Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

jueves, 10 de septiembre de 2015

El sudcaliforniano olvidado

El miércoles pasado el grupo Reflexión escuchó la plática del ingeniero Jorge M. Rolland Constantine quien radica en la ciudad de Querétaro, sobre la vida y la obra de su abuelo el también ingeniero Modesto C. Rolland, originario de esta ciudad de La Paz y que se distinguió en su tiempo por ser un innovador en el arte de la construcción a base de concreto armado.

Fue una exposición detallada y completa de este sudcaliforniano que en su juventud incursionó en la política, ocupó altos puestos en las administraciones públicas de esa época y fue el constructor de la plaza de toros México en la capital del país, el estadio de la ciudad de Jalapa y otras obras de no menos importancia.

El nombre de Modesto C. Rolland es poco conocido en nuestro estado, sobre todo porque la mayor parte de su vida la pasó en el centro de la república. De niño asistió a las escuelas de Santa Rosalía y La Paz. En el Instituto Rosales de la ciudad de Culiacán se recibió de maestro y posteriormente hizo la carrera de ingeniería en la ciudad de México.

En los últimos meses se han insertado en el periódico El Sudcaliforniano uno o dos artículos sobre la vida y la obra del ingeniero Rolland. En el 2007, en mi libro “Narraciones de ayer y de hoy” incluí una crónica con el título de ¿Quién fue Modesto C. Rollland? Ahora, con la documentada investigación realizada por su nieto y que es suficiente para la edición de un libro biográfico, estaremos en condiciones de valorar la presencia de este personaje en el  progreso de nuestro país.

Jorge Rolland vino a La Paz en busca de mayor información sobre su abuelo. Lo único que pudimos decirle es que el historiador Pablo L. Martínez en su libro “Guía familiar de la Baja California” insertó el dato del matrimonio de Juan Francisco Rolland y María de Jesús Mejía, padres de don Modesto. Y también de uno de los hermanos de éste el señor Guzmán Rolland que se casó con doña Julia Piñeda.

Como consecuencia de este último matrimonio se formó una familia muy conocida en nuestra ciudad. Recordamos a cinco de sus hijos, los profesores María de Jesús  y David, a José (cuate), María del Refugio y Juan B. quien fue subjefe de Hacienda en esta ciudad.

María de Jesús, conocida cariñosamente como la Chuy Rolland, llenó toda una etapa en el magisterio sudcaliforniano. Fue una activista en tareas sociales y la fundadora y directora durante varias décadas de la escuela primaria “Rosendo Robles”.

La señora Julia Piñeda era hermana de Filemón C. Piñeda, uno de los distinguidos poetas sudcalifornianos, quien a su vez fue el padre del profesor César Piñeda Chacón, Incansable promotor de las artes y la cultura de nuestro Estado. Y todos por lazos de parentesco, son parientes del ingeniero Modesto C. Rolland y, desde luego del ingeniero Jorge.
Bueno, pues después de la plática sobre su abuelo, los asistentes al desayuno del grupo Reflexión propusieron que sus restos fueran depositados en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. Se tomó nota de ello, pero en tanto, lo mejor sería que una de las calles de la ciudad llevara su nombre, o bien un fraccionamiento o colonia. Que una de las aulas o auditorio del Instituto Tecnológico lo recordara o bien que su busto se colocara en la calzada Forjadores de la Baja California.

Con este homenaje, a la vez que se reconocen los méritos del ingeniero, se hará perdurable el apellido Rolland, uno de los más antiguos de la Baja California.

Septiembre 10 de 2015.

*Nota del editor
Si lo desea, puede ver y descargar el libro Narraciones de ayer y hoy directamente de este blog o a través del siguiente enlace:
https://drive.google.com/folderview?id=0BxYWdR7T4Rp0flA1cDQ2b2FZR1puWjVON3pKTWhzajFPeHFkeDhWU3RtNEI5aEtzU2ViYzQ&usp=sharing

lunes, 7 de septiembre de 2015

Una guayabera y los chiles en nogada

Hace días recibí la invitación para asistir a la toma de posesión de Carlos Mendoza Davis como el nuevo gobernador de nuestro estado. En una pequeña tarjeta adjunta indicaba que los hombres deberían llevar guayabera de manga larga. “ Bueno —me dije— para el calor septembrino es lo más adecuado”.

