Vida y obra

Presentación del blog

A través de este blog, don Leonardo Reyes Silva ha puesto a disposición del público en general muchos de los trabajos publicados a lo largo de su vida. En estos textos se concentran años de investigación y dedicación a la historia y literatura de Baja California Sur. Mucho de este material es imposible encontrarlo en librerías.

De igual manera, nos entrega una serie de artículos (“A manera de crónica”), los cuales vieron la luz en diversos medios impresos. En ellos aborda temas muy variados: desde lo cotidiano, pasando por lo anecdótico y llegando a lo histórico.

No cabe duda que don Leonardo ha sido muy generoso en compartir su conocimiento sin más recompensa que la satisfacción de que muchos conozcan su región, y ahora, gracias a la tecnología, personas de todo el mundo podrán ver su trabajo.

Y es que para el profesor Reyes Silva el conocimiento de la historia y la literatura no siempre resulta atractivo aprenderlo del modo académico, pues muchas veces se presenta con un lenguaje especializado y erudito, apto para la comunidad científica, pero impenetrable para el ciudadano común.

Don Leonardo es un divulgador: resume, simplifica, selecciona una parte de la información con el fin de poner la ciencia al alcance del público. La historia divulgativa permite acercar al lector de una manera amigable y sencilla a los conocimientos que con rigor académico han sido obtenidos por la investigación histórica.

Enhorabuena por esta decisión tan acertada del ilustre maestro.

Gerardo Ceja García

Responsable del blog

domingo, 16 de abril de 2017

Una invitación de Semana Santa

Al inicio de la semana, mi nieta Marta y su esposo Carlos me platicaron que la familia Uribe Mendoza los habían invitado a pasar los días jueves y viernes en su finca que tienen en el cercano pueblo de San Pedro. Y que la invitación la hacían extensiva a nosotros —mi esposa y yo— para que los acompañáramos.

A Rosa María y Antonio los conozco tiempo atrás. Ella, maestra de profesión al igual que su esposo, han conformado un matrimonio feliz al lado de sus tres hijos, uno de ellos, Antonio, quien estuvo con sus padres esos días. La convivencia con ellos fue interesante, aparte de disfrutar una rica comida de calamares rancheros y el viernes pargos envueltos en papel aluminio cocidos a las brasas.

La finca —de descanso dice Antonio— la adquirieron hace veinte años y poco a poco la hicieron habitable. Con paciencia comenzaron a sembrar árboles frutales y ahora ya grandes, aparte de sus frutos, dan una protectora sombra. Naranjos, ciruelos, mangos, sin faltar el insustituible árbol conocido como ciruelo del monte, ese que contiene un hueso llamado chunique y dentro de él una pepita la cual, combinadas con miel, es una delicia.

Bueno, mientras esperábamos la hora de la comida, tuve una amena plática con Uribe sobre diversos temas, entre ellos su vida como maestro en el medio rural en la región montañosa del estado de Durango, adonde lo comisionaron para atender la escuela de una comunidad de indígenas tepehuanes. A sus dieciséis años tuvo que enfrentarse a una cultura extraña, pero afortunadamente y gracias a su don de gentes y espíritu de servicio, logró ganarse la confianza de las familias del lugar.

Cuando me platicó que al retirarse de esa comunidad, después de dos años de labor docente, los niños y sus mamás lo despidieron con lágrimas, rogándole que no los abandonara, le dije que eso fue por su labor de misionero, y le recordé el símil cuando los jesuitas abandonaron la península de la Baja California en 1768 y los indios de sus misiones arrodillados les pedían que no se fueran.

Cuando regresó a Tepic —él es originario de ese estado— tuvo la oportunidad de terminar su carrera como maestro en el Instituto Federal de Capacitación del Magisterio y ya en los años sesenta llegó a la ciudad de La Paz donde reside actualmente.

Rosita, por su lado, ha sido una incansable promotora cultural. Durante muchos años fue la presidenta del Patronato del Teatro Juárez habiendo logrado la restauración de este importante monumento histórico. Es fundadora de la academia de danza Mejibó y tiene en su haber dos libros de crónicas, “Huellas Ancestrales” y “Crónicas de mi Pueblo”.

