Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

miércoles, 14 de octubre de 2015

El encuentro de dos mundos

En el año de 1966 compré un libro de los que ahora llaman de bolsillo, en 6 pesos. Lleva por título “Cristóbal Colón, Marino”, y su autor es Samuel Eliot Morison. Fue la primera edición en español y por eso ocupa un lugar preferente en mi biblioteca.

Morison no es un historiador cualquiera. En 1942 ganó el premio Pulitzer por su biografía en dos tomos de este navegante. Y años antes apoyado por la Universidad de Harvard recorrió la ruta que en 1492 realizara Cristóbal Colón. De esa experiencia dice: “Mi punto de vista es, sencillamente, de un marino que expone las hazañas de otro al que considera uno de los más grandes navegantes, si no el más grande todos los tiempos”.

Pero, además, en la última parte del libro insertó la primera carta que Colón envió a la reyes de España, Fernando e Isabel, los que, como se sabe costearon el viaje rumbo a las Indias. En ella narra sus primeras impresiones y describe las islas a las que puso nombres: San Salvador, Fernandina, Isabela, Juana, la Española…

Da cuenta de una isla poblada solamente de mujeres —la actual Martinica— y de otra donde los indígenas eran caníbales. Uno de sus capitanes, Alonso de Ojeda le tocó corroborar esa costumbre en la isla mencionada. Cuenta que desembarcó en ese lugar en busca de sus pobladores, pero solo encontraron abandonada una aldea y los cazos de la comida en la lumbre. Como tenían hambre se dispusieron a aprovecharla y entonces se dieron cuenta que lo que había en el recipiente eran brazos, piernas y la cabeza de un ser humano…

No está de más recordar ese acontecimiento histórico: El 6 de septiembre de 1492, venciendo temores e ignorancias, el marino genovés Cristóbal Colon zarpó de un puerto del viejo mundo rumbo a la India, China y el Japón. Al mando de tres carabelas, la Niña, la Pinta y la Santa María recorrió durante más de un mes el llamado mar tenebroso —el océano Atlántico— hasta llegar a la isla de San Salvador a la que los indios llamaban Guanahaní, el día 12 de octubre de 1492.

 “Allí, —dice Morison— sobre la luminosa playa de coral blanco, tuvo lugar el famoso primer desembarco de Colón. El Capitán General (entonces ya con el consenso de todos llamado Almirante) fue a tierra en el bote insignia, desplegando al viento el real estandarte de Castilla: los dos capitanes Pinzón, en sus respectivos botes, flameando la bandera de la expedición, de color verde coronada sobre campo blanco. “Y habiendo dado todos gracias a Nuestro Señor, hincados de hinojos, besando la tierra y llorando de dicha por la inconmensurable merced que habían alcanzado, el Almirante se levantó y dio a la isla el nombre de San Salvador”.

Colón realizó cuatro viajes a la tierra descubierta. En el último recorrió las costas de Nicaragua, Honduras y Costa Rica. Pero ese viaje estuvo lleno de dificultades y peligros. Después de esa expedición regreso a España para informar al rey de sus descubrimientos. Sin embargo a éste no le interesaron los informes de Colón. Enfermo, desilusionado del poco interés de la corte, el llamado Almirante del Gran Océano, murió en la ciudad de Sevilla, el 20 de mayo de 1506.

Lo que ocurrió el 12 de octubre de 1492 más que un descubrimiento fue el encuentro de dos mundos que dio origen a una nueva etapa en la historia universal, con transformaciones sociales, económicas y culturales, tanto en España como en el continente americano.

Desde luego, esta conmemoración tiene sus interpretaciones. En la ciudad de México, con motivo del Día de la Raza, los grupos indígenas lo recuerdan como el inicio de una conquista que destruyó las civilizaciones autóctonas, aniquilando todo resto de las culturas que durante miles de años existieron en nuestro país y en el resto de América.


14 de octubre de 2015.

viernes, 9 de octubre de 2015

Las fiestas tradicionales de Todos Santos

Ayer me obsequiaron el programa general de las fiestas tradicionales del pueblo mágico de Todos Santos. Durante los días 9 al 12 del presente mes de octubre, se desarrollará un programa de actividades religiosas y culturales en conmemoración de la fundación de la misión jesuita de ese lugar en 1733 y de la virgen del Pilar que desde ese año es venerada por los todosanteños.