Ahora, faltando dos días para el acto, recordé que no tengo una camisa de esas características y que si deseaba asistir debería conseguir una. Lo más fácil sería comprarla en una de las tiendas de ropa, pero en la primera de ellas al preguntar por el precio me arrepentí. Costaba la friolera de 1,400 pesos. Así las cosas, me resigné a ver por la televisión la trasmisión del evento.

Ayer, una de mis nietas, la doctora en ciencias Martha Reyes, me habló por teléfono para invitarme a saborear unos chiles en nogada que había adquirido especialmente para nosotros —mi esposa y yo—. Claro, invitación tan especial no podíamos despreciarla, así es que a eso del mediodía llegamos a su casa dispuestos a darle mate a ese famoso platillo poblano.

Mientras se hacían los preparativos de la comida iniciamos una plática sobre diversos temas de actualidad sin faltar, por supuesto, el incremento de la criminalidad en nuestra entidad. Y entre un tema y otro, les dije de la invitación a la toma de posesión y la imposibilidad de asistir por falta de una guayabera de manga larga.

Mi nieta se me quedó viendo y de pronto me interrumpió para decirme: “abuelito, no te preocupes, Carlos tiene varias —Carlos es su esposo y doctor en ciencias igual que ella— y te puede prestar una”. Por fortuna él es de estatura semejante a la mía y es flaco como yo. Con premura se levantó y en menos de tres minutos ya me hacía entrega de una prenda de color blanco que me quedó a la medida.

Así es que, a la par de degustar los chiles en nogada, por cierto riquísimos, aseguré mi presencia en la toma de posesión del nuevo gobernante de Baja California Sur. “Pero, —me pregunté—“¿porqué lo de la guayabera si en esos actos protocolarios lo más común es el traje?”. Preguntando aquí y allá, me informaron que era un reflejo de la forma de vestir del exgobernador del estado, don Ángel César Mendoza Arámburo y que incluso en su toma de posesión en 1975 se presentó con ese atuendo.

En esos años se hizo muy popular la guayabera porque el presidente Luis Echeverría la usaba cotidianamente. Y claro, todos los funcionarios de su gobierno hacían causa común con él. En las fotografías de ese año, aparecen el presidente, Félix Agramont Cota —gobernador saliente—, Ángel César y el profesor Manuel Salgado Calderón vistiendo esa prenda. De seguro, muchos de los asistentes al solemne acto los imitaron.

El hecho mismo de recordar a su padre revela una gran sensibilidad de su hijo Carlos. Durante su registro como candidato a gobernador por el PAN, aseguró que por herencia trae la vocación de servicio y el amor a Sudcalifornia y porque de sus padres comprendió el don de la amistad y la humildad.

Así es que asistiremos a un acto inusitado en Baja California Sur y en nuestro país. Aquí tenemos una familia de gobernadores para bien de todos: el Lic. Ángel César Mendoza Arámburo, Alberto Andrés Alvarado Arámburo y Carlos Mendoza Davis. Los dos primeros de gratos recuerdos por su excelente y honesta administración; del último sus reiterados deseos de seguir el ejemplo de sus antecesores.

Septiembre 07 de 2015.

viernes, 4 de septiembre de 2015

Junípero Serra y la Baja California

Hace unos días en el periódico El Sudcaliforniano apareció una nota en la sección República, en la que se da conocer que el día 23 de septiembre en la ciudad de Washington se canonizará a fray Junípero Serra, el misionero franciscano fundador de varias de las misiones de la Alta California y años antes de las misiones de la Sierra Gorda del estado de Querétaro.

La vida y la obra de este fraile son un tanto desconocidas por los habitantes de esta península, dado que por su corta estancia en ella —un año— no realizó acciones trascendentes, como lo hicieron en su tiempo los misioneros jesuitas. En esos años, de 1768 a 1772, los franciscanos solamente atendieron en la medida de sus posibilidades las misiones que dejaron los jesuitas después de su expulsión en 1767.