Recordando, recordando, Antonio me platicó que conoció en Nayarit a los maestros que en los años cincuenta llegaron a nuestra entidad, entre ellos a Emilio Maldonado Ramos, Mario Olvera Moreno, Eliseo Medina, José Frausto Ávila, José Nuño García y Alejandro Mota Vargas. Yo también los conocí, pues a algunos de ellos los mandaron al Valle de Santo Domingo en los años en que me encontraba laborando en una de las escuelas de esa región.

El viernes al mediodía, cuando estábamos en sabrosa charla, Rosita nos dio la triste noticia. A través de su celular le informaban que en el estacionamiento de City Club habían privado de la vida al periodista Max Rodríguez. Pocos minutos después, el medio electrónico Colectivo Pericú amplió la información. Un Viernes Santo que no se olvidará fácilmente.

Y hablábamos de amigos que han muerto, como Néstor Agúndez Martínez, el prestigiado poeta sudcaliforniano. Y del próximo traslado de sus restos a la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres. Ante esos propósitos Rosita recordó los últimos deseos del amigo. “Cuando muera, quiero que mis restos descansen para siempre en el pueblo al que tanto quise, Todos Santos”.

En fin, fue una estancia agradable entre amigos de la calidad de Rosa María y Antonio. Con ganas de que se repita, pero ¿esperaremos hasta la siguiente Semana Santa? Creo que no, porque Uribe prometió regalarme una planta de níspero y tendré que visitarlos antes que se arrepienta.

Abril 15 de 2017.

domingo, 9 de abril de 2017

Coincidencias de la historia

El jueves pasado, en una conferencia que impartí en San José del Cabo, patrocinada por el Instituto de la Cultura y las Artes del Ayuntamiento de Los Cabos y la participación de la Fundación Domingo Burgoin, A. C., me referí a los misioneros jesuitas y su participación en la fundación de las misiones de La Paz, Todos Santos, Santiago y San José del Cabo, todas en la parte sur del estado.
En especial mencioné el tema de la fundación de la misión de San José del Cabo, el 8 de abril de 1730, por los padres José Echeverría y Nicolás Tamaral. Y, por supuesto, el sacrificio de los sacerdotes Tamaral y Lorenzo Carranco, este último encargado de la misión de Santiago de los Coras. Fue en el año de 1734 cuando perdieron la vida a manos de los indígenas pericús.
Casi al término de la conferencias hice alusión a otros levantamientos en varias misiones del norte de la península, rebeliones que fueron sofocadas a tiempo, sin pérdidas humanas aunque sí, los principales promotores fueron sentenciados, algunos a la pena de muerte y otros desterrados.
Puse como ejemplo, el intento del asesinato del padre Wagner, radicado en la misión de San José de Comondú, cuando un indio neófito le lanzó una flecha la cual, afortunadamente, no dio en el blanco. Y también lo acaecido al padre Félix Caballero, de la misión de Guadalupe del Norte, que tuvo que valerse de una estratagema porque lo querían matar.
Y aquí la coincidencia histórica. Para salvarse, le pidió a la cocinera que lo escondiera bajo su falda y se sentara en una de las bancas del presbiterio. Y que cuando llegaran los indios negara que lo había visto. No lo descubrieron y así salvó la vida. Pero con el susto que se llevó pidió su traslado inmediato a otro lugar y entonces lo mandaron a la misión de San Ignacio. De todas maneras le fue mal, porque al poco tiempo murió, según decires por envenenamiento.
El estimado amigo Luis Rosas me mandó por internet el libro Episodios Nacionales de Victoriano Salado Álvarez, y en el episodio que tituló “El golpe de estado y los mártires de Tacubaya”, incluye la anécdota siguiente:
Fue en el año de 1858 durante la Guerra de Reforma, cuando un general de apellido García Casanova era perseguido por las fuerzas liberales por lo que tuvo que refugiarse en la casa de un amigo. De pronto, una gavilla al mando del coronel Antonio Rojas irrumpió en la residencia buscando al general. Apenas le dio tiempo para esconderlo debajo de un sofá en que se sentaban varias muchachas, ataviadas con unas crinolinas de “esas que parecen bóvedas de catedral”.
Los bandidos quisieron registrar el mueble, pero entonces una de ellas alzó su falda y debajo se escondió el militar perseguido. Así salvó la vida. Poco después logró un salvo conducto del general Santos Degollado y pudo salir de la ciudad de Guadalajara sin contratiempos.
En esos años de la Guerra de la Reforma, hubo muchas gavillas dedicadas al saqueo y los asesinatos y una de las más crueles fue la del coronel Rojas del bando liberal. La historia de esa época está manchada por la presencia de grupos de bandidos, los que aprovechando la situación política de ese entonces, buscaban beneficios propios sin importarles las vidas ajenas.
Pero la coincidencia está a la vista. Un misionero y otro militar salvaron sus vidas escondidos bajo los miriñaques de una mujer. Uno en la Baja California y el otro en el estado de Jalisco.

