Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

martes, 19 de enero de 2016

Leer para ser mejores

Desde hace varios años el Consejo de la Comunicación lleva a cabo una campaña tendiente a fomentar el hábito de la lectura y para ello se vale,--uno de tantos medios—de inserciones en los periódicos con las leyendas Leer para ser mejores, Leer para aprender y Lee 20 minutos al día. Acompañan a los anuncios fotografías de artistas y deportistas, entre ellas nuestra coterránea Paola Espinosa. En “El Sudcaliforniano” aparece todos los días la publicidad del Consejo.

Naturalmente al hablar del fomento a la lectura debemos hacer mención de las bibliotecas públicas, ya que son los lugares donde los niños y los jóvenes tienen la oportunidad de encontrar los libros de su preferencia y disfrutar de ellos el tiempo que deseen. Además, los pueden obtener en préstamo para leerlos cómodamente en sus casas, incluso en compañía de sus familiares.

Aquí en nuestra ciudad existen siete bibliotecas públicas y otras tantas de instituciones educativas. La Justo Sierra, a un lado del museo de Antropología e Historia, contiene cerca de diez mil libros diversos, entre ellos cuentos infantiles y novelas recientes. Por lo demás en el resto del Estado se encuentran funcionando 57 bibliotecas públicas que son aprovechadas por los estudiantes de los niveles básico y superior.

Y hablando de bibliotecas, en el periodo de gobierno del licenciado Ángel César Mendoza Arámburo se inauguró la Biblioteca de las Californias, con un acervo de libros referentes a la historia, la cultura y el arte de Baja California. Allí se encontraba la colección completa The Baja California Travels Series de la Dawson Book Shop y otros libros de autores extranjeros y mexicanos.

Durante el gobierno del licenciado Leonel Cota Montaño esa institución desapareció y a la fecha no se sabe bien a bien en manos de quien quedó ese importante acervo bibliotecario. Lástima porque muchos interesados en la historia de nuestro pasado acudían —yo entre ellos-- a esa biblioteca en busca de información.

La referencia viene al caso porque a fines del año pasado el Instituto Sudcaliforniano de Cultura, a través de su Coordinación de Fomento Editorial, publicó un interesante libro titulado “Una expedición a la nación guaycura en las Californias” cuyo autor es James Arraj.

En una investigación que le llevó 24 años, Arraj hace referencia a muchos cronistas e historiadores como fuentes bibliográficas y como justificación a su trabajo. Por cierto, algunos de ellos de gran prestigio como Harry W. Crosby, Peter Masten Dunne, Ernest J. Burrus, Michael Mathes y por supuesto, varios investigadores sudcalifornianos como Eligio Moisés Coronado, Gilberto Ibarra Rivera y Harumi Fujita.

Y como fuentes bibliográficas quedan porque muchos de esos libros –al menos yo— no los conocemos. Un tanto por no estar traducidos al español y también por su alto precio. Puede ser que algunos de los historiadores de nuestra ciudad los hayan adquirido pero los guardan como oro molido.

Lo anterior nos lleva a sugerir la conveniencia de que el gobierno del Estado vuelva a crear la Biblioteca de las Californias en uno de los edificios que tiene disponibles y que los volúmenes iniciales sean proporcionados gratuitamente por los historiadores y escritores locales, además de las instituciones educativas que, como la UABCS, tienen colecciones de libros que han editado, así como el Instituto Sudcaliforniano de Cultura.

De tomarse en cuenta esta iniciativa, casi estamos seguros que la biblioteca contará desde sus inicios con no menos de 300 obras que se refieran a la Baja California. Y con el apoyo económico del gobierno y la iniciativa privada se podrán adquirir otras más hasta hacer de esa institución una de las más importantes de nuestra entidad.