Con la autorización del rey de España, el visitador José de Gálvez brindó todo su apoyo a fin de que los franciscanos llegaran a la Alta California donde realizaron una extraordinaria hazaña fundando misiones como las de San Diego de Alcalá, San Bernardino, San Carlos Borromeo y la de Santa Bárbara.

El recorrido desde la Baja California hasta la Alta en el año de 1769 es descrito con detalles en el diario que escribió el padre Serra el cual, gracias a la buena disposición del historiador Carlos Lazcano, fue publicado en el 2002 por el gobierno del estado, la fundación Barca y el Museo de Historia de Ensenada. En la introducción del libro Carlos dice:

Formando expedición por tierra con el gobernador Portolá, inicia Serra la marcha hacia el norte. La preocupante herida de su pierna ulcerada hacía tan torpe y pesado su caminar… Pero Fray Junípero no se rinde. El primero de julio de 1769 llegan al puerto de San Diego y, mientras las tropas izan la bandera de España y levantan el campamento, el padre Serra enarbola la cruz y funda la primera misión en la Alta California”.

Serra era un hombre de carácter firme y de una gran voluntad. A pesar de sus dolencias superó obstáculos y fue el fundador de las primeras nueve misiones. Lazcano dice de él: “Miles y miles de kilómetros pisó en su fecunda vida. Cojeando y valiéndose de un bastón, visita las misiones para estar con sus hermanos los misioneros. Predica, confirma, bautiza, confiesa y aún le queda tiempo, para él el más precioso, en el que se ocupa de los problemas y necesidades de sus queridos indios”.

El 28 de agosto de 1784 falleció y fue sepultado en la misión de San Carlos Borromeo, cerca de Monterrey. El 25 de septiembre de 1988, Juan Pablo II, quien había visitado la tumba de fray Junípero Serra, lo beatificó solemnemente en la ciudad de Roma. Y ahora, el 23 de septiembre será canonizado por el papa Francisco durante su visita a esa ciudad norteamericana. El solemne acto se llevará a cabo en la basílica del Santuario de la Inmaculada Concepción, que es la mayor iglesia católica en los Estados Unidos y una de las más grandes del mundo.

Son diversos los historiadores que se han referido a la vida y la obra de Serra. La más importante, quizá, es la de fray Francisco Palou que escribió “La vida de fray Junípero Serra”, publicado por la editorial Porrúa en su colección Sepan Cuantos. También la conferencia que ofreció en esta ciudad el doctor Lino Gómez Cañedo titulada “Un lustro de administración franciscana en Baja California.”

Serán, desde luego, los estados de Querétaro y el de California en los Estados Unidos, los que estarán de plácemes, porque sintieron la presencia de este misionero, cuyo recuerdo vivirá reflejado en las misiones que fundó tanto en México como en los Estados Unidos.

Septiembre 04 de 2015.

domingo, 30 de agosto de 2015

El Gral. Porfirio Díaz y la Baja California

Fue en la ciudad de Orizaba, Veracruz, donde hace días el presidente municipal, Juan Manuel Diez Francos, hizo el anuncio de que levantaría una estatua al general Porfirio Díaz con recursos propios, al considerar que fue un gobernante que propició el desarrollo del país. Una estatua de bronce, de cinco metros de altura que se colocará en el cetro de la ciudad.

Con el visto bueno del cabildo —un síndico y seis regidores— y el respaldo de organizaciones civiles y sindicales, entre ellas la CROC, el proyecto tiene todos los indicios de que va a materializarse. Y es que, gracias a su excelente labor al frente del ayuntamiento, la población lo respalda en la mayoría de sus iniciativas. No en balde todo su sueldo lo destina a causas altruistas que son necesarias en un municipio de 121,000 habitantes.

Diez Francos se ha adelantado a un movimiento ciudadano que pretende reivindicar la memoria del general Díaz, pensando incluso que sus restos sean trasladados de la iglesia de Saint Honoré l”Eylau, en París, hasta uno de los panteones de la ciudad de México. Claro, con su correspondiente justificación como héroe de la patria.

Y como son las cosas. Si Manuel Márquez de León —nuestro héroe epónimo— viviera, de seguro volvería a morirse cuando se enterara de esas pretensiones. Y nunca, salvo mejor opinión, permitiría que una estatua o monumento recordara a Díaz en toda la Baja California.