Abril 09 de 2017

martes, 28 de marzo de 2017

Todos santos y el recuerdo de Néstor

Siempre es agradable visitar el pueblo de Todos Santos, localizado a menos de una hora de la ciudad de La Paz. Además de sus atractivos naturales —es uno de los oasis de la península— tiene el mérito de que su fundación se haya debido al interés religioso de los jesuitas que ahí establecieron la misión Santa Rosa de las Palmas, en el año de 1733.

La carretera transpeninsular al sur pasa por ese lugar, por lo que muchos viajeros en tránsito para el municipio de Los Cabos tienen la oportunidad de visitar la iglesia, el teatro Manuel Márquez de León y el centro cultural Siglo XXI que lleva el nombre del profesor Néstor Agúndez Martínez, maestro y poeta, el que por varias décadas atendió esa importante institución cultural.

Néstor murió el 26 de marzo del 2009 y a partir de ese año, todos los días 26 de ese mes, se lleva a cabo una ceremonia de reconocimiento a su extraordinario desempeño como maestro, literato y promotor social. Él fue un reconocido poeta autor de más de 300 sonetos dedicados a la vida, a la naturaleza, a la vida religiosa, a la amistad y… al amor.

Por eso, el 27 del mes pasado, asistimos al acto conmemorativo a su memoria, preparado por las autoridades civiles y culturales de ese pueblo, que tuvo lugar en el patio de la que se conoce como Casa de la Cultura. Ante la presencia de numeroso público y representantes del gobierno y de la sociedad civil, entre estos la Asociación de Escritores Sudcalifornianos, se desarrolló un programa alusivo con la participación del ballet folclórico de esa institución y otro del Cecyt 02 que atiende a los alumnos de preparatoria de esa población.

Fue un programa variado. Interpretación de canciones que eran del agrado de Néstor; declamaciones, discursos y la reseña de la vida y la obra del homenajeado por parte de la conductora del evento. Por cierto, el cronista del municipio de La Paz, Luis Bareño Domínguez, al tomar la palabra, hizo una amplia y original tesis de como la poesía de Néstor Agúndez tiene una íntima relación con la filosofía, de las dudas del ser humano ante la vida y el mundo.

Como todos los años desde que murió Néstor, la Asociación de Escritores se ha hecho presente en el aniversario de su muerte y visita su tumba para dejarle un ramo de flores, en reconocimiento al escritor quien en vida fue un distinguido socio honorario de esa agrupación civil. Pero, además, en el propio centro cultural en un encuentro de escritores, se valoran los méritos y se analiza la producción literaria de este personaje todosanteño.

En esta ocasión, en representación de los escritores sudcalifornianos, la compañera Nora Soto, con la emoción que le es característica, declamó tres sonetos de la inspiración de Agúndez Martínez que aplaudieron a los ahí presentes.

Casi al final de la ceremonia, el encargado de la Casa de la Cultura hizo un recuento de la vida y la obra de Néstor y de cómo, resguardando su memoria, se continúan con las actividades artísticas y culturales para beneficio de los niños y jóvenes de esa comunidad.

Recordando a sus mejores mujeres y sus hombres es como un pueblo defiende y acrecienta su identidad. En la medida en que se conocen y divulgan los hechos y acciones de ellos, así se forman barreras que impiden la llegada de la transculturación. Como también, con el conocimiento de su historia, sus costumbres y sus tradiciones, se forja el orgullo de vivir en una tierra, en un pueblo, región o país, que como México y Baja California Sur, tienen un pasado glorioso que se debe conservar.

Marzo 28 de 2017.

lunes, 27 de marzo de 2017

La fundación de San José del Cabo

Leonardo Reyes Silva

En días pasados un amigo me preguntó si las fiestas de San José del Cabo en este mes de marzo eran con motivo de la fundación de ese pueblo sureño. Mi respuesta fue negativa pues lo que se conmemora es el día del santo San José que según el calendario es el 19 de marzo.