Enero 18 de 2016.

lunes, 11 de enero de 2016

Hernán Cortés en California (II)

Hernán Cortés, fundador de la ciudad de La Paz.
Cortés permaneció un poco más de un año en Santa Cruz, de mayo de 1535 a junio de 1536. Fue mucho tiempo para un hombre que trató de encontrar algo más en esta tierra árida y desconocida. Dicen los historiadores que contra su costumbre, no dejó nada escrito sobre sus experiencias en ese remoto lugar de la Nueva España.

No lo hizo porque no hubo nada trascendente que fuera de interés para las autoridades virreinales, aunque después, por informes de aquí y de allá, se fueron conociendo pormenores de su estancia en la península.

Se sabe que organizó al menos cuatro expediciones por tierra para conocer la parte sur y la región al norte a la altura de Bahía Magdalena. Y en la última, al mando del capitán Juan de Jasso, se conservan las instrucciones  que escribió Cortés para el caso de encontrarse con grupos indígenas, yacimientos de metales y sitios susceptibles para establecer nuevos poblamientos, además de la flora y la fauna de la región.
                                                                                         
         Es notable la actitud de Cortés respecto al trato con los indígenas. A pesar de que siempre los tuvieron como enemigos, incluso causantes de la muerte de varios soldados, ordenó a Jasso que los tratara con consideración, evitando las confrontaciones armadas y el respeto a sus formas de vida.

La expedición de Juan de Jasso salió de Santa Cruz en el mes de julio de 1535. Lo acompañaron soldados de a pie como de caballo. Con él iba Francisco de Ulloa quien después tuvo un papel relevante como navegante. Después de 80 días de recorrido regresaron a Santa Cruz. Salvo por su travesía por la costa de la Mar del Sur, Jasso no encontró nada importante que informar.

No se sabe si a partir de ese mes de julio organizó otras expediciones. Lo que sí es cierto fue la mortandad que originó la estancia en Santa Cruz debido más que nada a la falta de comida y los constantes ataques de los indígenas. Y esto se supo por las declaraciones de un grupo de soldados que regresaron enfermos a la costa de Sinaloa y fueron aprehendidos por Nuño de Guzmán, el eterno enemigo de Cortés.

En un documento llamado Provanza esos soldados dieron testimonios de cómo fue la vida en Santa Cruz. Por ellos se sabe que la expedición desde un principio estuvo condenada al fracaso, ya que la falta de provisiones fue constante, por lo que tuvieron que mantenerse con las hierbas del campo y animalillos del monte. Después, cuando el hambre causó la muerte de muchos de ellos, aprovecharon la carne de los caballos y el ganado que habían llevado consigo. Y no podían alejarse mucho del poblado por temor a las flechas de los indios. Aún así, varios murieron por esta causa.

Lo cierto es que la expedición de Cortés a California fue un rotundo fracaso. Cuando al fin, ante la insistencia del virrey Antonio de Mendoza volvió a la capital de la Nueva España, tuvo que aceptar lo difícil que fue sobrevivir en esa inhóspita región. Aunque terco como era, sin perder la esperanza sobre lo promisorio de esa tierra, dejó parte del contingente en Santa Cruz los que, después de varios meses, tuvieron que regresar a la contracosta.

Aún así no cejó en su empeño. En 1539 organizó una nueva expedición ahora al mando de Francisco de Ulloa, quien recorrió y puso nombres a las islas y bahías que descubrió en el interior del Mar de Cortés y en las costas de la Mar del sur, hasta los límites de la isla de Cedros.

Fue durante esa expedición que comenzó a llamarse a la tierra descubierta como California y la certidumbre de que era península y no isla. Dice Carlos Lazcano que Ulloa es uno de los personajes más importantes de la historia del noroeste de México. Que gracias a él se completó el reconocimiento de las costas de Sonora y de casi todas de la península, incorporándolas así al dominio de España.

Hay más que decir sobre Cortés y su permanencia en Santa Cruz. Pero lo anotado es quizá suficiente para normar el criterio de los sudcalifornianos, a fin de otorgarle el reconocimiento que merece al fundador de nuestra ciudad.