Me llamó la atención que en el programa  no se incluyeran pláticas o conferencias sobre la historia de esa comunidad de por sí importante, sobre todo la de la misión y de la iglesia que permanece hasta la actualidad. De seguro muchos visitantes desconocen esa historia y deben ser los habitantes de ese pueblo quienes puedan ilustrarlos al respecto.

Existe mucha información sobre el pasado de Todos Santos. Escritores distinguidos se han ocupado de ello, entre ellos el gran ausente el profesor Néstor Agúndez Martínez. Yo mismo, en un libro que escribí en el 2012, incluí dos crónicas referentes a esa población que llevaron los títulos de Santa Rosa de las Palmas: una misión bajacaliforniana y Todos Santos, una historia interesante.

En ese libro “La Paz y sus historias”, escribí: “En Todo Santos, la misión que se fundó por los misioneros jesuitas en 1733 llevó el nombre de Santa Rosa de las Palmas. En ese año el padre Sigismundo Taraval  se estableció en ella, a fin de continuar la obra de evangelización entre los indios de esa región. La misión conservó ese nombre hasta el año de 1749, ya que por haber desaparecido la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz  y sus escasos neófitos llevados a Todos Santos, a partir de entonces se le comenzó a llamar la misión de Nuestra Señora del Pilar de Todos Santos. La virgen fue trasladada a este lugar”.

Los jesuitas atendieron la misión hasta el año de 1767. Después lo hicieron los franciscanos y posteriormente los dominicos, entre ellos Mariano Fernández, Jacinto Fiol y de 1825 hasta 1840 el padre Gabriel González. En ese año la misión fue abandonada definitivamente debido a la escasa población de neófitos.

Respecto a la segunda crónica dije: “No podemos olvidar lo que es y ha sido esa comunidad sudcaliforniana. De sus apellidos tradicionales como los Salgado, Espinoza, Calderón, Martínez, Villarino,  Albáñez, Márquez, Domínguez, etc. De sus mujeres y hombres distinguidos del pasado y del presente como los generales Manuel Márquez de León, Clodomiro Cota, Melitón Albáñez; del padre Gabriel González que aunque nació en España se identifica con ese pueblo; de doña Dionisia Villarino, digna exponente de las mujeres de esa tierra.

“No podemos ni debemos dejar de mencionar a los todosanteños que en estas últimas décadas se han distinguido en el servicio público como autoridades municipales, diputados y funcionarios del gobierno estatal, entre ellos Esteban Pérez Espinoza, César Moreno Meza, Jorge Santa Ana González y Manuel Salgado Calderón. Y de los hacedores de la educación y la cultura como Néstor Agúndez, Oralia Fernández, Valente de Jesús Salgado, José Salgado Pedrín y Heriberto Parra Hacke”.

“La identidad todosanteña va para largo. Mientras existan sus hermosas huertas, el teatro Manuel Márquez de León, la iglesia donde se venera a la Virgen del Pilar, el edificio de la antigua escuela primaria Melitón Albáñez, las sabrosas coyotas y las crujientes melcochas, Todos Santos no debe temer al futuro. Sus mujeres y sus hombres, como en el ayer, defenderán lo que suyo porque es el patrimonio de sus familias y es la herencia que dejarán a las futuras generaciones de ese tradicional pueblo sudcaliforniano”.


09 de octubre de 2015.

domingo, 4 de octubre de 2015

El interés por la historia bajacaliforniana

Los días 1 y 2 del mes pasado, invitado por la CROC, impartí dos conferencias a los miembros de esa organización sindical en las ciudades de Cabo San Lucas y La Paz. El tema central se refirió a la historia de la Baja California desde la época precolonial hasta los tiempos presentes.

Durante hora y media expuse, de manera general, como se desarrollaron los acontecimientos históricos a partir del descubrimiento de la península por Fortún Jiménez, en 1533. Y de cuál fue el origen de la palabra California, un tema obligado cuando se habla del pasado de este región de México.