De hecho, no se sabe con exactitud la fecha de fundación de ese lugar, aunque se tiene conocimiento de que en 1822, el canónigo Agustín Fernández de San Vicente, emisario del emperador Agustín de Iturbide, estableció en la península tres ayuntamientos, San José del Cabo, San Antonio y Loreto. Pero en esos años San José ya era una comunidad a la que llegaban barcos mercantes y sus habitantes se dedicaban a la ganadería, la agricultura y, desde luego, al comercio.

San José del Cabo era un lugar adonde llegaban los galeones provenientes de Asia, en su ruta hacia el puerto de Acapulco. Era un descanso obligado debido a los tres a cinco meses de travesía. Allí se proveían de víveres frescos y del agua potable necesaria.

Lo más seguro es que la fundación de San José fue el 8 de abril de 1730, cuando los padres José Echeverría y Nicolás Tamaral establecieron la Misión del Estero de las Palmas de San José del Cabo y cerca del estero levantaron unas chozas rústicas a fin de dar inicio a sus labores de catequización.

Y es que en la mayoría de los pueblos cuyo origen se debe a las misiones que se levantaron en esos lugares, los festejos de fundación se efectúan los días en que llegaron los misioneros jesuitas a esas comunidades indígenas. Pueblos como Loreto, La Purísima, Santa Gertrudis, San Javier y otros, organizan sus conmemoraciones los días en que se fundaron esos centros religiosos.

No pasa así con la ciudad de La Paz, cuya fundación se celebra el 3 de mayo, dado que Hernán Cortés fundó el Puerto y Bahía de Santa Cruz —hoy La Paz— en el año de 1535. Y aunque después Sebastián Vizcaíno la rebautizó con el nombre que actualmente tiene y en 1720 los padres Juan de Ugarte, Jaime Bravo y Clemente Guillén establecieron la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, todavía se sigue considerando la fecha de la fundación de nuestra ciudad el 3 de mayo de 1535.

Es interesante la historia de la Misión de San José del Cabo. Fue de las últimas que fundaron los misioneros jesuitas y la que más problemas tuvo en su contacto con los indígenas pericúes, habitantes de esa región del sur de la península. No habían pasado dos años de la estancia del padre Tamaral en ese lugar, cuando tuvo lugar la sublevación de los indios que por sorpresa lo asesinaron junto con algunos de sus mozos y quemaron la iglesia,

También al padre Lorenzo Carranco de la misión de Santiago lo mataron junto con otros indios que lo ayudaban en los oficios. Se logró descubrir que fueron los cabecillas Boton y Chicori los que incitaron a los pericúes a realizar esos castigos a los sacerdotes.

Su abominable acción fue motivada por la prohibición de vivir con varias mujeres a la vez y por la forma en que los obligaban a trabajar en la misión. Al menos esa fue la defensa que expusieron cuando hicieron prisioneros a los principales responsables de los asesinatos. Boton y Chicori fueron sentenciados a muerte, pero los daños que causaron a las misiones de San José del Cabo y Santiago impidieron por varios años que volvieran a la normalidad.


26 de marzo de 2017.

martes, 14 de marzo de 2017

La belleza de los murales

El día domingo por la tarde, acompañé al grupo de jóvenes artistas que llegaron a nuestra ciudad en un recorrido por las calles del centro histórico, en las que pintaron en las bardas una serie de murales relacionados con la historia, las costumbres y la vida cotidiana de los habitantes de La Paz.

Fue un recorrido que se inició en la esquina de las calles 5 de Mayo y Altamirano —ahí se encuentra un mural— hasta llegar a la pequeña calle que va a dar al muelle fiscal. Niños, jóvenes y adultos acompañaron en todo el recorrido a los pintores, escuchando las explicaciones referentes a cada mural  por los autores de los mismos.

Gracias a los murales el centro histórico presenta una mejor fisonomía. Y aunque siempre ha existido el compromiso de las autoridades y de la iniciativa privada de remodelar esa parte importante de la ciudad, lo cierto es que los años pasan y el deterioro de los edificios vacíos ofrecen un panorama desalentador para los propios y extraños que visitan esa zona.