Enero 11 de 2016.

jueves, 7 de enero de 2016

Hernán Cortés en California (I)

El pasado mes de diciembre, el día 2 pero de 1547, murió en Castilleja de la Cuesta, una pequeña comunidad cercana a la ciudad de Sevilla, el llamado conquistador de México, Hernán Cortés. Respetando su última voluntad, sus restos descansan en la capilla anexa del antiguo Hospital de Jesús en la capital de nuestro país.

El nombre de este personaje está ligado con la historia de la Baja California, ya que a él se le atribuye la fundación de nuestra ciudad un 3 de mayo de 1535. Ese día tomó posesión de la tierra recién descubierta y al lugar donde desembarcó le puso por nombre Puerto y Bahía de Santa Cruz. Y así se le siguió llamando hasta que Sebastián Vizcaíno en 1596 lo cambió por el de La Paz.

Desde ese año, La Paz fue un lugar visitado por los exploradores y los que se dedicaban al comercio de perlas. El último que llegó ahí fue el almirante Isidro de Atondo y Antillón quien le llamó Nuestra Señora de Guadalupe, pero el nombre no prosperó.

En 1720, los padres Juan de Ugarte, Jaime Bravo y Clemente Guillén establecieron la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, quedando como residente el jesuita Bravo. Construyó una pequeña iglesia que con el tiempo desapareció, ignorándose el lugar exacto donde estaba.

Y ya a partir del año de 1821 La Paz comenzó a poblarse con familias permanentes, a tener sus propias autoridades y aprovechar su lugar estratégico para el comercio marítimo. En 1830 se convirtió en la capital del entonces territorio de la Baja California.

Han pasado 480 años desde que Hernán Cortés llegó a nuestra península. Y en las últimas décadas las autoridades organizan los festejos de la fundación de La Paz. Escenifican el desembarco de las fuerzas expedicionarias españolas y el recibimiento que les hicieron los indígenas guaycuras ese tres de mayo, con la reina Calafia al frente.

Son los días en que se menciona el nombre de Hernán Cortés como el personaje principal de ese hecho histórico. Pero pasados los festejos nadie se acuerda de él, como si el recuerdo y el reconocimiento de su obra estuvieran vedados para los sudcalifornianos. Y no debe ser así.

Son muchos los que aseguran, entre ellos Carlos Lazcano, que fue Hernán Cortés quien llevó a cabo el primer intento por colonizar la península estableciendo la comunidad de Santa Cruz, la primera que hubo en las Californias. Y Lazcano aclara que “en casi todas las ciudades del mundo se hace un reconocimiento a sus fundadores y pioneros; sin embargo, en el caso de la ciudad de La Paz esto no parece cumplirse. Ahí no existen calles que lleven el nombre de Cortés, ni monumentos levantados a su memoria, ni siquiera una placa que recuerde sus afanes por establecer aquí una comunidad hispana…”.

En efecto, Cortés tenía la firme intención de crear un establecimiento permanente en Santa Cruz y por eso se hizo acompañar de más de 300 personas, incluyendo 37 mujeres, dos sacerdotes franciscanos, herreros, carpinteros, médicos, cartógrafos, además de indios amigos y esclavos. Junto con los caballos embarcó ganado y aves de corral.

Es de creerse que con estos recursos humanos inició la construcción de un poblado con estancias para él y sus principales lugartenientes, una iglesia para los santos oficios y todo ello rodeado de una cerca para impedir el acoso de los indígenas. Un terreno acondicionado como panteón sirvió para enterrar los restos de los veinte marinos que perdieron la vida en la malograda expedición de Fortín Jiménez.

De todo lo anterior se desprende la conclusión de que Cortés tenía la firme intención de colonizar la tierra recién descubierta y fue por eso de su larga estancia en Santa Cruz. Firme en esa convicción él, junto con su gente, pasaron penalidades, hambre, enfermedades y muerte. Y para completar el drama de la colonización siempre tuvieron la amenaza permanente de los indios guaycuras.