Auxiliado por imágenes variadas hice referencia a la presencia de Hernán Cortés en estas tierras y su determinación de bautizar el sitio donde desembarcó como Puerto y Bahía de Santa Cruz, por el hecho de haber arribado el 3 de mayo de 1535. Muchos años después, otro expedicionario, Sebastián Vizcaíno le cambio el nombre por el de La Paz,

Hice alusión, de manera especial, al período de los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos que estuvieron aquí desde 1697 hasta 1840. Desde luego, correspondió a los primeros fundar las 17 misiones a todo lo largo de la península, iniciando con la de Loreto y terminando con la de Santa María de los Ángeles, en 1767. Ese año donde llegó la orden de expulsión de los jesuitas de la Baja California y de todo el país.

Antes de iniciar las conferencias, me llamó la atención la intervención del dirigente de la CROC en el estado, el señor Esteban Vargas Juárez, cuando explicó a sus compañeros de la intención de esas pláticas relacionadas con nuestro pasado. Les dijo que sabía que muchos de los presentes no eran originarios de esta región del país y desconocían en parte los orígenes de sus mujeres y sus hombres, de las bellezas naturales que la rodea y que son un atractivo para el turismo que nos visita. “Muchos de ustedes —observó— laboran en hoteles cuyos huéspedes se interesan en conocer aspectos históricos o culturales del lugar al que llegan y, muchas de las veces, son a ustedes a quienes les preguntan. Por eso necesitamos conocer más de este lugar. Y esa es la razón por la que hemos iniciado una serie de pláticas tendientes a ese fin…”.

Motivados por ese mensaje de su dirigente, las cerca de ciento cuarenta personas que asistieron a mis pláticas, escucharon con profunda atención la exposición que hice sobre las diversas épocas históricas por las que ha pasado la Baja California. Al término de ellas les agradecí su presencia y reconocí el interés de su organización para esta clase de eventos de divulgación histórica y cultural

Después me informaron que ello forma parte de un plan de actividades que ellos desarrollan en beneficio de las familias, como las tecnologías domésticas, los programas de abasto, los centros de capacitación y convivencia social y el de emprendedores en movimiento. Toda una serie de acciones que son comunes en esta clase de organizaciones sindicales.

Claro, abundando un poco sobre lo dicho por su dirigente, hice referencia a la importancia que reviste el conocer las características de nuestra región y sus habitantes, sobre su pasado y su presente, ya que ello nos permite valorar la medida de sus esfuerzos a favor de esta tierra. Y como, conociéndola, es que se forma una identidad que permitirá defender en su momento el patrimonio del pueblo sudcaliforniano. Un patrimonio que ahora es suyo por radicar, junto con sus familias, en estos hermosos lugares.

Habrá ocasión en que pueda volver a cambiar impresiones con los integrantes de este sindicato. O con cualquier otro grupo interesado en afirmar sus raíces sudcalifornianas. Vale la pena el intento.

Octubre 03 de 2015.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Una muestra de odio racial

Poco le duró el gusto, digo, si fray Junípero Serra se enteró en el más allá, de su canonización por el papa Francisco en estos últimos días de septiembre durante su visita a la ciudad de Washington, Estados Unidos. Porque apenas antier, el lugar donde fue sepultado fue dañado por vándalos que destruyeron varias lapidas y la basílica del misionero franciscano manchada con pintura.

En una crónica que escribí el 6 de septiembre, me referí a fray Junípero y su fugaz permanencia en la Baja California al frente de los misioneros franciscanos que sustituyeron a los jesuitas en el año de 1768. Fugaz, porque al año siguiente, junto con el gobernador Gaspar de Portolá, llegó a la Alta California a fin de fundar nuevas misiones en esa extensa región.

La primera misión fundada fue la de San Diego de Alcalá el 16 de julio de 1769 y la segunda, San Carlos Borromeo en el mes de junio de 1770, en un lugar llamado Carmelo, cerca de la hoy ciudad de Monterey. Hoy, el pueblo de Carmel es una comunidad de 4,000 habitantes y tuvo su momento de fama en 1980, cuando eligió al actor Clint Eastwood como su alcalde.

En Carmel yacen los restos de Serra. Y en la ciudad de Washington se encuentra un monumento con su efigie en la sala de estatuas, monumento que fue visitado por el papa Francisco. En el solemne acto de canonización el jerarca de la Iglesia dijo de fray Junípero: “Buscó defender la dignidad de la comunidad nativa, protegiéndola de cuantos la habían abusado. Abusos que hoy nos siguen provocando desagrado, especialmente por el dolor que causan en la vida de tantos. Tuvo un lema que inspiró sus pasos y plasmó su vida: supo decir pero especialmente supo vivir diciendo «Siempre adelante»”.