Existe un proyecto para remodelar el malecón y parece que dentro de poco tiempo se llevará a cabo. Pero, al mismo tiempo deberá pensarse como reactivar los negocios de las partes aledañas que están cerrando por no tener clientela. Y la remodelación de calles y fachadas no bastan. Es necesario reinventar otra clase de actividades  que les permitan sobrevivir.

Cuando estaba en auge la zona libre en esta región del país, muchas personas venían de otros estados a proveerse de mercancías extranjeras, para revenderlas. Después, cuando desapareció y era más fácil adquirirla en sus propios lugares, dejaron de venir. Y por eso los comercios que se dedicaban a la venta de esos productos bajaron sus ventas o cerraron. Y solo quedaron los grandes centros comerciales, como Sears, Ley, Chedraui, Walmart, Sam y Liverpool, que acapararon el 90 % del comercio. Y si no es el comercio, ¿cuáles son las otras opciones?

En varios centros históricos de otros estados, están ocupados por oficinas de dependencias oficiales y civiles. En otros se encuentran casas particulares antiguas o instituciones culturales y educativas. En el centro del país los centros se engalanan con edificios coloniales.

En La Paz de los cincuenta del siglo pasado, las principales calles del centro histórico estaban ocupadas por casas habitación. En ellas vivían las familias más antiguas, cuyos antepasados fueron los primeros en llegar a la ciudad a mediados del siglo XIX. Algunos de ellos, convertidos en comerciantes fundaron La Perla de La Paz, La Torre Eiffel y las compañías que llevaron los nombres de Cabezud e Hidalgo. Otros como Gastón J. Vives se dedicaron al comercio de perlas.

Las calles donde vivieron estas familias fueron la calzada del malecón y las que se conocían como Comercio, Puerto, Mijares y La Central hoy conocida como 16  de Septiembre. Pero con la bonanza que originó la zona libre la mayor parte de esas casas se vendieron y las convirtieron en tiendas de ropa, perfumería extranjera y curiosidades orientales.

Así es que la disyuntiva para esos comercios actuales es cerrar o vender las propiedades para convertirlas de nuevo en casas habitación. Pero que no vaya ser como en el caso del pueblo de Todos Santos donde muchas casas del centro han sido compradas por extranjeros. Aunque ahora, con las intenciones de convertir a nuestra ciudad en un polo turístico, el capital que viene de afuera, nacional o extranjero, es capaz de ayudar a que nuestro centro histórico y los espacios que ocupa sirvan para dar seguridad a las familias que vivan en él.

Desde luego debe haber otras opciones. Pero urge encontrarlas.


Marzo 14 de 2017.

jueves, 9 de marzo de 2017

La república de California


El martes pasado, el periódico El País publicó un artículo de Porfirio Muñoz Ledo en el que anuncia el propósito del estado de California de los Estados Unidos, para convertirse en un país independiente, soberano y libre.

Después de las elecciones presidenciales, California propone la organización de un referéndum el cual tendrá que reunir 600,000 electores a fin de llevar a buen término su decisión y con ello cambiar la actual democracia representativa y volver al concepto original de soberanía.

El estado de California es la primera economía de Estados Unidos y si fuera un país sería el sexto a nivel internacional. Es la capital mundial de la innovación tecnológica; tiene el primer lugar en la generación de empleos y se enorgullece de su combate permanente contra el racismo. Además, durante muchas décadas ha sido defensora de los derechos laborales de los mexicanos que viven y trabajan en ese estado.

Los promotores de esta iniciativa dicen que no es posible de que a pesar de contribuir con el 15% al producto de los Estados Unidos, sólo tienen un 2 % del voto en las elecciones. California fue la que más votos ciudadanos le entregó a la candidata demócrata Hillary Clinton.

La noticia de la probable separación del estado de California nos hace recordar la historia de esa región cuando todavía era parte de nuestro país y fue descubierta y colonizada cuando México era una colonia de España. Es una historia que se remonta al siglo XVI, cuando después de descubierta la península de California en 1533 por Fortún Jiménez, se iniciaron una serie de expediciones marítimas por las costas del Golfo de California y el océano Pacífico.