Enero 07 de 2016

martes, 29 de diciembre de 2015

Morelos, de la Independencia de México

Este 22 de diciembre, la figura egregia de don José María Morelos, el héroe de la independencia de nuestro país, representada en el monumento localizado en un pequeño jardín de nuestra ciudad, estuvo más solitaria que nunca. Solitaria como debió estarlo en vida aquel hombre que fue fusilado en esa fecha por orden del gobierno virreinal español, en el año de 1815.

Continuador de la lucha iniciada en 1810 por don Miguel Hidalgo, libró frecuentes combates contra las tropas realistas en Acapulco, Tixtla, Izúcar, Taxco y Cuautla. Pero su presencia fue más significativa porque alentó la integración del Congreso de Chilpancingo que expidió la Constitución de Apatzingán, el 22 de octubre de 1814

Para su tiempo la constitución fue un conjunto de leyes que llenaba las aspiraciones de un pueblo que había sido dependiente de un dominio extranjero durante tres siglos. En ella apareció por primera vez las facultades de la soberanía la que residía originariamente en el pueblo y que eran atribuciones se la soberanía la facultad de dictar leyes, la facultada de hacerlas ejecutar y la facultad de aplicarlas en los casos particulares. Todo esto a través de tres poderes: Legislativo, Ejecutivo y Judicial.

A través de 22 capítulos, la constitución hace referencia a los ciudadanos, forma de gobierno, de la elección de diputados al Congreso, del Supremo Gobierno, etc. Por cierto, cuando hace mención de las provincias que comprende la América Mexicana, no hace mención de la Baja California.

Pero mientras el Congreso sesionaba con miras a la aplicación de los postulados constitucionales la guerra continuaba. Con victorias y derrotas, las fuerzas insurgentes defendían palmo a palmo las regiones conquistadas. Y a pesar de la superioridad numérica de las tropas realistas los patriotas mexicanos nunca se arredraron.

Cuando, como resultado de una traición, Morelos fue hecho prisionero, juzgado, excomulgado y sentenciado a muerte, allá en las montañas del sur otros caudillos sostuvieron la bandera de la independencia, como Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria. Al final de la guerra en 1821, correspondió a Guerrero y el jefe realista Agustín de Iturbide, jurar la independencia de México del dominio español.

Fueron 21 años de luchas permanentes, desde que don Miguel Hidalgo las iniciara el 16 de septiembre de 1810. A través de esos años el suelo de México fue regado con la sangre de miles de patriotas —y también de la parte contraria— entre ellos los iniciadores Hidalgo, Allende, Aldama, Abasolo. Y otros caudillos después como el mismo Morelos, Galeana y Matamoros.

Por eso, por la trascendencia histórica de ese movimiento libertario es que los mexicanos no debemos olvidarlo. Por eso también la llamada de atención del reportero Miguel Rubio en el sentido de que el congreso local no hubiera recordado esa fecha importante en los anales de nuestro país, sobre todo porque la sala de sesiones lleva el nombre del insurgente más destacado de la independencia nacional.

Lo mismo se podría decir de la escuela secundaria que se encuentra frente al monumento y que lleva el nombre de José María Morelos y Pavón. Aunque se justifica la disculpa por el periodo de vacaciones, estoy seguro que en sus clases de historia sus maestros realzarán la vida y los hechos de este mexicano ejemplar el que, a pesar de los 200 años de su sacrificio, aún vive en el recuerdo de todos los que habitamos este país independiente y libre.

Diciembre 29 de 2105

jueves, 17 de diciembre de 2015

Un regalo equivocadoLa playera, prueba del delito.

La playera, prueba del delito.
Por costumbre, en el día de mi cumpleaños y en Navidad mis hijos me regalan prendas de vestir, algunas de las cuales pasa mucho tiempo sin estrenarlas. A mi edad y sin buscar mejorar mi apariencia, los regalos permanecen en el armario durmiendo al lado de sus etiquetas.