He aquí el porqué: En 1879, el general Márquez de León expidió el Plan Revolucionario de El Triunfo, en el que desconocía al gobierno de Porfirio Díaz e invitaba al pueblo sumarse a su rebelión. En una parte de ese Plan dice: “considerando que el gobierno del general Díaz es una verdadera calamidad para la República; que ese jefe perjuro ha faltado a sus compromisos vulnerando los mismos principios que tantas veces protestara sostener, y que nada se puede esperar ya de quien la honra de la nación y la vida de los ciudadanos no merecen ningún respeto…”.

Como es bien sabido el movimiento de Márquez de León no fue respaldado por otros grupos del interior de la república, por lo que tuvo que emigrar a los Estados Unidos y desde allí continuó con su oposición —a través de artículos periodísticos— al gobierno del general Díaz.

Sobre la vida y la obra del general Manuel Márquez de León—sus restos se encuentran en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres de esta ciudad de La Paz —varios escritores e historiadores se han referido a ellos. En un libro próximo a aparecer —lo va a publicar el Instituto Sudcaliforniano de Cultura titulado “Los Personajes Ilustres de la Rotonda” — de mi autoría, se incluye un texto sobre este personaje.

Otros autores como Sandino Gámez, Eligio Moisés Coronado y Jorge Amao, han escrito artículos analizando la presencia de este héroe sudcaliforniano en el panorama nacional. Y no es para menos: su participación en la defensa de la soberanía nacional durante la intervención norteamericana de 1846-48; el apoyo al presidente Juárez en la Guerra de Reforma; los combates que libró en contra de la intervención francesa en los años de 1862 a 1867, lo hacen merecedor al reconocimiento del pueblo de nuestra entidad.

Como también hay información abundante sobre Porfirio Díaz y su gobierno de más de treinta años. Vituperado por unos y alabado por otros, el viejo dictador llena un período de la historia de México. Y ahora, con el rescoldo que dejaron las cenizas, se vuelve necesario releer esa etapa de nuestro país donde la figura central fue “el llorón de Icamole”.


Agosto 29 de 2015.

martes, 25 de agosto de 2015

Un drama ranchero

El domingo pasado me invitaron a un rancho allá por el lado de El Cajoncito. Se encuentra a escasos 20 kilómetros al Este de La Paz, en las faldas de la sierra de Las Cacachilas. Su dueña, la señora Magdalena (güera) Juárez Galindo, había mandado matar un lechón que fue convertido en sabrosas carnitas y un rico pozole.
—Trajeron la buena suerte— dijo la güera. Porque a eso del mediodía cayó un fuerte aguacero que duró más de media hora. Por supuesto y con motivo de los preparativos para la comida —los leños para el fogón, el corte de la carne— todos nos remojamos un poco, sobre todo Pancho responsable de cuidar el cazo con la carne.
Pero a pesar de la lluvia todos disfrutamos la estancia en ese lugar; claro, los adultos saboreando las ambarinas y los niños correteando por los alrededores. Cuando las carnitas estuvieron a punto comenzó la comilona, acompañada de sopa fresca, guacamole, salsa borracha, frijoles y tortillas de sobra.
Pasaban las cuatro de la tarde. Con el estómago lleno y con alegría que produce la ingestión de varios vasos de cerveza, la plática se generalizó y entre anécdotas propias de los rancheros las horas fueron pasando. Y cuando todo parecía que sería un final feliz, de pronto la dueña del rancho nos invitó para que fuéramos a los corrales a ver una vaca que estaba echada y no podía levantarse. Y lo peor era que estaba a punto de parir.
En efecto, debajo de un pequeño arbusto, estaba una vaca joven con el vientre distendido y una mirada triste. Entre varios hicimos el intento de levantarla, pero fue imposible. Pancho nos explicó que era por falta de calcio lo que debilita sus extremidades. –Si sigue así —comentó— vamos a tener que sacrificarla, aunque muera también la cría.
Como una medida urgente, al día siguiente por la mañana, Pancho viajaría a La Paz para comprar unas ampolletas de calcio a fin de inyectárselas al animal. Era un último recurso para salvarla. Le sugerí que podíamos hablar a la Secretaría de Desarrollo Económico del Gobierno del Estado y ver la posibilidad de que un veterinario de esa dependencia pudiera orientarnos sobre el problema.
En efecto, hoy en la mañana hablé con un funcionario de Desarrollo, le solicité su ayuda y quedaron de avisarme su disponibilidad. Me quedé esperando su llamada. Por fortuna, Pancho contrató los servicios de un veterinario, atendió la vaca, nació vivo el becerrito y la madre parece que está recuperándose.
Y todos felices y contentos. El domingo próximo estaremos por allá para disfrutar de un rico mole de guajolote. Bueno, eso espero. Aunque sea de gallina. Pero queda algo que no nos parece bien. ¿Porqué el gobierno, llámese estatal o municipal, no tiene oficinas que puedan atender los problemas de los ranchos? En cada región ganadera debería haber veterinarios prestos a atender situaciones como la anterior. O de perdida realizar visitas periódicas a esos ranchos dando asesoramiento sobre cómo atender casos como el que hemos venido comentando.
Es sabido que los rancheros de nuestra entidad, salvo raras excepciones, tienen grandes problemas económicos y hacen hasta lo imposible por mantener su ganado. Y allí permanecen por su amor a la tierra. Por eso, cuando hacen gastos imprevistos, como el pago al veterinario o gastos de medicinas, afecta de manera sensible su raquítica economía. Pero así están las cosas, como dijo Chespirito: “Y ahora,¿ quién podrá ayudarme?