Los que lo hicieron por el Pacífico, Juan Rodríguez Cabrillo, Bartolomé Ferrer, Juan Pérez y Juan Francisco de la Bodega y Quadra, llegaron más allá de lo que hoy es la ciudad de San Francisco, levantando planos de las bahías y de las islas, poniéndole nombres y haciendo contacto con los indios de esa región.

Pero esos descubrimientos le permitieron al visitador José de Gálvez organizar una expedición terrestre a esa región con el fin de iniciar su colonización. Fue en los años de 1769 y 1770 cuando dos barcos, el San Carlos y el San Antonio llegaron a ocupar los puertos de San Diego y Monterrey.

Y por tierra, atravesando toda la península, dos expediciones al mando del gobernador Gaspar de Portolá acompañado del fraile franciscano Junípero Serra. Con el paso de los años, las autoridades civiles y las religiosas fundaron presidios, pueblos y misiones a lo largo y ancho de esa región. Así se fundaron poblaciones como San Diego, Los Ángeles, Sacramento, Santa Clara, Monterrey y San Francisco.

En toda esa época las Californias —la alta y la baja— estuvieron bajo el control de gobernadores, pero en la alta el último que fungió como tal hasta el año de 1846 fue Pío de Jesús Pico. Después, con motivo de la intervención norteamericana a nuestro país en los años de 1846 a 1848, la Alta California quedó en poder de los Estados Unidos y ahí comienza su propia historia.

Y ahora desea convertirse en un país independiente. Al menos es una amenaza que enfrenta al nuevo gobierno, agobiado de por sí por otros problemas como son los casos de los inmigrantes y las relaciones económicas con nuestro país.

Marzo 09 de 2017.

jueves, 23 de febrero de 2017

El museo de la maestra Rosaura Zapata



Va para tres semanas que Erika Zapata, descendiente de la maestra Rosaura Zapata visitó nuestra ciudad, con el fin de reunir toda la información posible de esta insigne educadora, para estar en disponibilidad de hacer un documental sobre su vida y su obra.

Invitados por el profesor Ricardo Fiol acudimos a saludarla Francisco López Gutiérrez, Martín Avilés Ortega y yo, a fin de escuchar sus propósitos y ofrecerle nuestra ayuda. Ella es hija de Claudio Maximiliano Zapata y Buttner. Sus abuelos paternos fueron Enrique Zapata y Lily Buttner.  Sus bisabuelos fueron Claudio Zapata y Helena Cano, padres de la maestra María Rosaura Zapata Cano.

Como bisnieta tiene todo el derecho de buscar  la información posible sobre su bisabuela, desde los documentos existentes hasta el museo que se instaló en la que fuera su casa sobre las calles Madero y Morelos, de esta ciudad de La Paz. Y de cómo el Congreso del Estado decretó que sus restos mortales descansaran en la Rotonda de los Sudcalifornianos Ilustres.

Fue durante el gobierno del licenciado Ángel César Mendoza Arámburo cuando se le hizo un emotivo homenaje a su memoria y el senador Alberto Alvarado hizo entrega de un cheque por valor de 50 mil pesos a nombre del senado de la república, para la adquisición de la casa donde vivió la maestra y convertirla en un museo a su memoria.

En efecto el museo se organizó y permaneció así durante dos décadas. Después,  con la autorización de las autoridades educativas allí funcionó el Centro de Artes Populares para Niños Preescolares, institución que fue clausurada en el año 2014 y la casa cerró sus puertas al  público.

Ignoramos quien es el propietario de la que fuera el hogar de la familia Zapata Cano. Pero deberá investigarse a fin de que vuelva a su calidad de museo. Ojalá y se conserven todos los testimonios de la vida y la obra de la maestra, entre ellos el busto que adornaba una de las salas. La restauración de la casa y su costo no debe ser pretexto para mantenerla cerrada, pues siempre habrá—así lo creo—la buena disposición de los gobiernos estatal y municipal y en último caso de la sociedad civil, ya que se trata de una acción que conlleva  el recuerdo de la insigne educadora sudcaliforniana.

Una de las primeras acciones sería colocar una placa indicando que fue la casa donde nació la maestra Zapata y que por disposición del gobierno del estado se convirtió en museo. Y que retiren la placa que dice “Centro de Artes populares para preescolares” ya que dejó de funcionar hace tres años.