A veces, esto ha sido motivo de quejas de mi familia por lo que consideran un desprecio a sus afanes de agradarme. En ocasión reciente, mi hija Ana María me reprochó porque un traje que me regaló el año pasado todavía no lo había usado y vaya, ni me acordaba de que lo tenía en mi guardarropa.

Fue por eso que la semana pasada me dediqué a buscar los regalos y encontré una playera de manga larga propia para estos meses de frío. –“Esta si me va a servir” —me dije— y sin pensarlo mucho la aparté para ponérmela al día siguiente. Como la vi superficialmente no me di cuenta de las leyendas impresas en ella, cosa común en esta clase de prendas.

Por la mañana, protegiéndome con ella, me dirigí a las oficinas del agua potable que se encuentran cerca de la Escuela Normal Urbana, con la buena y a la vez mala suerte de encontrar a un estimado amigo quien también andaba en esos menesteres. Después de los saludos de rigor, se me quedó viendo y no dudó en decirme: --“¿Oye, no eres tú uno de los que defiende a capa y espada que no se le llame a nuestra tierra Baja Sur?

Me extrañó la pregunta pero lo contesté afirmativamente. Pero a mi vez le repliqué: --¿a qué viene la pregunta? Y entonces para mi sorpresa y bochorno me dijo:”Porque traes en tu playera la propaganda que dice lo contrario”. Cierto, en ese instante me quité la prenda —traía una camiseta debajo— y en efecto en la parte que da a la espalda decía Baja Sur, México, con letras grandes y una estampa con una montaña, un cardón, un coyote y un conejo.

No me lo van a creer, pero volví a mi casa apresuradamente, llevando la dichosa playera apretujada entre mis manos. La guardé en lo más profundo del clóset, y ahí permanecerá como recuerdo de la metida de pata que casi da al traste de mis convicciones. Y es que yo he sido, junto con otros buenos escritores y periodistas sudcalifornianos, defensor acérrimo de que no se mutile el nombre de nuestro Estado.

Apenas ayer, Eligio Moisés Coronado, en sus crónicas sudcalifornianas, insertó el decreto del gobierno del Estado que prohíbe la utilización del término Baja como sinónimo de Baja California Sur. Y prescribe multas para todos aquellos que no respeten lo estipulado en ese documento oficial. Y a como están las cosas, será conveniente un decreto más en el que se prohíba también el uso de Baja Sur que ya es utilizado por comercios, revistas, eventos deportivos, publicidad turística y párele de contar.

¿Se imagina usted cuantas playeras con ese letrero ofensivo andan exhibiendo los habitantes de La Paz y otros pueblos de nuestro Estado? O pensar que haya otras prendas u objetos que venden en los comercios que también ostentan esa leyenda. Como si fuera una campaña orquestada por personas o grupos que persiguen fines inconfesables, a la que no son ajenos mexicanos mal nacidos y extranjeros con afanes de dominio territorial.

Total, me disculpé con el amigo que me hizo el reproche y le prometí escribir un artículo a manera de crónica sobre este regalo equivocado y la imprudencia que cometí al exhibirlo. Si lo lee, ojalá ya no dude de mis convicciones de seguir defendiendo el nombre de Baja California Sur.

Diciembre 16 de 2015.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Los oasis y la misión de Santa Gertrudis la Magna

Misión Santa Gertrudis la Magna.
Los oasis en Baja California siempre han sido fuentes de vida. En una región desértica como lo es la península californiana el agua adquiere un valor especial sobre el que gira la supervivencia y el desarrollo de sus habitantes. Por eso, los primeros poblamientos de la península y después durante el establecimiento de las misiones religiosas, los oasis han dado origen a varias poblaciones y muchas rancherías a todo lo largo y ancho de esta región.