Agosto 18 de 2015

lunes, 17 de agosto de 2015

Los frutos de la perseverancia

El que persevera alcanza, dice un refrán. Y este se justifica porque hace unos días recibí por correo exprés un ejemplar de la tesis, que para obtener el título de Licenciado en Historia por la UNAM, presentó el general de brigada Mauricio Ávila Medina.

La tesis versa sobre el fuero militar en España y Nueva España en los siglos XVI al XVIII, un tema de actualidad que tiene que ver con la presencia del ejército y la marina en la lucha contra el narcotráfico y las omisiones a los derechos humanos. En el mes de julio de 2011 la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinó que el fuero militar no opera para procesar a soldados responsables de violación a los derechos de la ciudadanía.

El fuero militar que es el derecho de todo militar de ser juzgado por sus propios tribunales, es una ordenanza que se remonta al siglo XVI en España y desde esa época Ávila Medina analiza en detalle su aplicación hasta llegar al siglo XVIII. Pero su investigación no le impide hacer referencia a la situación actual que viven las fuerzas armadas mexicanas las que, por decisión presidencial, se han sumado al combate contra los narcotraficantes.

Pero, ¿quién es el general Mauricio Ávila Medina? En el periodo de gobierno del presidente Felipe Calderón fue el comandante de la 3/a Zona Militar con sede en esta ciudad. Con ese carácter colaboró con las autoridades en actividades sociales y de seguridad pública. Con su don de gentes hizo amistades con diversas personas de la sociedad civil, entre ellas los periodistas Mario Santiago González y Jesús Chávez Jiménez, la escritora Estela Davis y Jesús Murillo Aguilar, su compadre. Desde luego, me dispensó su amistad que ha perdurado a través de los años.

El general tiene una especial predilección por nuestra tierra. Y es que conoció parte de ella cuando con su grado de teniente lo enviaron al centro minero de El Arco y posteriormente al pueblo de San Ignacio. Aprovechó esos años para conocer la región norte de la entidad y adquirir conocimientos sobre su historia, su economía y las características de su población.

Por eso, cuando regresó a La Paz ya con su grado de general brigadier, procuró enterarse de la situación económica, social y política de nuestro estado y para ello se valió de amistades como las anteriores. Compartiendo los desayunos en el comedor de la comandancia, hacíamos remembranzas de lo que había sido y es nuestra entidad, con los altibajos de su desarrollo.

Cuando la Secretaría de la Defensa Nacional lo concentró en la ciudad de México, y considerando que ya tenía la suficiente antigüedad en el ejército, solicitó su baja que le fue concedida por el secretario de la Sedena, el general Guillermo Galván Galván.