Pero Serra no ha sido el único que ha sufrido agravios. En la historia de la evangelización de las Californias existen varios casos de misioneros que fueron objeto de represalias de parte de los grupos aborígenes. La peor de ellas fue el asesinato de los padres jesuitas Nicolás Tamaral y Lorenzo Carranco, de las misiones de San José del Cabo y Santiago, en el año de 1734.

Un año después los causantes de la rebelión —Botón y Chicori— fueron apresados y condenados a muerte.

Otro caso fue el del padre Félix Caballero de la orden de los dominicos y fundador de la misión de Nuestra Señora de Guadalupe, en 1834. Por supuestos abusos contra los indios de la región, un cacique llamado Jatñil intentó matarlo. Se salvó de milagro escondiéndose bajo las faldas de la cocinera. Como el susto no se le quitó, pidió su traslado a la misión de San Ignacio buscando su seguridad. Pero le falló, porque a los pocos meses murió en condiciones extrañas, quizá envenenado.

Otro que no le fue tan bien fue el padre dominico Eudaldo Surroca de la misión de Santo Tomás de Aquino. En 1803 lo encontraron muerto en sus aposentos y su deceso se lo cargaron a una cocinera de nombre Bárbara, quien con dos cómplices llevaron a cabo el asesinato. Dicen las crónicas que ella era la amante del sacerdote, pero que la tenía incomunicada, sujeta a sus caprichos y abusos sexuales.

De modo que a fray Junípero no le fue tan mal. La policía, eficiente de por sí en los Estados Unidos, pronto dará con los vándalos y serán castigados con el rigor de la justicia de ese país. Y las lápidas y la basílica donde descansa el ahora santo de la Iglesia católica, quedarán inmaculadas, como fue la vida y la obra de este extraordinario misionero.

Será quizá la ciudad de Querétaro una de las primeras en edificar un templo donde se le venerará, dado que fue en la Sierra Gorda de ese estado donde Serra dejó un recuerdo imperecedero.

Septiembre 30 de 2015.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Linck y la misión de San Francisco de Borja

Desde la ciudad de Ensenada el estimado amigo Carlos Lazcano me invitó al IV Festival de la Antigua California, en honor del padre jesuita Wenceslao Linck, fundador de la misión de San Francisco de Borja Adac, evento a realizarse en estos últimos días de septiembre.

Conferencias, exposiciones fotográficas y recorridos históricos son parte del Festival organizado por el Museo de Historia de Ensenada. En esta ocasión se contará con la presencia de la historiadora Simona Binková, de la Universidad de Praga. República Checa, de donde era originario Linck.

En el folleto que se publicó con la investigación y textos de Carlos, se da a conocer que Wenceslao Linck llegó a California en 1762 y ese mismo año fundó la misión de San Francisco de Borja Adac, kilómetros más adelante de la misión de Santa Gertrudis La Magna. Estos dos centros religiosos hoy se localizan en el Estado vecino de Baja California.

Esa región de la península estaba poblada por los indios cochimí y fue a ellos a quienes les llevó la palabra de Dios a través de su conversión a la religión católica. Dicen las crónicas que la misión atendió a cientos de nuevos feligreses y que ello fue posible gracias a un manantial que permitió la agricultura en pequeña escala, la plantación de árboles frutales y la ganadería.

Cuando los jesuitas fueron expulsados de California en 1768, los franciscanos y después los dominicos se hicieron cargo de la misión, hasta el año de 1822 en que fue abandonada por falta de habitantes. De esa fecha hasta el presente la misión ha permanecido resguardada por la familia de don José Gerardo que atiende los antiguos huertos y promueve los festejos del santo en el mes de octubre.

Linck fue el último de los misioneros jesuitas que exploró la parte norte de la península hasta llegar cerca de lo que es hoy la ciudad de Ensenada. En sus correrías llegó hasta la sierra de San Pedro Mártir y la bahía de San Felipe, siempre en busca de sitios adecuados para fundar misiones y de posibles puertos para el galeón de Manila.

Después de su retiro de California, Linck siguió oficiando hasta el año de 1797 en que murió en su país natal. Para los habitantes de la Baja California la vida y la obra de Wenceslao Linck es un tanto desconocida, y es por eso que el Museo de Historia de Ensenada ha preparado esos eventos en su memoria.