Desde la fundación de la Misión de San Bruno en 1683 por el padre jesuita Eusebio Francisco Kino, fueron 17 centros religiosos fundados por esta orden y siempre alrededor de lugares donde existían oasis. Pero encontrarlos fue extremadamente difícil, lo que obligó a los padres jesuitas a efectuar grandes recorridos, por lo regular a cientos de kilómetros, hasta descubrir las fuentes de agua donde establecer sus misiones.

Así fundaron, a partir de 1697, las misiones de Loreto, San Javier, Mulegé, Comondú, La Purísima, San Ignacio, San Luis Gonzaga, La Paz, Todos Santos, Santiago y otras más. Debido a las dificultades económicas y la falta de misioneros, las fundaciones fueron espaciadas de tal manera que necesitaron 70 años, hasta 1767, para lograr sus propósitos evangelizadores.

En los últimos años de su estancia en la península, los padres jesuitas fundaron las misiones de San Francisco de Borja, Santa Gertrudis La Magna y la última Santa María de los Ángeles, en 1776. Estas tres misiones localizadas un poco más allá de los límites del actual estado de Baja California Sur, fueron atendidas en su momento por los padres de la misión de San Ignacio.

La historia de la misión de Santa Gertrudis La Magna es muy interesante. La mayoría de los historiadores, entre ellos Miguel León Portilla y Pablo L. Martínez apoyados en las crónicas del padre jesuita Miguel del Barco, aseguran que la misión fue fundada en 1752 por el padre Jorge Retz. En cambio, Carlos Lazcano dice que en realidad fue el sacerdote Fernando Consag el primero en establecerla en 1737, cuando el padre visitador de los jesuitas de la California, Andrés García, lo comisionó para establecer una nueva misión en la parte norte.

Lazcano aclara que la confusión se debe a que los primeros 14 años, antes de que estuviera en su sitio actual, a esta misión se le apoyaba desde San Ignacio y se le conocía con el nombre de Nuestra Señora de los Dolores. Y aunque Fernando Consag fue el que la cambió a su sitio actual, quien la empezó a atender fue el padre Retz a partir de 1752.

A poco de establecerse en la misión de Santa Gertrudis —narra Carlos Lazcano— el padre Retz dio principio a los trabajos agrícolas que le permitieron a su misión cierta autonomía. Encontró un manantial un poco más amplio y el construyó un canalito para regar la poca tierra de cultivo que se disponía. Pero igual acarreó tierras de otras partes a fin de obtener mejores siembras. Construyó acequias y pilas que le permitieron sembrar y cosechar en poco tiempo. El maíz y el trigo florecieron, junto con frutales como olivos, higos, granadas, uvas y dátiles. Con las uvas, el padre Retz elaboró los primeros vinos del norte peninsular, tradición que se conserva hasta nuestros días.

El padre Retz hizo florecer esta misión, algo notable ya que se encontraba en medio del desierto central de la península, con una de las geografías más hostiles de la península. Cuando el padre Consag entregó la misión al padre Retz, ésta contaba con alrededor de mil indígenas cochimíes bautizados. Para 1762 la población era de 1735 y ya cuando los jesuitas fueron expulsados de California quedaban mil en la misión. Después las epidemias fueron reduciendo la población indígena, hasta que la misión fue abandonada en 1822.

Al abandonarse la misión la custodia quedó en manos de los habitantes del lugar. En la actualidad la atendía el señor Eugenio Ceseña Urías, quien tenía a su cargo organizar los festejos en honor de la virgen, todos los 17 de noviembre de cada año.

Quien desee conocer el oasis y la hermosa y bien conservada misión de Santa Gertrudis la Magna, debe viajar a la población de Vizcaíno y de allí al lugar conocido como El Arco. De esa comunidad se recorren 33 kilómetros a través de tramos arenosos y pedregosos, por lo cual es necesario vehículos de doble tracción. El recorrido de realiza en un tiempo aproximado de una hora con cuarenta minutos. El edificio se localiza en una meseta al pie de una gran sierra; un arroyo corre alrededor de la misma. La vegetación es escasa, con árboles frondosos en el lecho del arroyo. Vale la pena visitarla porque los oasis contribuyeron a la evangelización de los indígenas de Baja California.