Por lo demás, debemos reconocer el interés de los familiares que radican en la ciudad de México, sobre todo de los hermanos Erika y Sergio Zapata Lozano, este último un alto funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Preocupados por la falta de interés por la Casa—Museo de su ilustre bisabuela, han iniciado gestiones y solicitado información del estado que guarda el inmueble y, en caso necesario, buscar las soluciones más adecuadas para su restauración y funcionamiento.

Desde luego, ese interés debe compartirse con las instituciones educativas y culturales de nuestra ciudad, las cuales tienen el compromiso de conservar y fomentar el recuerdo de todos aquellos sudcalifornianos que han entregado parte de su vida a la educación nacional,  como es el caso de la maestra educadora María Rosaura Zapata Cano.

23 de febrero de 2017.

domingo, 12 de febrero de 2017

Los apellidos como identidad



El diario “El País” de Madrid, España, publicó hace días un mapa de la república mexicana con los apellidos más frecuentes de cada estado. No dice de donde sacó la información, pero por lo que respecta a Baja California Sur no deja de ser interesante.

De forma estadística los apellidos que más se repiten son García, con 23,782 menciones; González, con 20,574; Martínez, con 20,158; López, con 19,448; y así en orden descendente con Hernández, Castro, Sánchez, Rodríguez, Romero y Ramírez, este último con 11,746 menciones.

La lista hace pensar que los apellidos que más se repiten corresponden a personas que han llegado a la entidad en los últimos 65 años cuando el despegue de la agricultura en los valles de Los Planes y de Santo Domingo. Y después, con motivo de la conversión de territorio a estado de la federación, sumado al desarrollo intensivo del turismo como fuente de desarrollo económico.

Y los censos de población dan razón de ello. En 1950 contábamos con 60,864 habitantes y ya en 1980 habíamos alcanzado los 215,139. Y 35 años después, en el 2010, fueron 637,026 los censados. Ahora en el 2017 de seguro la cantidad será mayor.

Es por eso la profusión de apellidos que antes de 1950 no figuraban en el registro local. Desde que se inició la colonización de nuestra península por los misioneros jesuitas, franciscanos y dominicos hace un poco más de trescientos años, los primeros apellidos que se conocieron correspondieron a los soldados, marinos y trabajadores que fueron llegando conforme se creaban los centros de población como Loreto, Mulegé, Comondú, La Paz, Todos Santos y San José del Cabo.

En su libro “Historia de la Baja California”, don Pablo L. Martínez anota los nombres y los apellidos de esa época. Ahí aparecen las familias de los Rodríguez, Márquez, Arce, Romero, Carrillo, Verdugo, Castro, Ceseña, Murillo, Salgado, Avilés, Meza y Angulo, entre otros. Posteriormente, debido al cruzamiento con extranjeros, perduraron los apellidos Pedrín, Gibert, Fiol, Green, Collins, Maclis, Davis, sobre todo en la parte sur de nuestra entidad.

Por supuesto, existen en la actualidad muchas familias con estos apellidos aquí y en diferentes estados de nuestro país y es notable el hecho de que, cuando uno de esos apellidos se nombra, de inmediato se relaciona con la Baja California. Así sucede en el estado de California, Estados Unidos, debido a la migración de familias bajacalifornianas al finalizar la guerra de 1846 a 1848 contra ese país vecino.

En La Paz y en Todos Santos se ha hecho costumbre la reunión de familias que llevan los apellidos de Verdugo y Salgado. De diferentes partes de la república y más del estado de Baja California asisten grupos familiares los que, además de la convivencia, buscan por medio de la identidad, que sus nombres perduren como parte de la historia de esta región del país.

Y no es poca cosa que después de más de tres siglos, todavía los Márquez, los Romero, los Murillo o los Castro mantengan su descendencia con el orgullo legítimo que les da su prosapia. Y claro, mientras existan, perdurará el recuerdo de aquellas mujeres y hombres que con la audacia y la esperanza al frente, no dudaron en venir a esta tierra en busca de mejores oportunidades de vida.

Para los que buscamos, hurgando en el pasado, las justificaciones de nuestras raíces identitarias, debemos tener presente que los antiguos apellidos bajacalifornianos son los mejores escudos contra el olvido. Y que mientras existan, serán motivo de orgullo para todos los que lleven esos distintivos, que les da derecho a ser considerados sudcalifornianos legítimos. Y es así porque la historia lo justifica.

Febrero 01 de 2107.