En crónica anterior he hecho alusión a los padres jesuitas Jaime Bravo, Juan de Ugarte y Clemente Guillén y de su participación en la fundación de la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, en 1720. Anda por ahí un libro de mi autoría titulado “Tres hombres ilustres de Sudcalifornia” en el que hago mención especial del padre Bravo y el escaso conocimiento que se tiene de él.

Aparte de cofundadores de la misión de La Paz, Juan de Ugarte —a quien el doctor Miguel Mathes le llamó el Atlante de California— realizó una gran labor en la misión de San Francisco Javier y Clemente Guillén hizo lo propio en la misión de Los Dolores. Son personajes significativos en la historia de la Baja California. Y sin embargo…

En Ensenada existen la Sociedad de la Antigua California, la Fundación Barca, el Museo de Historia, el Seminario de Historia y muchos de sus habitantes preocupados por divulgar la historia antigua de la península. Y lo demuestran en cada ocasión con la publicación de libros, folletos, conferencias y exposiciones alusivas. Y festivales como el de ahora en memoria de Wenceslao Linck.

En cambio nosotros durmiendo el sueño de los justos. Cierto que contamos con la UABCS y otras instituciones superiores, además del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. Pero ellas no tienen fines específicos relacionados con la divulgación histórica de nuestra entidad.

Para ello necesitamos una institución independiente que se encargue de dar a conocer y divulgar nuestro pasado. Y un mecenas que apoye las actividades de esa institución. ¿Será posible?

Septiembre 26 de 2015.

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Una calle para un gran hombre

Hace unos días apareció en el periódico “El Sudcaliforniano” un artículo de Manú Dornbierer que habla sobre Gilberto Bosques, cónsul de nuestro país en Francia allá por los años treinta del siglo pasado. Ella dice que bien merece que la capital de la república imponga su nombre a una calle por su gran labor humanitaria a favor de los miles de refugiados que tuvieron que emigrar de Francia y España por los peligros de la segunda guerra mundial y la dictadura de Francisco Franco.

Propone Manú que el nombre de la actual avenida Presidente Masaryk sea sustituido por el de Bosques, habida cuenta que aunque Masaryk fue un personaje relevante en su país no tiene gran significado en el nuestro. Y sí Gilberto por haber hecho posible que veinte mil españoles llegaran a México enriqueciendo la cultura y la ciencia y un soporte más para su desarrollo.

La información viene a cuento porque aquí en nuestra ciudad de La Paz existen nombres de calles que bien pueden cambiarse por otros. Una de ellas es la conocida como Isabel la Católica, nombre que no tiene ninguna relación con la historia sudcaliforniana. O la Antonio Rosales, un revolucionario sinaloense sin ninguna influencia en el acontecer de nuestra entidad.

En su lugar pudiera pensarse en mujeres y hombres distinguidos de nuestra tierra como el ingeniero Modesto C. Rolland, el poeta Filemón C. Piñeda, el doctor Raúl Carrillo Salgado y otros más. Sin menospreciar a nadie, se trata de raíces culturales sudcalifornianas indispensables para salvaguardar nuestra identidad.

Pero no es el caso de cambiar por cambiar, según el criterio de autoridades pasadas. Existieron nombres de calles en el centro de la ciudad que jamás debieron cambiarse. Tal es el caso de las actuales Carlos M. Esquerro, Agustín Arriola y la Ignacio Bañuelos Cabezud. Sus nombres antiguos eran Comercio, Puerto y Muelle, y así se les conoció durante todo el siglo XIX y mediados del veinte.

Hace unas décadas se autorizó nueva nomenclatura para las calles Conde de Revillagigedo y el virrey Antonio de Mendoza y en su lugar se colocaron los nombres del profesor Marcelo Rubio Ruiz y Gral. Félix Ortega Aguilar. Desde luego los cambios fueron aceptados por la población de nuestra ciudad, sobre todo porque los primeros, además de poco conocidos, son personajes de la época colonial.

Pero no se crea que las calles van de acuerdo con su nombre. En anteriores crónicas me he referido a esta incongruencia. Y es que, por malas decisiones, a distinguidos bajacalifornianos les ha correspondido callejones o callecitas irrelevantes. Y también para otros que no siendo de nuestra entidad, merecieron el reconocimiento de nuestro pueblo.