Diciembre 14 de 2015.

lunes, 7 de diciembre de 2015

1967 y el periódico “El Sudcaliforniano”

Don Carlos Morgan (+) y Mario Vázquez Raña (+), director 
general de  Organización Editorial Mexicana.
Mi encuentro con el periódico que fundara Carlos Morgan Martínez en 1967 no fue de mi gusto. No había pasado un año de su presencia en nuestra ciudad de La Paz, cuando apareció un artículo en su primera plana criticándome por haber tenido la audacia de fungir como perito de joyas arqueológicas.

El asunto sucedió así. Un día de tantos recibí la invitación de las autoridades judiciales para que actuara como perito para determinar la autenticidad de unas piezas arqueológicas que tenía en venta un señor que llego del interior de la república. Lo tenían detenido en los separos de la policía junto con la mercancía.

La conclusión fue inmediata. Después de observar con detenimiento las piezas e incluso raspar en su superficie, me di cuenta que eran burdas imitaciones de las que abundan en los centros arqueológicos del centro de la república y de las zonas de Tabasco y Yucatán. Además, el precio que pedía por ellas distaba mucho del valor real de las verdaderas.

No son genuinas —me decía asustado el vendedor— ni tampoco las robé. Las compré en un mercado artesanal donde hay muchas de ellas.

Total, con mi declaración el asustado señor quedó libre, pero con la advertencia de que en futuras ocasiones debería mostrar el recibo de compra del comercio expendedor. Y, desde luego, mi experiencia sirvió porque en mis viajes que hacía al interior de la república adquirí varias muestras arqueológicas de imitación.

En esos años del inicio del periódico ya se publicaba en nuestra ciudad “El Eco de California” que se especializaba en temas regionales, al contrario de “El Sudcaliforniano” que contenía información nacional y del extranjero. Por eso, los envidiosos le llamaban “el papelote del nombre prestado” y a don Carlos “el pirata Morgan”.

Cuando Carlos Morgan se retiró de la dirección del periódico, fundó después “El Diario Peninsular” y “El Forjador”. Este último me publicó varios artículos, lo mismo que “El Eco” y el “BCS”. Y después de muchos años, a partir del año de 1999, “El Sudcaliforniano” me publicó casi 200 crónicas muchas de las cuales me sirvieron para publicar cuatro libros. Fue cuando era director el estimado amigo y excelente periodista Jesús Chávez Jiménez, y después el actual don José Escobar García quien por varios años ha sabido llevar a ese diario por los caminos de un verdadero medio de comunicación masiva.
                                                                                         
Y como siempre, no faltan anécdotas en la vida de este medio informativo. Humberto de los Ríos, un viejo amigo de las imprentas relata que en una ocasión don Carlos Morgan solicitó su ayuda para maquilar la información del periódico dado que su linotipo se había descompuesto. Así que durante tres o cuatro días el contenido de “El Sudcaliforniano” se maquiló en los talleres de “El Eco de California” donde trabajaba Humberto. Por supuesto la ayuda fue un tanto sigilosa a fin de que no se diera cuenta Félix Alberto Ortega Romero, propietario de este último periódico, por aquello de la competencia.

En la actualidad “El Sudcaliforniano” es un órgano informativo reconocido por la sociedad. Con un tiraje de 20,000 ejemplares se distribuye en las principales ciudades y pueblos de nuestro Estado. Además de las noticias, tiene secciones de sociales, deportivas, policíacas y de los cinco municipios. Cuenta, además, con una sección de información nacional e internacional y otra titulada La República. En su sección de Opinión colaboran prestigiados comentaristas y periodistas de renombre del ambiente nacional. Y le da cabida a otros de nuestra ciudad quienes escriben crónicas, asuntos culturales y análisis de la problemática local.

Por todo ello quiero pensar que tenemos “El Sudcaliforniano” para rato.

Diciembre 05 de 2015