresión en los medios electrónicos, podía ser el inicio para someter también a la prensa escrita, con eso de que la ley no se respeta y solo cuenta las decisiones autoritarias del gobernante.

    La historia de México es abundante en restricciones a la libertad de expresión. El ejemplo más claro se dio en el gobierno de Porfirio Díaz cuando los hermanos Flores Magón editaron los periódicos Regeneración y el Ahuizote fueron encarcelados y sus imprentas hechas pedazos. Casos como ese sucedieron en toda la república.

    Aquí, en el entonces Territorio, los gobernadores de esos años, Abraham Arroniz y Agustín Sanginés, prohibieron la edición de periódicos opositores al gobierno de Porfirio Díaz. Por cierto, uno de los periodistas, Adrián Odilón Valadez, no estuvo de acuerdo con esa disposición y siguió publicando la revista El Criterio Público, lo que le valió el destierro.

    También, cuando Ignacio Bañuelos Cabezud fundó en 1912 el periódico El eco de California, durante el periodo del gobernador Carlos Manuel Esquerro, (1925-1927) su imprenta fue destruida a base de marrazos y su casa balaceada.

    Otro caso, y corre la anécdota, le sucedió al señor Nemesio Vargas quien fue diputado de 1928 a 1930 representando al Distrito Sur de la Baja California. Dicen que él fue el responsable de la destitución del general Ruperto García de Alba. Cuando Nemesio terminó su cargo de diputado, regresó a La Paz y en el rancho de Las Playitas comenzó a editar un periodiquito con el nombre de “El Chile” en el que acusaba al gobernante de malos manejos en su administración. Una noche los gendarmes fueron en su busca con malas intenciones, pero él se salvó de milagro pues dormía en la azotea.

    En mi libro “Narraciones de ayer y de hoy” incluyo esta crónica y la termino diciendo: “El periódico El Chile me hace recordar otros que se editaron en diversas épocas que llevaban nombre originales como La Chispa, El Chisme, El Látigo y La Verdad, todos ellos con una mordaz crítica a los gobiernos en turno. Tiempos de valientes periodistas, como bien lo dice el estimado amigo Antonio Martínez Suárez”. 

Septiembre 07 de 2022.

viernes, 2 de septiembre de 2022

LA MONTAÑA MÁGICA Y EL CARRIZALITO

    Thomas Mann fue un escritor alemán autor de la novela “La montaña mágica”, publicada en el año de 1924. Es un libro que en su época despertó gran interés y el más conocido del autor. Por su obra escrita, en 1929 se hizo acreedor al premio Nobel de Literatura.

    La montaña mágica trata la estancia temporal del ingeniero Hans Castorp en el sanatorio Berghof, con el fin de visitar a su primo Joachim Ziemsein, enfermo de tuberculosis. Localizado en Los Alpes, el sanatorio atiende a pacientes —mujeres y hombres— sometidos a tratamientos especiales, donde el clima frío y la ausencia de contaminación del ambiente, son los elementos principales para su curación.

    Un blog de literatura apunta que el ambiente sosegado y tranquilo era perfecto, para llevar a cabo un análisis exhaustivo de la condición humana, por parte de dos personajes: Settembrini (masón, progresista, humanista, filósofo, escritor y pedagogo) y Naphta (judío converso al catolicismo, jesuita, nostálgico del orden medieval y sofista). Ellos, en sus discusiones, enfrentan el pensamiento de principios del siglo XX: democracia liberal contra totalitarismos.

    Pero el amable lector se preguntará: y la novela ¿qué tiene que ver con el hospital del Carrizalito?

    Cuando el general Francisco J. Múgica fue gobernador del Territorio Sur de la Baja California (1941-1945) ante el número alarmante de enfermos de tuberculosis, incluidos niños, se vio en la necesidad de fundar un preventorio y el 1944 el inicio de la construcción de un hospital localizado en las estribaciones de la sierra de La Laguna, cerca del pueblo de Santiago.

    El hospital, al igual que el sanatorio Berghof, reunía las condiciones de libre contaminación natural y humana. En el año de 1945 estaba terminado, pero no logró funcionar porque hubo cambio de gobernante en la persona del general Agustín Olachea Avilés. El proyecto quedó abandonado y con el paso del tiempo el edificio se fue deteriorando a tal grado que a la fecha solo queda el cascarón de la obra, ¿por qué no funcionó? Se pregunta la gente.

    La respuesta más difundida fue el descubrimiento de los antibióticos, vacunas y medidas de higiene que permitieron un mayor control de esa enfermedad. Por cierto, otros dos hospitales, uno en Perote, Veracruz y el otro en un lugar cercano a Guadalajara, también no funcionaron, aunque sus edificios fueron convertidos en instituciones sociales.

    La visita a las ruinas del Carrizalito es difícil dado que el lugar es propiedad privada y un portón con candado impide la entrada. En años pasados, el periodista Carlos Domínguez Tapia, con el apoyo de la XENT divulgó un documental de las ruinas del hospital y relató que era un edificio de tres plantas, con dormitorios para albergar a gran número de enfermos, así como también la casa para los médicos construida un poco más arriba.

    Dado lo exiguo del presupuesto federal asignado al Territorio, resulta admirable la inversión para esas construcciones, pues según información fidedigna el hospital costó $ 527, 079.11 pesos y la casa $ 73,000. Pero eso fue posible por la insistencia del general Múgica, quien solicitó al presidente Ávila Camacho un subsidio especial para realizar ese proyecto.

    Así es que el sanatorio de La montaña mágica y el hospital del Carrizalito tienen algo en común. Se hicieron con el noble fin de poder mitigar los estragos de la tuberculosis. Pero el primero en la ficción logró su cometido, mientras que el otro, convertido en realidad, nunca logró sus propósitos.

    Opiniones diversas, entre ellas la de Domínguez Tapia, han sugerido que se rehabilite el edificio y que pueda servir como un hotel de descanso, o un centro cultural tipo museo. Lo que sea, con tal de aprovechar esas instalaciones, testigos mudos de un noble proyecto de salud del gobierno de ese entonces.

    ¡Ah!, Y gracias a Humberto de los Ríos por el regalo de la fotografía del hospital del Carrizalito.

Agosto 31 de 2022