Mauricio Castro, Ildefonso Green, Clodomiro Cota; los padres jesuitas Clemente Guillén, Juan de Ugarte y Jaime Bravo son hombres que debieron tener calzadas y bulevares, además de que sus efigies adornaran la calzada Forjadores de la Baja California.

Así las cosas, tal como lo propuso Manú, sería saludable que la calle Isabel la Católica se cambiara por la de Modesto C. Rolland, por su gran contribución al progreso de nuestro país. Creo que los paceños, incluidos desde luego, la numerosa familia Rolland que existe en nuestro Estado, estarían de acuerdo en tal propuesta.

Claro, corresponderá a la Comisión de Nomenclatura y Numeración del municipio de La Paz llevar adelante las ponderaciones necesarias para ese fin.

Septiembre 23 de 2015.

domingo, 20 de septiembre de 2015

La cultura en Sudcalifornia

La nueva administración estatal ratificó a Christopher Amador Cervantes como director del Instituto Sudcaliforniano de Cultura. Con ese nombramiento atenderá las diversas actividades que desarrollan las instituciones afines como el Teatro de la Ciudad, el Archivo Histórico Pablo L. Martínez, la galería de arte Carlos Olachea, la Casa de la Cultura, la Escuela de Música y la Coordinación de Bibliotecas Públicas.

En el decreto que creó el Instituto en el año de 1994, también se incluyeron como dependencias del mismo a XBCS Radio Cultural Sudcaliforniana y el Museo Regional de Antropología e Historia. También la biblioteca de las Californias ya desaparecida por una mala decisión de un gobierno anterior.

Paralelamente el I. S. C. deberá impulsar las actividades de las academias de danza y grupos de teatro independientes, las artes visuales, los documentales cinematográficos, así como la producción editorial la que en los últimos años ha tenido un desarrollo significativo. Por supuesto todo lo anterior será posible con un presupuesto adecuado tanto de parte de la federación como del gobierno estatal.

Y hablando de los apoyos económicos al desarrollo cultural —sobre todo a las artes— es justo aclarar que éstos han provenido en gran parte del Conaculta mientras que el gasto corriente ha sido por cuenta del Gobierno del Estado. Sería oportuno, ahora que se inicia un nuevo sexenio, diseñar estrategias y evaluar el trabajo de los recursos humanos con que cuenta el Instituto, así como analizar la productividad económica de las diversas actividades culturales que se realizan.

Al respecto, es bueno recordar que como sector de actividad económica, las industrias culturales y creativas a nivel nacional, contribuyen con el 7.3 % del producto interno bruto, que colocan a este sector como uno de los principales ramos productivos. En el caso particular de nuestro estado habrá que hacer un diagnóstico del comportamiento económico de la cultura y conocer que áreas son generadoras de ingresos.

Por otro lado, ahora que el gobierno federal creó la Secretaría de Cultura independizándola de la SEP y con la facultad de tener su propio presupuesto y con programas que no necesitan el visto bueno de esa secretaría, esa decisión abre un campo muy extenso de posibilidades. Una de ellas la de dejar de ser el patio trasero del gobierno como ha ocurrido en los últimos sexenios. Pero para ser eficiente, la Federación debe asignarle recursos suficientes, dado que va a necesitar una reestructuración a fondo de las instituciones culturales del gobierno federal, adelgazar quizá la burocracia y darle un mejor destino a los dineros que manejará.

Aún no se sabe cómo será la relación con los estados, porque muchos de ellos, incluyendo el nuestro, estaban con directa dependencia con Conaculta y sus programas. En gran parte los recursos para las actividades culturales provenían de ese Consejo y en menor proporción del gobierno estatal.

Por otro lado es incongruente que ahora que la cultura nacional será dirigida por una secretaría, aquí en nuestro estado dependerá de la SEP cuando lo más cuerdo sería que se creara la Secretaría de Cultura Estatal, con rango parecido a la del gobierno federal.

Pero en tanto se aclaran las cosas y se reorganiza el equipo de trabajo junto con los programas a realizar en el presente sexenio, habremos de darle un voto de confianza a Christopher Amador a fin de que lleve a buen puerto la cultura sudcaliforniana.

Septiembre 19 de 2015.