Bajo su condición de civil, un día me comunicó por teléfono que tenía pensado ingresar a la UNAM a fin de terminar la licenciatura en Historia. De vez en cuando le preguntaba cómo le iba en sus estudios e invariablemente me respondía:--“Vamos bien, señor profesor Reyes”. Y así hasta ahora en que me hizo llegar su tesis con la dedicatoria.

Y fuera de su carrera militar ya pintaba para otra cosa. En el año de 2012 publicó un libro al que puso por nombre “Programa del general Baldomero Centella y González, candidato a la presidencia de la república, 2012-2018”. Una historia ficción que muestra una forma de gobernar sui generis. Como reducir a treinta y dos los senadores y doscientos los diputados. O de que los secuestradores o asesinos podían ser sentenciados a la pena de muerte por jurados populares.

Al agradecerle el obsequio de su tesis le pregunté: “¿Y ahora la maestría, señor general?

Agosto 13 de 2015.

sábado, 15 de agosto de 2015

El patrimonio de los sudcalifornianos

Ahora con el revuelo causado por el permiso del uso del suelo por parte del ayuntamiento de La Paz, a fin de que una empresa extranjera pueda explotar una mina a cielo abierto en el área protegida de la Sierra de La Laguna, muchas personas y asociaciones no gubernamentales claman a los cuatro vientos que con ello estamos perdiendo gran parte de nuestro patrimonio.

Esas voces se refieren a lo que por derecho pertenece a los habitantes de esta región como son las playas y los terrenos colindantes a ellas. Y de cómo, para poder explotar una mina de esta naturaleza, los inversionistas tuvieron que adueñarse de miles de hectáreas en la zona donde existen ranchos y familias aposentadas ahí hace cientos de años.

Afortunadamente todavía existen autoridades lo suficiente razonables para sopesar el grado de deterioro ambiental que puede ocasionar este tipo de minería, por lo que pensamos que no será autorizada. Además, porque al cabo de varios años de explotación solo dejarán una región yerta y plagada de contaminantes.

Y con referencia al patrimonio—algo que nos pertenece por derecho y por eso debemos defenderlo--, hace unos días leí de nueva cuenta el libro que escribió Arthur W. North en 1907. Lleva por título “The mother of California” y es considerado un libro clásico en la historiografía de la Baja California.

Según él recorrió toda la península a pie y muchas veces en burro con las consiguientes incomodidades y soportando las inclemencias del tiempo. En la portada del libro se lee: Es un esbozo histórico de la poca conocida tierra de Baja California, desde los días de Cortez hasta los tiempos presentes, describiendo las misiones en ella establecidas, las minas que ahí se encuentran y los aspectos materiales, políticos y sociales del territorio.”

El contenido del libro es interesante, sobre todo cuando se refiere a los sucesos económicos y políticos de la segunda mitad del siglo XIX. Fue la época de las grandes concesiones de tierras a inversionistas norteamericanos, sobre todo en la parte norte del país y, en especial, en la Baja California. Concesiones autorizadas por los presidentes Juárez y Díaz, en un afán de llevar prosperidad a esas regiones.

North hace mención también de los continuos intentos de apoderarse de la Baja California bien por compra o por la fuerza. Incluso contando con la buena disposición de algunos presidentes norteamericanos. Narra el caso del filibustero William Walker que se apoderó de La Paz en 1853 apoyado por empresarios gringos.

En los últimos capítulos hace referencia a los recursos naturales de la península y a las minas de California, con especial énfasis en la empresa de El Boleo. Como cosa curiosa, el historiador se dio tiempo para explicar el proceso de la elaboración del mezcal, licor muy apreciado por los rancheros.

Pero yo recordaba que había algo en su libro que no me había gustado y ahora, con eso de la mina a cielo abierto, supe que era. Resulta que en la parte final de su libro, North declara paladinamente, que para lograr el progreso de la Baja California debería venderse a los Estados Unidos. Desde luego, como buen norteamericano y seguidor de la doctrina del Destino Manifiesto, no podía ser de otra manera.

Lo bueno es que a pesar de todos los intentos por apoderarse de nuestra tierra—la pérdida de nuestro patrimonio—han fracasado debido a la oposición férrea de todos lo que, en el pasado y en el presente, con valor civil y patriótico empeño han permanecido como guardianes de lo que es nuestro.

Agosto 10 de 2015.